La lámpara de la discordia

Adrián Luis//

 

Úrsula Corberó estuvo en boca y en las cuentas sociales de todos a principios de mayo. La actriz activó las alarmas por confesar en una entrevista concedida en enero a AISGE los escarceos sexuales entre los miembros de reparto de la entrañable serie Física o química. Pero fue otra declaración la que debería ocupar titulares, tuits y comentarios: “Me preocupa la fecha de caducidad. Nos preocupa a todas. Esta industria es muy machista y el machismo ha dejado abundantes secuelas”.

En efecto, la industria cinematográfica es muy machista. La mayoría de las intérpretes han tenido que enseñar su cuerpo en alguna película. Unas veces por exigencias del guion. En otras muchas para vender más entradas. La lista no conoce fin, desde Sharon Stone o Demi Moore hasta Eva Green o Dakota Johnson. Desnudos integrales, semidesnudos o topless para las damas; nalgas al aire, jarrón estratégico o directamente no existe la obligación para los caballeros. El desnudo femenino es sistemático y las actrices son víctimas de la cosificación.

Multitud de ejemplos ilustran esta discriminación aunque ciertas cintas representan los casos más evidentes. Showgirls (1995) sepultó la incipiente carrera de Elizabeth Berkley, tras su éxito en la serie Salvados por la campana. La actriz tuvo que afrontar una alta cantidad de escenas donde la carga erótica y sexual era prácticamente responsabilidad suya. Además de en los striptease, Berkley mostró todos sus encantos y sus dotes seductoras en la aventura con el personaje encarnado por Kyle MacLachlan. ¿Y qué ofreció este a la cámara? Cómo no, el torso y el culo. La crítica no tuvo piedad con la película pero sobre todo con Elizabeth Berkley: 7 premios Razzie, incluidos peor actriz, peor nueva estrella y peor pareja de actores; en este último caso “para cualquier combinación de dos personas (o dos partes de cuerpos)”. La trayectoria de la artista se vio truncada y relegada a papeles secundarios.

En 1999, el por aquel entonces matrimonio entre Nicole Kidman y Tom Cruise protagonizó Eyes Wide Shut, la obra póstuma de Stanley Kubrick. Sin embargo, la solidaridad no parecía ser el valor más característico de esta pareja. Mientras que en el largometraje se suceden constantes planos de Nicole Kidman sin ropa, Tom Cruise solo exhibe sus pectorales en una ocasión. No vaya a ser que algún puritano de la Iglesia de la Cienciología le excomulgue.

La penúltima provocación patriarcal del celuloide se encuentra en Cincuenta sombras de Grey (2015). Dakota Johnson y Jamie Dornan se encargaron de llevar a la gran pantalla la relación medio amorosa, medio sadomasoquista entre Anastasia Steele y Christian Grey, los protagonistas de la nóvela homónima de E. L. James. ¿Y quién asumió la mayor parte de los desnudos que planteaba el guion? Exacto, Dakota Johnson. Jamie Dornan, además de mostrar pecho y nalgas, hace asomar la base del pene, la cepa del poste en términos balompédicos. La cinta recibió 5 premios Razzie –a destacar el galardón a peor actriz, peor actor y peor pareja–. Y ya que Dornan no va a pasar a los anales del cine por su interpretación, qué mejor oportunidad que esta para emplear el miembro viril en aras de la igualdad en una película que reventó la taquilla.

Desnudos. Fotograma de 50 sombras de Grey
Los protagonistas de Cincuenta sombras de Grey, Anastasia Steele y Christian Grey. Fotografía de la web oficial de la película.

Chris Pratt fue consciente de que hay un problema por resolver: “Creo que lo que sí ha consternado a la gente es que durante tanto tiempo sólo las mujeres hayan sido tratadas como objetos pero creo que si de verdad queremos la igualdad, es importante nivelar esto”. Aunque el actor principal de Guardianes de la galaxia (2014) no acertó con la solución: “No es que haya que tratar menos a las mujeres como objetos pero sí cosificar a los hombres tanto como a las mujeres”. En realidad, el remedio no consiste en convertir Instinto básico (1992) en Garganta profunda (1972), es decir, el cine en pornografía introduciendo penes y vaginas sin razón explícita. No rotundo. Consiste en respetar el relato y dotarlo de paridad. Si el sexo heterosexual es el tema axial de la película, lo lógico y normal sería que el actor y la actriz ofrecieran sus cuerpos en estado natural en favor del arte cinematográfico. Margot Robbie, en El lobo de Wall Street (2013), rechazó aparecer en albornoz en la escena donde debía seducir a Leonardo DiCaprio porque entendía que para su personaje el físico lo es todo. Dicho y hecho. Martin Scorsese aceptó la propuesta y la actriz australiana apareció como le trajo al mundo su madre. Por el contrario, si la historia no requiere, por ejemplo, unos pechos descubiertos, la puesta en escena de una mujer desnuda solo retroalimentaría la cosificación de su género.

Sin embargo, los artistas masculinos de la interpretación tienen pudor o miedo, por exceso o por defecto, por falta de pioneros del exhibicionismo, por el supuesto escándalo… Richard Gere, Daniel Craig o Ewan McGregor abrieron la veda que muchos otros colegas del gremio no han sabido aprovechar. El último caso de profesionalidad se llama Michael Fassbender en Shame (2011). El tema central del largometraje es la adición sexual, el onanismo y la lascivia pero con una sutileza y elegancia nunca vistos. Para ello, pronto se presenta el actor completamente desnudo ante el objetivo de la cámara como si se tratara de un aviso destinado a los espectadores.

La trama de cualquier película manda y no los directores, actores o los intereses para aumentar la recaudación. Esta es la máxima que ha de prevalecer, que ha de protegerse. Aún queda mucho espació en la tarjeta de memoria por grabar y aún hay tiempo para erradicar la percepción machista sobre las actrices como objetos decorativos de las producciones audiovisuales. A los actores se les acabó el privilegio de exigir condiciones, de dar la negativa como respuesta, de eximirse de mostrar el pene, de recurrir a lámparas que ocultan la naturaleza del desnudo.

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Maria irun nombrelinea decorativa

Observo a las personas sin cesar, pienso por encima de mis posibilidades y solo hablo cuando tengo algo que aportar irónica o intelectualmente. Ante el documento en blanco, no sé si decantarme por los deportes, por el cine o por las series. Pero la realidad al final me empuja hacia los problemas sociales.

Twitter Blanca Uson

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