Un repaso a más de 100 años de historia de la viñeta: El cómic como reflejo de su época

Daniel Giral//

Ilustración, viñeta, caricatura, tebeo, historieta… Son múltiples los nombres que ha recibido el noveno arte. El CaixaForum de Zaragoza nos ofrece desde el pasado 29 de noviembre hasta el 24 de marzo un recorrido por más de 100 años de cómics a través de su exposición “Cómic. Sueños e historia”. Un paseo en el que las viñetas establecen un diálogo con la realidad social de cada una de sus épocas y que incluye un recorrido por personajes que forman parte de nuestro imaginario colectivo.

A pesar de que su génesis precede a la del cine, el cómic, al igual que la fotografía, no ha gozado de un reconocimiento entre las artes consagradas hasta hace poco tiempo. El bautizado como noveno arte continúa siendo objeto de debate hasta el punto de crearse la etiqueta artificial “novela gráfica” a finales de los 70 con el propósito de dotar de respetabilidad a ciertas obras en detrimento de otras. La exposición “Cómic. Sueños e historia” borra por completo esta distinción y conjuga en el mismo espacio las primeras viñetas de Betty Boop con el dibujo experimental de Moebius.

La muestra no es solo un paseo histórico, sino que refleja también cada una de las épocas de producción de las obras. Dividida en distintas secciones, la primera da cuenta de los inicios del cómic. En Europa, el origen de la narración secuencial entronca con la tradición de la caricatura y el libro ilustrado. Estados Unidos, más fiel a su tradición consumista, alumbra el medio en la prensa de gran tirada, donde las cabeceras competirán por los dibujantes. Su popularidad se debe en parte a las posibilidades que brindaba la visualidad para los inmigrantes con poco dominio del idioma. Viñetas de personajes como el Little Nemo de Winsor McCay o The Yellow Kid de Outcault, que se originan en la prensa, nos muestran las bases del cómic tal y como lo conocemos, introduciendo elementos fundacionales como el globo para los diálogos.

Ante el espejo: Del diario íntimo a la novela gráfica
Ante el espejo: Del diario íntimo a la novela gráfica

Los estadounidenses no tardan en ver las posibilidades de la historieta como una oportunidad de negocio. Así, la segunda sección da paso a un tipo de cómic que se ajusta más al estilo canónico norteamericano. Cuerpos esculpidos, mujeres sexualizadas e historias simples que representan la búsqueda de escapismo, no solo se encontraba en la prensa. Los duros años del crac del 29 hasta la Segunda Guerra Mundial dieron lugar a la creación de iconos tan reconocibles como Tarzán o Betty Boop.

El superhéroe sustituirá pronto a estos personajes. El norteamericano, que carece en su joven nación de mitos, se dedica a reformularlos a través de figuras como Superman, Capitán América o Wonder Woman, que conjugan los mejores valores estadounidenses. En esta sección se hace notoria la diferencia entre los primeros diseños del héroe y los cambios sufridos hacia los años 80 con la proliferación de los antihéroes y el viraje temático hacia sus imperfecciones y problemas identitarios.

Fuera del cómic estadounidense

El cómic francófono tiene su eclosión ilustrada en un espacio que personifican dos escuelas contrapuestas: la de la línea limpia del Tintín de Hergé y la de los rasgos exagerados de André Franquin, creador de Spirou. Esta última inspirará el estilo de Uderzo, dibujante de Astérix y Obélix. Una sección que nos devuelve a la infancia gracias a esos personajes presentes entre las lecturas de formación de cualquier niño.

La exposición se detiene en la evolución que reflejan los timoratos y propagandistas tebeos franquistas hasta llegar al libérrimo cómic underground. Los 80 trajeron al mundo de la viñeta, vanguardismo, experimentación y altas dosis de desnudez y violencia explícita tanto a Europa como a Estados Unidos. La muestra nos permite disfrutar del dibujo desquiciado de Crumb, el estilo alucinado de Moebius y el imaginario erótico de Milo Manara.

Little Nemo, personaje creado por Winsor McCary
Little Nemo, personaje creado por Winsor McCary

Hacia el final, volviendo a la idea del cómic como reflejo de su tiempo, encontramos un espacio reducido que expone la obra de mujeres como Ana Galvañ o María Medem. Una pequeña nota al pie que no deja de recordarnos la invisibilización histórica sufrida por el género femenino. Un recuerdo de que el cómic, como todo arte, no es ni más ni menos que el espejo en el que se mira la sociedad.

Si algo se le puede reprochar a la exposición es, quizá, que en su intento por abarcar tantos años de historia retrata con todo lujo de detalles algunas épocas y deja otras con simples anotaciones superficiales. Se echa de menos un hilo conductor claro más allá de la disposición temporal y alguna referencia al cómic fuera del canon occidental. De todos modos, nada de esto invalida la experiencia satisfactoria de un conjunto que interesará a cualquier aficionado al medio.

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