Cuéntame que algo falló

Kiko J. Sánchez//

Miles de españoles encendieron su televisor y vieron sin escuchar. En verdad, a nadie le interesaba lo que estaba pasando en esa pantalla, y menos lo que se estaba diciendo. Pero, igualmente, robaron unos minutos a su jornada de trabajo, llamaron a unos amigos, compraron unas cervezas y aceleraron para no perderse el espectáculo. Un funeral de estado no es cosa menor.

Quizá deberíamos empezar a contar qué es lo que veíamos, qué esperábamos ver o qué nos empujó a terminar de joder un lunes ya de por sí demasiado frío; de qué estamos hablando, en definitiva. Pero dejemos lo accesorio para después. Lo interesante aquí no es lo que pasó, sino lo que imaginábamos que pasaba: si existiera una máquina para medir la actividad cerebral del planeta y plasmarlo en un mapa luminoso, España anoche sería un bullir de luces demasiado rojas. Un estallido de imaginación y de inventiva en el país del Toro de La Vega.

Algún Antonio, seguramente, imaginó que asistía a un amistoso entre dos equipos de regional y celebró cada control fallido como un gol de rabona por la escuadra o una cola de vaca con fractura de cadera rival; una tal Lucía, en cambio, vibraba con la sangre y las astillas de escudo que volaban en un combate a muerte entre gladiadores demasiado viejos para otras batallas, y hasta lloró con el “Ave, César, los que van a morir te saludan.

Mi mente en cambio me llevó a un decorado tras el decorado. A una mudanza. Allí, señores con uniformes marrón claro y bigotes finos arrastraban muebles muy gastados. Un púlpito policromado, centenares de sillones de cuero rojo, pedazos de techo con balas de algún guardia civil, un seat 600 y una Vespa Primavera, pendones y mantos de torero, gramolas con mucho bolero y poco twist… Los tres señores grises que compartían mesa en una sala blanca -como de hospital o decorado de película de marcianos de serie b- poco a poco iban desapareciendo entre los bultos que iban cubriendo la pantalla. Yo aproveche y, antes de que todo se volviera negro, retiré un poco de papel de la pared del plató. Y sí, efectivamente, detrás estaba el decorado de Cuéntame.

¿Ha habido un debate? ¿En serio? Yo estaba viendo una de Berlanga.

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Me encantaría que en mi DNI pusiera que nací en Utopía. Pero caí en el continente equivocado y además ese país aún no existe. Quizá por eso me interesan las pequeñas victorias de los que siempre pierden y las historias más curiosas que suceden en el planeta. Aquí trataré de contarlas, para que otros las conozcan y por el hecho egoísta de descubrirlas. A veces también dibujo personajes deformes y tristes que pretenden ser graciosos.

Twitter Blanca Uson


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