Desde El Otro México. La vida Cotidiana
Autores: Fernando Domínguez Pozos, Rosanne Quintana Chang y Melina Illian Ramírez Bello
Lo ordinario, lo bajo, lo carnal e incluso lo desviado –outsider–, es parte de lo que conforma la vida cotidiana, de acuerdo con la mirada del romanticismo alemán que propuso esta perspectiva teórica como una contrapuesta a la mirada clásica de los fenómenos sociales del siglo pasado. En lo cotidiano se encuentran las interacciones comunes y a su vez más representativas del ser humano, ya que en su vida ordinaria el individuo se presenta con su acervo ante sus pares, predecesores y sucesores en una dinámica social que construyen día a día. Por lo tanto, la vida cotidiana es de suma valía teórica, pero también social, política y periodística.
En la cotidianidad encontramos rutinas, así como pautas de comportamiento, laborales o escolares, a partir de las cuales construimos nuestros espacios de socialización, y si bien no podemos definir que la rutina es la misma cada día, si podemos manifestar que en la vida cotidiana consolidamos hábitos que tienen una regularidad. Estos hábitos trascienden del sujeto a la sociedad y, por lo tanto, las actividades matutinas, vespertinas y/o nocturnas de una región como el Otro México, suelen ser distintas a las del resto del país, tanto del centro como del sur.
En este Otro México, la cotidianidad del amanecer son cielos azules, donde la nubosidad suele ir desapareciendo en la inmensidad del mar, permitiendo observar montañas y cruceros que enmarcan el ritmo de vida de un puerto, donde la presencia de lluvias es tan ocasional que cuando ocurren detienen la dinámica diaria, no por la cantidad del agua, sino más bien por la rareza del fenómeno. Es así que cuando se pronostica temporada de lluvias, en el discurso de medios locales, en el cotilleo de oficinas y escuelas, así como en el interior de los hogares el tema de suspensión de actividades por lluvia, es una constante. Mientras en esta región noroeste las lluvias detienen las actividades, en el centro del país, el ritmo acelerado de una metrópolis como la Ciudad de México, no permite tregua y, por lo tanto, a pesar de torrenciales aguaceros la vida diaria continúa, con automovilistas varados o inundados por los ríos en que se convierten avenidas y distribuidores de la ciudad.
La otra normalidad
Lo cotidiano del noroeste de México es vivir acompañado de un océano tan reconfortante como refrescante, donde una sudadera, abrigo o chamarra parecen –siempre– necesarios, a pesar de la intensidad del sol que suele iluminar el cielo bajacaliforniano. Caminar arropado y disfrutar de una temperatura promedio de 15° centígrados en el Puerto de Ensenada es algo tan normalizado que en la venta de ropa de la localidad lo más común es encontrar prendas para un otoño constante.
Precisamente en la vida cotidiana del ensenadense la adquisición de ropa y otros productos es otro más de los diferenciales cotidianos de este otro México, ya que alejados de los grandes Centros Comerciales del centro y sur del país y, a pesar de la cercanía con los malls americanos, en esta ciudad la búsqueda de tesoros en tiendas de segunda mano, bazares de ropa, saldos y outlets es una constante. En cada colonia y avenidas principales hay decenas de sitios donde no se resaltan las marcas, no se encuentran ventas a meses sin intereses, sino más bien se permite una búsqueda sin protocolos, entre grandes cerros de ropa, de aparatos electrónicos y de un sinfín de productos que puedes estar o no buscando. Este tipo de consumo te ofrece una ciudad donde el estilo y la moda que permea suele no ser concordante con los parámetros capitalistas, ya que las prendas son tan diversas que la paleta de colores con que se identifica este puerto es tan propia como su clima.
En ese ir y venir de la gente de Ensenada, encontramos en sus calles hombres –principalmente– que son denominados como homeless, quienes se apropian de algún espacio vacío, abandonado o improvisado para pernoctar una o más noches. La imagen de estas personas suele ser retratada de manera grotesca en programas y series; sin embargo, en esta región las personas en situación de calle son arropados por locales, quienes con ropa, comida y saludos frecuentes integran a su sociedad a quienes conforman también el mundo cotidiano.
Otro punto urbanístico que destaca de Ensenada, es la presencia de murales coloridos y de estilo único que resaltan en distintos puntos de la ciudad, edificios públicos, bardas de espacios icónicos y, principalmente edificios que conforman a la Universidad Autónoma de Baja California, están ilustrados por las imágenes que un artista local –Noche– ha trazado. Estas imágenes son como fotografías del ecosistema del Pacífico, así como de retratos de hombres y mujeres que han consolidado una región muy singular del país.
Surfistas, skaters, cholos, jóvenes raperos, break dance, patinadores, jugadoras de flag, arqueras, atletas, pescadores, académicos, estudiantes, homeless, apasionados del mar, vitivinicultores, comunidades indígenas son parte de quienes cotidianamente coinciden en su mundo diario, interactuando y, por lo tanto, conformando su propia construcción social.
En Ensenada, donde el ritmo de la vida parece estar dictado por la tranquilidad de las olas del mar, los días se disfrutan uno por uno. En un constante ir y venir entre nubes, tardes frescas y atardeceres cálidos, la ciudad se pinta como un refugio para la acelerada vida de otras regiones. Ni siquiera regiones vecinas de la Baja ofrecen lo que aquí sucede, es cuestión de visitar el malecón de la playa en un atardecer, recorrer alguna de las carreteras y observar la tranquilidad de los paisajes, o caminar por la calle primera para entender, que aquí, incluso los días concurridos tienen un tinte aligerado.
Ensenada arropa a quienes caminan a otro ritmo, a los que no encajan en las multitudes rápidas, las noches ruidosas, los carros embotellados; a quienes prefieren las memorias eternas que los instantes fugaces. Aquí, los outsiders pueden encontrar su lugar en la diversidad, como quienes prefieren perderse para ser encontrados en la calma antes que ser arrastrados por las presiones y las prisas del mundo.







