Spain Wars: El despertar del cambio (Crónica del mitin de Podemos)

Texto y fotografías: Laura Latorre y Juan Mari Sauras//

Nos acercamos al que probablemente sea el domingo electoral más apasionante de las últimas décadas. Para algunos por el estreno mundial de una nueva entrega de la saga de Star Wars, para otros por las elecciones generales. Sin duda, los partidos políticos nunca se habían jugado tanto como en este 20D ya que, según muestran las encuestas y analizan los expertos, marcará el fin del bipartidismo. Los grandes se juegan su supremacía, mantener escaños en el parlamento y, puestos a pedir, mantener privilegios y credibilidad. Los emergentes, se someten por primera vez a la decisión de las urnas para comprobar si sus propuestas han logrado convencer a los españoles. Para Podemos, el 20D supone averiguar si la famosa remontada de la que llevan hablando desde hace dos semanas cristaliza en las urnas o se queda solamente en las redes sociales y en la ilusión de sus simpatizantes.

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Si bien los nuevos oráculos de los medios de comunicación han recogido lo que reflejan las encuestas acerca de las escasas posibilidades de victoria de Podemos, tal vez a la formación de Pablo Iglesias le queden motivos aún para creer en ella. Puede tratarse de una muestra de insegura ingenuidad, una chispa infantil que las películas de Hollywood han esparcido por doquier y que se niega a morir, pero que está alentada por las muestras de apoyo que desde las redes sociales y la calle acompañan a la formación morada, convertida en adalid de los desheredados y de los desencantados.

A veces resulta difícil discernir si el destino actúa de manera irónica, o tan solo juega sus cartas boca abajo. Una pequeña reflexión que emerge en horas nocturnas, al pensar en los acontecimientos que coinciden en LA SEMANA, así con mayúsculas. Una semana en las que los frikis de todo el mundo podrán reencontrarse con su querido culto, y temblar ante la emoción de asistir al estreno de la nueva entrega de Star Wars. Por otro lado, los españoles tienen una cita con las urnas, esos tótems de la democracia que actúan como heraldos del pueblo. En ambos casos, los participantes pueden quedar heridos de muerte, rotos los corazones y perdidas las esperanzas.

En realidad, este fin de semana no es la primera vez que coinciden Podemos y Star Wars. Hace ya más de un mes que desde WeZink crearon el video Spain Wars: The Change Awakens utilizando videos de la famosa saga incluyendo personalidades políticas. Aunque ya el año pasado se creó la página Círculo Podemos Star Wars, trucando un cartel que enseguida se hizo viral y fue compartido por el partido en Twitter. También el propio Pablo Iglesias les dedicó la Marcha Imperial de Star Wars a los políticos “zombis del PP” en las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo. Finalmente, el propio partido ha utilizado la simbología de Star Wars para la campaña electoral.

Ciertamente, estas elecciones parecen revestidas de una aureola épica cuyos ecos la acercan a la epopeya galáctica con la que comparte espacio en el calendario. Movidos por la ilusión y la esperanza de un futuro mejor, multitud de personas se han embarcado en estas elecciones dispuestas a luchar por algo y combatir a nuestro particular Imperio Galáctico. 

“¡Sí se puede!”

Parece que las encuestas no se muestran halagüeñas sobre la victoria de Podemos contra tan poderoso enemigo, pero hoy en día estas han demostrado ser de todo menos fiables. Tal vez por ello, la sensación predominante el sábado en el Pabellón José Luis Abós de Zaragoza era un optimismo que muchos tacharían de ingenuo, pero que convertía a cada uno de los asistentes en un ser real de carne y hueso. Casi 7.000 de ellos abarrotaron el recinto para ofrecer su apoyo a los candidatos de Podemos, en plena gira por todo el territorio nacional en busca de la movilización de las masas. “¡Sí se puede!” y “¡Se nota, se siente, Pablo Presidente!” eran las consignas que atronaban el recinto. Los candidatos entraron por la parte trasera del pabellón. No faltaron quienes hicieron lo posible por acercarse -y hasta abrazar- al que votarán el próximo 20 de diciembre. De tanto achuchón Iglesias subió al estrado con un par de mechones sueltos de su famosa coleta.

