Yo soy circo

Elisa Navarro//

La Asociación de Malabaristas de Zaragoza comenzó su andadura 25 años atrás. Desde entonces, han pasado muchos artistas, han saltado y sorteado muchos baches pero, un cuarto de siglo después, los socios que hoy la integran siguen luchando por una misma idea: poner en valor el circo, demostrar que es arte, como la danza o la música y hacer de este espectáculo una forma de vida. ¡Qué comience la función!

Tan solo tiene 9 años pero ya es una artista. Sus ojos, cargados de admiración, recordarán siempre aquellas horas de circo, con sus ensayos, sus funciones, sus nervios y sus risas. Tan niña pero tan consciente de que un buen entrenamiento puede salvar tu vida, de que ser constante es la clave de tantas otras cosas. Es pequeña y, por eso, todavía levanta la cabeza para mirar a los demás. Los adora. Y mientras los artistas calientan o hacen bromas, ella sonríe y contempla. Contempla y aprende. En el escenario, la llaman Chispa, la Chispa de los sueños. Y yo, que la contemplo mientras ella contempla, percibo que hay muchas otras chispas en su interior: la del circo, que teniendo padre artista forma parte ya de su genética; la del desparpajo, la de la seguridad…Con ella, la llama del circo promete estar por muchos años encendida. Yara es la chispa que enciende también esta historia. Una historia cargada de circo, profesionalidad, esfuerzo, pasiónpero, sobre todo, de lazos.

“El circo es mi vida y, obviamente, creo en él. Creo en la AMZ y, poco a poco, veo que se empieza a valorar también mucho más a nivel institucional”, dice Óscar Hornero, -OX para el público-. Óscar fue uno de los impulsores de la AMZ, la Asociación de Malabaristas de Zaragoza, que, aunque fundada en 1992, detuvo su actividad en torno al año 2000. Él fue uno de los que la reanimó y desde el 2003 hasta hoy la asociación, llena de vida, sueña con seguir creciendo.

-¿Cómo os definirías?

-Somos un grupo de gente que estamos unidos por algo en común, el circo. Tenemos muchas ganas de hacer cosas nuevas, probar, entrenar y compartir vivencias.

El encuentro de malabaristas de Utebo y el Garibolo, muestra de circo aragonés que este año celebra su XVI edición, constituyen sus dos eventos centrales.

Y es Garibolo lo que hoy nos ocupa, pues en poco más de una hora, comenzará la función.

“Garibolo es un espectáculo que surgió para dar la oportunidad a los socios que se iniciaban, a los amateurs e incluso también a los profesionales, amostrar el trabajo de todo un año, de creación y de práctica”, explica David Abu, actual presidente de la Asociación.

Hablo con David en el anfiteatro. Y mientras nosotros conversamos en una oscuridad que apenas me permite leer el papel, abajo, en el escenario, los artistas hacen pruebas de sonido. “Bienvenidos a Garibolooooo”, se escucha. “Gracias por venir. Graaaciassspoorrrveniirrrr….”, esta vez cantando. Falta todavía una hora para que comience la función pero ya llevo un buen rato contemplándolos y me siento como inmersa en un espectáculo que ha empezado antes de lo previsto. Desconozco su nivel, su estilo, su puesta en escena… De momento, los observo interactuar, como una intrusa en un mundo ajeno. Y mientras en el escenario entran y salen personas, en los camerinos, la vida bulle. Unos calientan, otros se maquillan…

-Se ha dicho mucho esto de que el circo es una gran familia…

-Si siempre. En la Asociación, nos lo tomamos muy en serio aunque sea un poco de coña. LaAsociación es para los socios y la hacemos los socios, no viene nadie a hacernos el trabajo. No es que nos obliguemos a llevarnos bien pero tenemos muy claro que debemos trabajar juntos para que salgan las cosas. Nadie lo va a hacer por nosotros. Si queremos que salga un espectáculo, tenemos que poner todos de nuestra parte porque si no, surgen los malos rollos-, explica David.

Hoy David no saldrá a escena. Los contemplará de cerca, en primera fila, bien centrado.“A mí me gusta verlo desde aquí” –me dirá luego, dibujando con las manos la trayectoria del escenario-. Justo ahí, donde podrá contemplar y disfrutar como un niño, a pocos metros, de lo que para él es media vida: el circo, su circo, por el que apuesta y lucha.

El perfil de los artistas es variado. Muy variado. “Desde profesionales puros que viven y beben del circo, ya sea actuando o impartiendo docencias, hasta ingenieros que hacen malabares en sus ratos libres”. Desde el anfiteatro, David señala a un hombre que justo aparece en el escenario. No llegaré a conocer su nombre real, aunque sí sé, por si algún día quiero buscarlo que, en escena, es Inerzio Centrípeto.

