Desde el Otro México: Sillas, para la Ventana al Mar

Fernando Domínguez Pozos//

Primer Aniversario
El jueves 5 de enero de 2022 fue la primera publicación “Desde el Otro México”, espacio periodístico que ha sorteado entre la crónica, la entrevista y la columna para narrar la vida de la Costa Oeste de las Californias, o la West Coast, como los norteamericanos prefieren llamarla. 21 piezas han sido publicadas por la revista Zero Grados, que intentan describir la cotidianidad de una región muy particular, no sólo de México, sino del continente americano. En estas 21 entregas las historias han ocurrido tanto en la región bajacaliforniana, con las voces e historias de personajes locales, como en aventuras que me han permitido trasladarme desde el Aeropuerto Internacional de Tijuana a ciudades como Monterrey, Veracruz, Ciudad de México o Querétaro, por mencionar algunas. De manera reciente, Desde el Otro México también fungió de espacio para la publicación de un par de textos de noveles periodistas ensenadenses, quienes con su propio estilo nos trasladaron a la riqueza del mar del Pacífico, así como a la estrecha relación de esta región y el país del Sol Naciente, Japón. 

A un año de aquella primera publicación, y con las emociones que genera el comienzo de un año nuevo, buscaré seguir compartiendo la vida del Pacífico, continuar narrando desde la mirada de un originario del sureste de México, seguir escuchando las voces y sonidos propios del noroeste, seguir maravillándome de los colores del Pacífico, de la profundidad de los cielos del norte del país, así como mantener el aprendizaje de una vida distante de la familia extendida, y, tal vez, llegar a comprender las oportunidades que ofrece una región tan amplia, tan libre y tan suave como la de la península bajacaliforniana.

Sillas, para la Ventana al Mar

Para esta entrega 22, en Desde el Otro México me apoyaré en las voces de uno de mis autores predilectos, Alfred Schutz, y buscaré comprender un elemento muy propio de la vida cotidiana de la península, tan común, tan cotidiano, que tal vez es incluso poco reflexionado por locales y foráneos. En la ciudad de Ensenada, así como en localidades que conectan con el norte y sur de la entidad, existe un común denominador cada vez que se recorren sus calles, se visitan sus puertos y se observa su mar. La presencia de sillas, bancas, y sitios especiales para sentarse, reflexionar y apreciar la inmensidad del entorno es una constante en esta región del país. Si bien en parques, camellones y plazoletas de grandes ciudades o pequeñas localidades del centro y sur del país se encuentran bancas o sillas para descansar, acá en el noroeste estos espacios parecen estar siempre libres, esperando el momento en que un nuevo afortunado decida tomar asiento y simplemente disfrutar esta particularidad de uno de los últimos husos horarios en recibir el fin de año, pero engalanado por los colores, el clima y los sonidos que regulan la vida en península. 

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Tanto en la -tradicional y turística- calle primera de Ensenada, como en los viñedos de la familia Domecq, posicionados con una de las más espectaculares vistas del Valle de Guadalupe, así como en los diversos y distintos sitios gastronómicos que se encuentran en la carretera escénica y en el Puerto de Ensenada, un asiento con forma de mano, una banca para dos personas o una silla exclusiva para un visitante están listas para que tomes el libro de tu preferencia, olvides tus dispositivos digitales y exclusivamente dediques unos minutos, tal vez horas, a disfrutar del mejor escenario que una región puede ofrecer como es un atardecer en el Pacífico. 

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Ensenada es reconocida como la Cenicienta del Pacífico, pero también tiene un malecón al cual se refieren como la Ventana al Mar, por su ubicación y dimensión, que regala una de las vistas más espectaculares de la inmensidad del Pacífico, enmarcada por la presencia -frecuente- de cruceros, el sonido inconfundible de lobos marinos, el refrescante clima del noroeste y el vuelo incansable de gaviotas y aves marinas que son las verdaderas dueñas del muelle y su ventana. Para observar a través de esta ventana se requiere -idealmente- de un lugar donde poder sentarse y apreciar. Para ello, esas sillas colocadas en algún momento y espacio, son idóneas. Recordemos que las sillas simbolizan, en algunos casos, poder, porque son utilizadas por mandatarios, líderes religiosos o morales, pero en el caso de Baja California las sillas parecen estar listas para empoderar al individuo común, al visitante, al local, al pequeño, al pescador, a la mamá, a los hijos y a todo aquel que simplemente decide observar. 

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El comienzo de un nuevo año conlleva establecer propósitos, activar las ilusiones, hacer cortes de caja en lo personal y profesional. Las doce campanas y doce uvas que tradicionalmente indican que un nuevo año ha comenzado nos suelen hacer levantarnos de nuestras sillas donde estamos esperando ese momento, y muchas veces nos arrebata la oportunidad de recibir ese año sentado por unos minutos, reflexionar la oportunidad de lo que consideramos un nuevo inicio, tal vez por eso, mientras en el resto del mundo el 2024 comenzará doce horas, nueve horas o dos horas antes (como es el caso del Centro de México); en el huso horario del Pacífico, el tiempo decide ir más despacio, permite sentarse en esas sillas ubicadas frente al mar, observar el último atardecer del 2023 y empoderarnos para el comienzo de un nuevo año. 

Sillas

Por lo tanto, en el paralelo 32º 43´, en el noroeste de México, el inicio del año continuará ofreciendo esa ventana de oportunidad que -simplemente- parece otorgarnos dos o más horas distintas a los demás, que nos permita seguir considerando a esta región Otro México, otro lugar, donde se vive con un singular filtro de color carmesí.  

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