El problema de la regeneración en el ciclismo español

Adrián Monserrate//

Ante la más que probable retirada de Alberto Contador al final de esta temporada y con otros superclases como Valverde o Purito dando sus últimos coletazos en el pelotón internacional, todo parece indicar que se avecinan años de penurias para el deporte de las dos ruedas en nuestro país. Por el momento no hay relevo generacional aparente y el ciclismo español corre el riesgo de perderse en el anonimato.

Mes de julio, aire acondicionado a 23º, sofá y mando a distancia. Después de comer y entre bostezos, te dispones a encender la televisión y ahí está, inexorable al paso del tiempo: el Tour de Francia. Paisajes excepcionales, puertos de 2.000 metros de altura y una masa multicolor serpenteando por las carreteras pirenaicas o alpinas. Los Contador, Valverde y Purito plantando cara por la clasificación general a los Froome, Quintana y Nibali en el escenario por antonomasia del mundo del ciclismo. En otras palabras: los ciclistas españoles batiéndose el cobre por la carrera más prestigiosa del universo del ciclismo. Pues bien, vayan olvidándose de esa imagen o disfrútenla mientras puedan.

Nuestros ciclistas nos tienen mal acostumbrados. Mal acostumbrados porque nos han hecho creer que es habitual disfrutar con varios titanes regionales en lo más alto año sí, año también, algo que vamos a empezar a valorar en los próximos tiempos. La realidad es que no hay relevo generacional en el ciclismo español, o al menos no se observan síntomas de que los que vengan atesoren tanta clase como las grandes figuras actuales. ¡Ay, Contador, Valverde y Purito, cuánto os vamos a echar de menos!

La base del problema: la cantera

“Es como cuando hay una muerte, nos acordaremos de él cuando ya no esté. Nos daremos cuenta después”.

Estas son palabras de Álvaro González de Galdeano, quien fue director deportivo del extinto Euskaltel Euskadi. Las pronunció en octubre de 2013, durante el Tour de Pekín, el día anterior a que el equipo saliera a disputar su última etapa. A partir de ese momento, Euskaltel Euskadi desapareció para no volver después de 19 años dando guerra y dejándose ver en la élite ciclista mundial. Si el final de un proyecto deportivo de este calibre resulta duro de por sí, en el caso de Euskaltel se acrecienta todavía un poco más; el equipo naranja era una de las principales canteras del ciclismo español, la cuna de jóvenes promesas y perlas de todo el norte de nuestra península. Por este motivo, su desaparición supuso cortar de raíz una de las principales ramas de creación de talento patrio, que mientras se mantuvo en activo dio sus frutos en forma del campeón olímpico Samuel Sánchez y de otros nombres destacados como Igor Antón o Mikel Nieve.

Ciclismo español: Samuel Sánchez
Samuel Sánchez, perla de la cantera de Euskaltel, durante la CRI del Tour 2011. REUTERS

Además de la desaparición de Euskaltel, los problemas de la regeneración se acumulan bajo un denominador común: la escasez de dinero. En los últimos años nuestro país ha vivido un panorama de crisis que, como no puede ser de otra manera, también ha asolado al ciclismo español: la falta de financiación en todos los ámbitos es una constante, al igual que el cierre de escuelas o los malabares que tienen que realizar quienes todavía aguantan para mantenerse económicamente estables. Otro factor clave en la desaparición de la cantera tiene que ver con la pérdida de carreras en suelo nacional; una prueba con solera y tradición en el calendario como la Clásica de los Puertos se disputó por última vez en 2008 -después de 88 años de historia-, la Semana Catalana se corrió desde los 60 hasta 2005, y otras competiciones de prestigio como la Clásica de Alcobendas, la Vuelta a Aragón o la Vuelta a Extremadura también han bajado el telón.

Todas estas piezas se unen para formar un prisma en el cual resulta muy difícil crear cantera y formar nuevos ciclistas. Van surgiendo nuevos nombres, sí, pero sus aspiraciones no son tan elevadas como las de Contador, Valverde o Purito. Por este motivo la gran mayoría de chavales con buena proyección acaban abocados al olvido ante la falta de expectativas profesionales que les aporta el mundo de la bicicleta.

Sin embargo, existen equipos españoles de garantías en el pelotón actual, como son Movistar, Caja Rural-RGA y un peldaño más abajo Burgos BH. Estas escuadras apuestan por lo local y pueden acercar al máximo nivel a futuras estrellas, aunque quizá su labor sea insuficiente, ya que se necesitan más formaciones para sacar a flote el ciclismo en nuestro país y ubicar en el mapa nuevos corredores. Como punto positivo hay que mencionar que a perro flaco no todo son pulgas, ya que de estas formaciones están saliendo nuevas promesas interesantes, como Omar Fraile -que explotó en 2015, llevándose la clasificación de la montaña en la Vuelta a España-, Marc Soler, Pello Bilbao, Rubén Fernández, David de la Cruz o Carlos Verona.

¿Cómo sacar la situación adelante? Francia, modelo a seguir
Ciclismo español: ciclista francés Thibaut Pinot
Thibaut Pinot, presente y futuro del ciclismo francés, durante el Tour 2012.