Las diferencias de este mitin de Podemos con el del pasado 21 de mayo son varias y notables. No solo el cambio de escenario -que atrajo además a un mayor número de asistentes- también la disposición: banquetas altas en un escenario muy cercano al público desde donde los políticos de la formación morada hablaron durante hora y media. Pero por encima de todo, las intervenciones más cercanas y distendidas perdieron el tono de arenga que caracterizó los discursos del pasado mes de mayo. De todo esto emanaba un cierto feeling de cercanía, como si en vez de una cita clave previa a las elecciones, fuera una asamblea eco del origen de Podemos en el 15M, que unía a todos los presentes y les hacía entrar en comunión. No se trató tanto de hablar de políticas concretas como de recoger un sentimiento y fomentar una ilusión. Las esperanzas de cambio y futuro.

ZeroGradosPodemos_3 (2)Aunque faltaron nombres clave del partido como Carolina Bescansa o Iñigo Errejón, Pablo Iglesias no estuvo solo. Maru Díaz, secretaria general de Podemos Zaragoza, se encargó de presentar a los miembros de la formación morada que fueron interviniendo antes de Iglesias: Esmeralda Gómez, el exgeneral y exJEMAD Julio Rodríguez, Pedro Arrojo, Irene Montero y Pablo Echenique, que dio un toque más aragonés a su discurso y hasta puso una nota de humor. En mayo, cuando se presentaron ante los zaragozanos, solo podían ofrecer propuestas y diagnósticos. Ahora, con alcaldes del cambio en ciudades como Cádiz, Madrid, Barcelona y Zaragoza, ya tienen algo más que ofrecer: pruebas de que el cambio es posible y ya ha empezado.

 

“Presidente, presidente”

Si bien en mayo -apoyado en el atril, frunciendo el ceño y usando el dedo acusador- Pablo Iglesias usó un tono indignado y enfadado, el sábado se mostró más calmado con un discurso que no sorprendió demasiado a estas alturas de la campaña que parece estar durando siglos. El discurso de mayo fue algo más programático, ya que concentró al final de su intervención, de más de 35 minutos, varias medidas de su programa electoral. En esta ocasión, en una intervención que duró poco más de un cuarto de hora, recogió más el sentimiento general, fue una intervención ideológica. Un discurso que ya no sorprende -y puede que tampoco exalte- tanto como al principio, pero en el que la gente parece seguir confiando. No se explicaron demasiadas medidas concretas. Se estaba ahí porque se cree en algo de manera incondicional.

Iglesias agradeció a los “voluntarios y voluntarias que os estáis echando a la espalda esta campaña. Por fin en este país no son las maquinarias las que mandan, es la gente normal, es la gente corriente”. No faltaron las alusiones a los rivales políticos aunque no nombró explícitamente a Ciudadanos ni a PSOE, tampoco a sus cabezas más visibles. Lo contrario sucedió con el Partido Popular y su líder, Mariano Rajoy, a quien Iglesias nombró y acusó durante toda su intervención. “Hemos soportado cuatro años de Partido Popular, señor Mariano Rajoy, vamos a gobernar, nosotros sí, en serio, no como ustedes”, dijo Iglesias haciendo una referencia clara al eslogan que lucen las pancartas del PP en las farolas, marquesinas y autobuses de toda España. “Su legado, señor Rajoy, se puede expresar en dos palabras que rompen la convivencia de un país: corrupción y desigualdad”, dijo y le acusó de haber sido cómplice de la corrupción de su partido y de dificultar a los jueces y fiscales la investigación de casos de corrupción.

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Una vez más, Iglesias expuso su visión de la corrupción: “La corrupción es ese conjunto de dispositivos que sirven para que manden los que no se presentan a las elecciones, son redes clientelares, son esas reuniones entre constructores y responsables políticos que sirven para marcar políticas públicas”. Y es que, la corrupción -y lo que es peor, la impunidad- ha hecho mucho daño a una sociedad que ha ido viendo, casi semana tras semana, cómo cientos de personajes públicos acusados de corrupción no recibían castigo alguno por su falta de honestidad y de escrúpulos. Todo esto, además, mientras los recortes y ajustes -cómo duele que se usen eufemismos cuando se trata del dolor de los ciudadanos- precarizaban las condiciones de vida de los españoles. Todo ese malestar, esa indignación ha sido canalizada por Podemos y a la vista queda que no le ha ido tan mal. “La corrupción les duele a los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país y ustedes no han hecho absolutamente nada para evitarlo”, espetó Iglesias.

