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MAR: mujeres que cuentan, cantan y se quedan

Zoe Rubio y Daniel Nicolau// @zoerubio03 y @dany_54_

En Fuentes Claras, un pueblo de Teruel con más ovejas que bares, nació una red que hoy conecta a casi 400 artistas repartidas por toda la geografía aragonesa: MAR. Mujeres Artistas Rurales, no es solo una asociación ni una plataforma digital. Es, en palabras de sus propias fundadoras: “unas páginas amarillas del artisteo rural”. Y también es un grito. Un grito contra el olvido, contra la precariedad y contra la idea de que la cultura vive solo en las capitales. 

En su web se puede navegar por disciplinas, comarcas y pasiones. Ilustradoras de la Ribagorza, tejedoras del Maestrazgo, cantantes del Somontano… Mujeres que han elegido quedarse en el medio rural, vivir de su arte, o intentarlo, y tejer comunidad desde la periferia. La iniciativa, que nació en 2021, ha sido reconocida con el Premio de Excelencia a la Innovación para Mujeres Rurales en la categoría de Comunicación. Pero más allá de los diplomas, su valor está en las historias que contiene. Como la de Julia Maro o la de Belén Castel.

Julia Maro: jazz desde Graus, sin necesidad de rascacielos

Julia nació en Madrid, pero a los 12 años se mudó a Graus. Podría haber seguido el camino típico de cualquier artista que quiere «hacer carrera»: mudarse a una ciudad, intentar abrirse paso entre jam sessions y cafés-concierto. Pero eligió lo contrario: “A mí me ha beneficiado crecer en un entorno pequeño. Todo el mundo sabe lo que hago. Hay menos oportunidades, sí, pero también menos ruido”, cuenta.

Además de componer y dar clases de canto, Julia participa en festivales como NOCTE y colabora con otras mujeres de MAR. Aunque no haya creado todavía un proyecto colectivo con ellas, destaca la red de apoyo: “Te enteras de cosas que de otra forma no sabrías. Buscan cantantes para el 8M, para un taller en tal pueblo, y de pronto tienes acceso a sitios donde no llegarías por tu cuenta”.

Su segundo disco, Tierras, empieza a mostrar una mayor conexión con el territorio. “Hay poemas que nacen de caminar por el campo. Y hace poco hice una canción sobre Graus con la Ronda de Boltaña”. También ha dirigido coros de góspel en zonas rurales. “En Graus, se apuntó más gente de la que esperaba. Luego lo dejé por logística, pero la gente se quedó con ganas de más”, dice.

Mujeres Artistas Rurales
Julia Maro en Instagram @juliamaro_music

La cultura rural, sostiene, tiene una fuerza callada, persistente. “Hay mucha tradición musical aquí. Padres en la banda del pueblo, joteros, cofradías… A veces hay más cultura de base en un pueblo que en muchos barrios de ciudad”.

Belén Castel (Belentuela): contar para vivir y viceversa

Belén también decidió quedarse. Vive en una casita dentro de un “bosque encantado”, según ella misma lo describe, y se dedica a contar cuentos desde una caravana. Bueno, dos. La primera, la Rosa, la construyó junto a su compañero Ernesto. “Queríamos algo original, no para competir, sino para encontrar nuestro hueco”, explica. Y lo encontraron.

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Su proyecto mezcla música, ilustración y narración oral. Lleva desde 2008 viajando por Aragón, y ahora también Navarra, Málaga o La Rioja, con sus cuentos llenos de valores, naturaleza y personajes que enseñan sin dar lecciones. “Yo lo que hago es educar. En vez de dar clase en un aula, enseño desde el escenario”, dice con firmeza.

MAR ha sido, para ella, un altavoz y un paraguas. “Nos enteramos de ayudas, de convocatorias, de colaboraciones. Nos motivamos. Nos formamos. MAR no solo me ha acompañado, me ha impulsado”. Belén dejó la docencia hace un año y medio para dedicarse por completo a su faceta artística. “Esto es una empresa. Una empresa que vive del cuento”, afirma entre risas.

También reconoce que encuentra más conexión con el público en pueblos pequeños: “A la media hora parece que somos primos. Eso no lo consigo en una ciudad. Necesito el contacto directo, la mirada, la cercanía”.