Han transcurrido 21 años desde la última vez que un francés ganó una de las tres grandes –lo hizo Laurent Jalabert en aquella Vuelta a España 1995, que dominó con puño de hierro, como, donde y cuando quiso- y hasta el pasado 19 de marzo ,con la sorprendente victoria de Arnaud Démare en la Milan – Sanremo, hacía 19 años que un francés no ganaba uno de los cinco monumentos. Desde esa época hasta hace muy poco tiempo, los aficionados franceses se tuvieron que conformar con la figura de Richard Virenque, que más que por clase fue un ídolo por devoción, carisma y espíritu atacante -más allá de clasificaciones de montaña, amasó 19 victorias-. Son solo datos, pero resumen a la perfección el ocaso que ha vivido el ciclismo francés en las últimas dos décadas.

La realidad es que nuestros vecinos del Norte se han tenido que resignar con victorias esporádicas o la magia del bueno de Thomas Voeckler durante los últimos años, pero llevan un tiempo trabajando en la sombra para sacar a la luz nuevos corredores e integrarlos en el profesionalismo. Todo este cultivo está comenzando a florecer y poco a poco van apareciendo en la primera plana mundial ciclistas franceses de garantías y ávidos de triunfo. Hoy en día Francia no solo posee una buena infraestructura de equipos -seis en las dos primeras categorías, por dos de España-, sino también un calendario cargado de carreras para dar competición a sus ciclistas a lo largo de todo el año, algo de lo que en España carecemos.

Los resultados de este trabajo están empezando a ver la luz, por medio de una hornada de ciclistas nacidos en los 90 que ya están incluyendo grandes éxitos en el zurrón. Además del mencionado Démare, los galos tienen el futuro asegurado en las llegadas masivas gracias al polémico Bouhanni y Coquard; y también pelearán por las victorias cuando la carretera pique hacia el cielo de la mano de Pinot, Bardet y Barguil. La nueva generación francesa ya está dando alegrías a sus compatriotas y ha salido a la palestra tras casi 20 años deambulando por las carreteras. ¿Cuánto tardará en hacerlo la española?

Un resquicio de esperanza

Pese al desasosiego y la incertidumbre con la que se presenta el futuro para el ciclismo en nuestro país, reunimos motivos para confiar en que el papel de los españoles en los próximos años será, al menos, más destacado que el de los franceses en la década de los 2000. Aunque pocas, existen razones para creer en que el ciclismo patrio no caerá en el olvido y los nuestros seguirán en primera línea peleando por ganar. Al margen de los mencionados anteriormente, a los que les falta dar el salto de calidad definitivo y que todavía tienen mucha proyección, las tres grandes esperanzas ciclistas nacionales vienen de Álava, Cádiz y Burgos.

Ciclismo español: Mikel Landa
Mikel Landa, futuro del ciclismo español, junto a Fabio Aru y Steven Kruijswijk en el Giro 2015.

El alavés Mikel Landa es, probablemente, el máximo exponente del ciclismo español actual. Tras buenas actuaciones en 2014, su explosión sin paliativos tuvo lugar en el Giro 2015: ganó dos de las etapas más duras de la ronda italiana y terminó tercero en la general, por detrás de un excelso Alberto Contador y de su compañero de equipo Fabio Aru. Muchos especialistas en ciclismo coinciden en que tuvo ese Giro en sus piernas pero le falló la cabeza, quizá por su juventud, quizá por atender demasiado a las órdenes de equipo. Por si semejante rendimiento en el Giro pareciera insuficiente, el de Mugía también ganó la etapa más dura de la Vuelta el año pasado, con final en Andorra -en la que, precisamente, desobedeció por completo las órdenes de equipo-, y una etapa en la Vuelta al País Vasco. Sin lugar a dudas, los aficionados españoles depositan en Mikel Landa todas las esperanzas para poseer un caballo ganador en vueltas de tres semanas.

Los otros dos grandes nombres de cara al futuro son Juan José Lobato y Carlos Barbero. Por un lado, Lobato aspira a ser el español que presente batalla en los esprints. Ya ha alzado los brazos en carreras como Getxo, Vuelta a Burgos, Tour Down Under o Tour de Dubai en febrero de este mismo año, pero le falta meter una marcha más para pelear con los capos de esta disciplina en carreras con rivales de primer nivel. Por otro lado, Carlos Barbero es un ciclista todoterreno, que se defiende bien en llegadas en grupos reducidos y que no se descuelga cuando la carretera se empina. Salvando las distancias, algún día podría llegar a parecerse a Alejandro Valverde. Su palmarés es más reducido que el de Lobato (solo tiene 24 años) pero, al igual que él, también ha ganado en Getxo y Burgos, además de completar buenas actuaciones en pruebas de mayor entidad.

Así pues, se atisba algo de luz al final del túnel. Sin embargo, es necesario cambiar las cosas y realizar el trabajo desde la base de otro modo. Debemos fijarnos en el espejo de nuestros vecinos franceses y ponernos a trabajar a la voz de ya salvo que queramos sufrir durante 20 años sin apenas representación de élite, transitando sin pena ni gloria por las carreteras de todo el mundo. La generación actual presenta unas características excepcionales -y, probablemente, irrepetibles- pero hay que intentar, por todos los medios, que los que vienen se acerquen a este nivel y nos sigan fastidiando las siestas durante las calurosas tardes de julio.

Cuando no ganemos Tours, ni Giros, ni Vueltas. Cuando no ganemos Lombardías, ni Flechas Valonas, ni Liejas. Cuando no ganemos siquiera vueltas de una semana o etapas sueltas en carreras de prestigio… Entonces nos daremos cuenta del tesoro que hemos disfrutado estos últimos años y de lo importante que es pensar en el relevo generacional. ¡Ay, Contador, Valverde y Purito, cuánto os vamos a echar de menos!

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