Pobres Criaturas

 Daniel Giral//

Hace unas semanas se estrenó en salas el indiscutible fenómeno de crítica y público Pobres Criaturas. La película establece una reflexión sobre la desinhibición y la ruptura de los corsés de una Inglaterra victoriana steampunk. Lo hace a través de una relectura de Frankenstein en clave femenina.

Emma Stone interpreta a Bella Baxter, una mujer que tras su suicidio es devuelta a la vida por un científico excéntrico. Su resurrección viene acompañada de un levísimo cambio; a nuestra protagonista le cambian el cerebro por el de una niña recién nacida, algo que le permite redescubrir el mundo con una mirada libre de prejuicios e inhibiciones.  

Algo más prejuicioso e inhibido resultó el pobre público. La película es fascinante, tanto que terminé por verla dos veces. En una, la media de edad de la sala era baja, jóvenes de los que todos esperaríamos una mentalidad más abierta y experimental. En mi segundo visionado, la media de edad era mucho más elevada: gente mayor, de la que uno podría pensar prejuiciosamente, de escándalo fácil.

Quien terminó aprendiendo una valiosa lección sobre los prejuicios fui yo cuando, ante mi sorpresa, el público parecía bastante más escandalizado en una sala llena de gente joven. A lo largo de la película, y sobre todo en respuesta a las escenas con mayor carga sexual, el público expresaba por lo bajo sus reticencias. Nada similar sucedió en la otra sala, donde la gente parecía salir encantada de ver una propuesta tan diferente.

Si se buscan las críticas que se le han espetado a Pobres criaturas, la inmensa mayoría hacen referencia a su elevada carga de desnudez y escenas sexuales explícitas. De igual forma, uno de los aspectos más criticados en la aclamada Oppenheimer fue la escena que contenía un desnudo de la actriz Florence Pugh. Las críticas se extienden hasta el mundo de las series, donde la desnudez ha ido desapareciendo de forma paulatina ante un público cada vez más reacio a algo que consideran gratuito e innecesario. Con la avalancha de críticas que ha sufrido Sam Levinson, creador de Euphoria y The Idol, parece como si a algunos les hiciera ilusión que volviera el Código Hays.

No existe tal cosa como un desnudo gratuito, o tal vez todos lo sean. Se suele utilizar el argumento de la gratuidad para atacar todo aquello que vemos moralmente reprobable o nos disgusta en una película. Se nos olvida que no todo es trama y argumento, que el cine puede llegar a ser tan complejo (o sencillo y natural) como la vida.

Una escena subida de tono puede no siempre aportar a la trama, pero esto no es motivo suficiente como para escandalizarse por algo que hace tan solo veinte años hubiera sido de lo más normal. Aunque Pobres Criaturas se ambiente en un pasado ficticio tiene mucho que decir sobre nuestro presente. A la hora de mirar el mundo todos deberíamos adoptar un poco más la mirada libre y despreocupada de Bella Baxter.

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