El candidato a la Presidencia del Gobierno por la formación morada, destacó una vez más el compromiso de su partido para acabar con las puertas giratorias, “porque es una vergüenza ver a exministros y expresidentes sentarse en consejos de administración de empresas estratégicas”. Incidió en que su partido se preocupa por asegurar las pensiones, por generar empleo, mientras acusaba al gobierno de hacer medidas que conllevan a la desigualdad. Hizo también referencias implícitas a Ciudadanos por su propuesta del contrato único (“no es tan difícil de entender: cuando es más barato despedir, se despide más”).

ZeroGradosPodemos_4 (2)“Ya está bien del ‘y tú más’”, dijo Iglesias en referencia a los partidos que han protagonizado el bipartidismo en España desde hace más de 30 años. Y frente al “y tú más”, propuestas. Proteger derechos, combatir la temporalidad, crear empleo a través de un modelo productivo responsable, hacer un Plan Nacional de Transición Energética, apostar por el I+D, hacer un plan de retorno para investigadores que han emigrado, aumentar salarios y apostar por infraestructuras productivas, fueron los puntos de su programa electoral que desgranó con rapidez el líder de Podemos, ya más que acostumbrado a los mítines multitudinarios.

A juicio de Iglesias, “estamos viviendo una nueva transición, el 15M sentó las bases estructurales del cambio”. Iglesias presentó a su partido como “la fuerza política que ha convertido la indignación en propuestas de gobierno para pilotar junto a la gente, empujados por la gente una nueva transición que recupere el pacto de nuestros abuelos y abuelas”. Una vez más, no faltaron las referencias a los abuelos y a los nietos. “No olvidéis y sonreíd y adelante, que podemos, que lo estamos tocando con la punta de los dedos, que estamos muy cerca de tener un gobierno decente, que podemos ganar”, dijo un emocionado Iglesias en la recta final de su intervención en Zaragoza, y apostó por un “cambio con sonrisas, con ternura. Que millones de sonrisas llenen las urnas el próximo día 20, que podamos soñar con un futuro mejor, de dignidad para hijos e hijas, queremos estar a la altura de nuestros abuelos y abuelas, el cambio solamente será para la gente. Yo no quieZeroGradosPodemos_4 (1)ro ser el jefe de los españoles, quiero ser su empleado, quiero ser un trabajador al que pague un sueldo la gente y por eso tiene que tener un sueldo que se parezca al de la gente”. Y se despidió con una oleada de aplausos y vítores. El broche final de la noche vino con el Canto a la Libertad de José Antonio Labordeta.

Faltaron el sarcasmo socarrón y las sonrisas irónicas que plagaron su discurso del pasado 21 de mayo. Tal vez, el ya muchas veces comentado proceso de moderación del grupo político haya enfriado de alguna manera a los que entraron en el sistema con el objetivo de darle por completo la vuelta. A veces, para derribar al enemigo hay que hundirse en el barro con él. La cuestión es si una vez ahí, se puede salir, o solo queda estancarse como un habitante más de las marismas.

Sonreíd

ZeroGradosPodemos_5 (1)Que Podemos pueda ganar las elecciones -o que consiga algo más que situarse como cuarta fuerza política- parece imposible para muchos. Pero también parecía imposible que la indignación del 15M cristalizara en una formación política. También parecía imposible conseguir un escaño en las elecciones europeas -y consiguieron 5- o llegar incluso a tener alcaldes del cambio en principales ciudades españolas. Y todo eso se ha conseguido. La remontada ha empezado a adquirir un nuevo sentido. Ha comenzado a materializarse en una posibilidad real, a convertirse en una idea presente en el imaginario colectivo. Un destino que no habita entre las lejanas estrellas, sino entre la gente. Algo que se puede tocar, respirar, sentir y vivir.

A la salida del pabellón -y mientras muchos despedían el enorme autobús que llevaba alequipo de Iglesias hasta su próximo compromiso- Alberto Garzón, desde los carteles de las farolas, nos miraba, haciendo sentir culpables a los que se debatían entre la incertidumbre de por quién apostar el próximo domingo.

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