Destino
Texto: Zoe Rubio // @zoerubio03
En la vida, tal y como nos recuerda Albert Camus, es importante reflexionar sobre la manera en la que la pasamos. Esta frase es tan sencilla en su enunciado pero tan profunda en sus implicaciones que nos invita a plantearnos la forma en que entendemos nuestro paso por el mundo. Las afirmaciones sobre un destino ineludible como «si tiene que pasar, pasará» o «no era su hora» nos quieren imponer un plan predeterminado antes de siquiera nacer, pero entonces ¿qué sentido tiene la vida?
Quizás el destino sea más una plastilina que moldeamos con la gracia, o la torpeza, de nuestras acciones, y no un bloque pesado de cemento que tenemos que cargar. Si nuestro recorrido vital lo asemejamos, por un momento, a una vía de tren sin desvíos posibles, todo pasaría en el momento exacto, solo tendríamos que sentarnos y contemplar el paisaje. Puede sonar seguro, pero nos robaría algo fundamental en nuestra evolución: la libertad de elegir nuestro propio camino. Cuando Camus se refiere a un destino que se crea, sugiere que con cada decisión, incluso con aquellas que parecen más triviales, formas lo que está por venir. Casi como un laberinto de posibilidades que se expande ante nosotros cada vez que elegimos un sendero.
Esta opción, nos obliga a ser responsables de nuestro propio destino y eso no gusta a nadie. Es mucho más fácil atribuirle a «mercurio retrógrado» o a un destino impuesto nuestras decisiones, por si acaso algo no sale como esperabas. Si justo el coche se avería cuando ibas tarde es muy fácil echarle la culpa a una fuerza misteriosa en vez de aceptar que no le pasaste la revisión cuando tocaba, te gastaste el dinero en una barbacoa con tus amigos, posponiéndola y ahora te toca pagar las consecuencias.
Esta frase de Camus es un canto a la responsabilidad personal. No es tan divertido como creer que nuestra historia lleva ya años escrita en alguna base de datos cósmica, pero tiene su lado emocionante. ¿Qué gracia tienen las novelas que desde el primer capítulo ya sabes cómo van a acabar? Por suerte la realidad no es tan predecible, y cada vez que nosotros construimos nuestro propio camino, además de poder cagarla, nos da la posibilidad de mejorar y aprender.
Esto no significa que los factores sobre los que no tenemos control haya que pasarlos por alto. Dónde y cuándo nacemos afecta a las oportunidades que se nos presentan. La clave está en cómo te enfrentas a lo que te toque. Camus no niega la existencia de condicionantes, sino que pone énfasis en la capacidad que tenemos de responder al entorno con acciones y elecciones propias.
Saber que somos los autores de nuestra vida nos permite dotar de significado nuestras experiencias. Cada gesto, palabra y renuncia dibuja un destino que vas creando tú. Por eso es tan aterrador, a la vez que emocionante: todo el mundo improvisa, nadie sabe cuál es el camino. Los emprendedores, artistas y agentes de cambio remarcan la relevancia de tomar riesgos: sin libertad para decidir no habría forma de cambiar el rumbo de tu destino.
Al reconocer nuestra facultad de elección, la vida se convierte en una aventura abierta, en la que cada paso, cada decisión y cada cambio de dirección es testimonio de la autodeterminación humana. Después de todo, sin libertad para elegir, lo que nos queda es un escenario repetido hasta la saciedad, desprovisto de sorpresa e impulso vital. Y esa, a ojos de todos, sería la forma más triste de recorrer el camino de la existencia.