“A él lo conocí a partir de un taller que impartí en el CPS. De ahí salieron unos cuantos artistas. La mente analítica de los matemáticos y de los informáticos encaja muy bien con el circo. Luego también tenemos gente que viene de otras disciplinas artísticas: bailarines, acróbatas o gimnastas que se reciclan en el circo… Sin embargo, los que más me alegran son las segundas generaciones: los hijos de socios o sobrinos que se van acercando.También se engancha gente de los talleres de circo en familia para padres e hijos. Este conglomerado de personas, este caldo de cultivo tan variopinto es el que luego sale a escena”, me lo cuenta sonriendo. Aunque, en realidad, siempre sonríe.

“Hoy por hoy, soy malabarista puro y duro, aunque he tocado todas las disciplinas que se me han puesto por delante. Mi primer Garibolo fue el Garibolo V y ahí me estrené con dos números, uno de ellos aéreo. A partir de entonces, solo he actuado con malabares: cajas de puros, aros, pelotas, pelotas y rebote… Las experiencias han sido siempre diferentes pero todas igual de excitantes. El que diga que no sale nervioso ahí…”

Al oírlos hablar, siento como si el circo fuera una fuerza imparable, que engancha y arrastra; que conmueve hasta tal punto que, al final, termina por atraparte de manera inevitable. El circo eligió por ejemplo a Alberto Beltrán. Este es su tercer año en la Asociación. Empezó con acrobacias, pasando por el mástil chino, el trapecio, el pole dance y, ahora, también por los malabares.

-“El circo, además de su parte creativa, tiene otra muy imaginativa. Para mí el circo, consiste en sacar la imaginación que uno lleva dentro para plasmarla de una forma muy visual. Por eso es una herramienta que me gusta mucho”, explica.

Alberto Beltrán en el escenario

El circo, señores. Un cóctel. Un conjunto de seres heterogéneos. Es curioso, porque cuando los ves ahí, ya reunidos, ya encontrados, formando parte de un gran todo todo, puedes llegar a pensar que siempre han estado ahí, unidos. Sin embargo, lo que al final los une es una sencilla ley de resonancia: el resultado matemático y exacto de haber llegado en el momento y el lugar precisos, llamados por una vocación que latía en cada uno de sus corazones. Esa milésima de segundo en la que una fuerza cede, los caminos se cruzan. Casualidades casuales. Razones diversas, vías dispares, pero el destino… ¡ah! El destino sí coincide. ¿Qué os trajo hasta aquí?

David: “Esta historia tiene tela. Se podría decir que empecé muy tarde con los malabares, a los 21 años, aunque ya los había tocado antes e incluso de muy pequeño pero entonces no me enganché por lo que fuera. Recuerdo que, de niño, televisaban en La2 funciones de circo. Alucinaba con un malabarista que iba lanzando pelotas con el pie. También, por aquel entonces, mi tío me enseñó a tocar dos pelotas pero ahí se quedó la cosa. En la adolescencia, volví a los malabares, cogía tres pelotas y hasta que no me salía, no paraba. No me enseñó nadie porque en ese momento no conocía a ningún malabarista. En cambio, en el instituto, sí que me crucé con un chaval vinculado con el mundo del malabar. En los recreos, me dejaba probar con el diábolo, las chinas, las pelotas y dije: ‘es divertido, habrá que darle más, pero no lo hice. Y, de repente, cuando llegué a la universidad fue cuando se me pusieron por delante ya de forma definitiva pero, claro, se juntaron varios factores: había visto un espectáculo en Pilaresque me impresionó muchísimo a cargo de un profesional que sigue formando parte de la Asociación, Chechare. Por aquel entonces, estaba organizando unas jornadas culturales en mi universidad y,al quedar tan impresionado, le pedí que viniera”.

David estudiaba enfermería, no tenía nada que ver pero, como dice Jorge Drexler, “uno no elige de quien se enamora”.

“Ahí empezó mi fiebre por los malabares. Pocos meses después, me encontré con uno de los antiguos socios de la Asociación, Óscar Hornero, y me habló de un encuentro de malabaristas que estaban haciendo en la montaña. A partir de entonces, empezamos a juntarnos y a conocer gente. El grupo comenzó a coger dinámica hasta que, al final, nos llegamos a juntar unas 30 personas. Fue en ese momento cuando Óscar decidió retomar la Asociación”.

Y a Alberto Beltrán, ¿qué lo trajo hasta aquí?

Fruto de la casualidad, el ir dejando atrás trabajos y el conocer a gente nueva que te conduce hasta aquí, hasta el mundo del circo. Realmente es eso, el conocer a gente.

Óscar Hornero: “Tuve bastantes trabajos antes de hacer circo pero me sentabamuy mal que en todos ellos hubiera siempre alguien que se creyera mejor que yo o porque llevaba más años o porque tenía más edad o porque directamente era tonto. Lo llevaba muy mal. Por eso, decidí ser mi propio jefe y en eso estoy. Monto mis propios espectáculos y, aunque obviamente,me contratan, soy libre de hacer lo que quiero”.

Pero…rebobinemos, ¿qué pasó después, quiero decir, una vez reanimasteis la asociación?

“Entablamos conversación con los antiguos fundadores y nos hicieron traspaso de papeles. Así fue como le devolvimos la vida y, a partir de entones, hemos seguido sin pausa”, me sigue contando David. “Desde 2003 hasta ahora, hemos atravesado muchas etapas, las primeras fueron tranquilas, éramos poca gente y el avance era muy paulatino. Luego, de repente, nos vimos inmersos en un proyecto transfronterizo con Francia,con escuelas de circo de Toulouse, de Barcelona… Fue un gran boom de trabajo, de formación, de difusión… Este fue un punto de inflexión total en la Asociación. Se profesionalizó muchísimo más y el siguiente paso vino cuando, hace tres años, nos trasladamos al local en el que estamos ahora. Es grandísimo y nos ha permitido introducir muchas más disciplinas, sobre todo, las aéreas. Factores que hanfavorecidoque aumentara el número de socios de una forma exponencial. En los últimos tres años, somos más del doble”.

Así que desde entonces, ha pasado mucha gente. Unos vienen, otros se van; sin embargo, el denominador común son sus ganas de empujar hacia delante una Asociación que muchos, aunque ya no pertenezcan a ella, seguirán sintiendo siempre como propia.

Y en cuanto al futuro…

“Nuestro objetivo es hacer circo en Aragón, en Zaragoza, que cada vez se nos conozca más y conseguir que sea un referente cultural, como lo pueden ser el teatro o la música”, explica Óscar.

“Aquí en Zaragoza, en general, cualquier manifestación cultural tiene que luchar muchísimo para abrirse paso. Si bien el resto de manifestaciones artísticas como la danza o el teatro cuentan con mucho más trabajo de años atrás, el circo, a pesar de ser más antiguo, lo ha tenido muy complicado en Zaragoza”, afirma David.

¿Y en cuanto a vosotros?

“No sabría decirte muy bien hacia dónde se dirige la Asociación. Yo hace unos años tenía una idea en mente: conseguir que hubiera una escuela de circo en Zaragoza”, explica.

Y, de una forma u otra, lo han conseguido. A día de hoy, imparten formación continuada a través de un curso anual que ya lleva tres ediciones consecutivas.

“No tiene nada que ver este Garibolo con los primeros. Esto lo digo también con un poco de nostalgia porque los primeros eran mucho más intimistas, de la Asociación y para la Asociación. Nada más. Daba igual lo que se hiciera en el escenario. Era para eso, para mostrar lo aprendido. Pero claro, el nivel ha subido en todo el mundo y la exigencia interna y externa también. El público tiene altas expectativas sobre nosotros y a la vista está que esto cada vez está más complicado. Yo creo que el Garibolo ha llegado ya a su mayoría de edad”, continua.

El telón se cierra, el aforo está completo. El primer artista sale al escenario. Un foco de luz potente lo señala y lo desnuda. Ahí arriba, no existen las mentiras, no existen las barreras con los miles de ojos que te miran y esperan algo de ti.

“El Garibolo sirve para eso, para ponerte un poco en tu sitio y ser realista contigo mismo, ser sincero y darte cuenta de cuánto has trabajado durante un año porque, al final, es la forma de construirte como profesional, siendo sincero contigo mismo”.

Los artistas se van sucediendo, el uno tras el otro, con un nivel y una perfección que sobrepasan todas mis expectativas. Son geniales, son profesionales. Lewis y su pesadilla aérea, Inerzio Centrípeto con su número de malabares; Milki y el mástil chino. Noemí, Marta y Elena en su número aéreo de telas, OX en su monociclo, Rubenik y su infatigable sonrisa…Los minutos pasan, también las horas. El público ríe a pesar de no haber payasos. También trepa por el mástil chino y se enreda y desenreda por las telas con la misma ligereza y rapidez que los artistas en escena. Artistas que, como Alberto Beltrán, buscan que el público crea que es fácil lo difícil o como las trapecistas, Carmeneta y Cristina, que necesitan escucharse y estar en perfecta sincronía para que nada falle.

El circo, señores. El circo, todo y nada. Una actitud, una puesta en escena para  demostrar y demostrarte que eres capaz, que puedes hacerlo.

Y al final, como si un peso comenzara a ceder, llega el momento más esperado, aquel en el que el público aplaude con fervor. Ese microinstante en el que sientes que se ha producido un intercambio. Una chispa. Una conexión. Y colmados de luz, solo entonces, las horas de trabajo y los nervios, vuelven a merecer mucho la pena. Y así, con el público entusiasmado ante ti, volver a cerrar el telón, sintiendo un día más que, gracias al circo,  tienes el mundo bajo tus pies y entonces sí, gritar con fuerza: “Creo en el circo. Yo soy circo”.   

Autora:
Elisa Navarro Foto Paz Perez nombre

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Nunca tuve claro mi futuro, sigo sin tenerlo. Mochilera de espíritu, amante del sol y el chocolate y contraria a la rutina. Sueño con un periodismo comprometido que corrija anomalías y exprese con palabras cómo poder vivir en un lugar mejor. Lo que nos callamos o no proyectamos al exterior no existe y muere en nuestro interior.

Twitter Blanca Uson

 

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