MAR: una red tejida con tiempo y esfuerzo

Cuando surgió la idea de crear MAR, no existía ni un listado, ni una base de datos, ni un simple Excel con nombres de creadoras rurales aragonesas. “Buscamos en comarcas, ayuntamientos, asociaciones… y como no había nada, lo hicimos nosotras. Unas páginas amarillas del artisteo rural”, recuerdan sus fundadoras.

Lo que empezó como una idea voluntarista se convirtió en una red que ha mapeado a más de 400 mujeres. Algunas se han ido de Aragón, otras han vuelto a la ciudad, pero muchas se han quedado. Y han encontrado en MAR una forma de no sentirse solas.

Durante mucho tiempo fue un proyecto autogestionado, sin remuneración. “Teníamos nuestro trabajo y, al terminar la jornada, empezábamos otra: la de MAR. Meses frente al ordenador, sin saber si serviría de algo. Pero sabíamos que era necesario”, reconocen desde la asociación. Hoy en día, la financiación viene de cuotas (50€ al año) y de subvenciones públicas. Lo que limita, por ejemplo, poder contratar a alguien para mantener la web o hacer la gestión diaria.

Pero la fuerza está en la comunidad: hay colaboraciones, trueques, festivales, mercadillos, encuentros. “Hay compañeras que antes no daban talleres y ahora lo hacen. Otras han encontrado aliadas para proyectos conjuntos. Hay muchas cabezas pensantes, muchas ganas”, dicen. Y eso, en los pueblos, importa.

Imagen 4 ¿Es MAR una buena práctica territorial?

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reconoció en 2023 a MAR con el tercer premio de Excelencia para Mujeres Rurales. Y su proyecto aparece en varias cartografías nacionales como ejemplo de innovación cultural en zonas despobladas.

Pero más allá de los premios, hay una lógica que atraviesa su trabajo: si las artistas rurales no se visibilizan, no se las contrata. Si no se las contrata, se marchan. Y si se marchan, los pueblos pierden no solo cultura, sino también comunidad. Porque como explican en MAR: “Las mujeres que se quedan en los pueblos no solo crean. También cuidan, enseñan, organizan actividades, sostienen el territorio. Hay que premiarlas, no abandonarlas”.

Julia Maro lo resume con claridad: “El problema es que muchas veces los ayuntamientos priorizan contratar a artistas urbanos. No es que no haya talento en los pueblos. Es que no se ve. Y si no se ve, no se valora”.

Cultura que se queda, cultura que cuida

Las historias de Julia y Belén coinciden en un punto: ambas han elegido el medio rural como forma de vida. No como refugio ni como sacrificio, sino como opción válida y fértil. “Yo no necesito vivir en Barcelona para sentirme empoderada”, dice Belén. “El empoderamiento no lo dan los árboles. Lo llevas dentro. Pero si puedes vivir rodeada de carrascas, mejor que mejor”.

Desde su casita en mitad del bosque, Belén ilustra cuentos llenos de valores, humor y mensaje: “Dibujo lo que me rodea. Mis personajes viven entre gallinas, gatos, tractores y mariposas. Pero también hablan del acoso, del abuso, del amor libre, de la igualdad. Colores para decir cosas difíciles”.

Mujeres Artistas Rurales Y aunque su personaje Belentuela parezca de cuento, su discurso es muy realista. “Vivir del arte en un pueblo no es fácil. Hay que estar atenta a todo: lo creativo, lo fiscal, lo logístico. Pero no cambiaría mi vida por nada. MAR me da herramientas para seguir, me da abrazos virtuales cada día. Me da comunidad”.

Lo que viene: futuro en femenino rural

El objetivo de MAR no es ser un club cerrado. Muy al contrario. Su próximo paso es ampliar la red a todo el territorio aragonés con campañas en cada comarca, organizadas por las propias socias. Y, a medio plazo, replicar el modelo en otras comunidades autónomas. De hecho, ya han dado formaciones en otras regiones para que puedan copiar la idea.

Lo importante, repiten, es que se entienda que el arte no es un lujo. Es una herramienta para el desarrollo territorial. Y si se apoya, puede fijar población, generar empleo, mejorar la autoestima colectiva. Porque no es lo mismo vivir en un pueblo con cultura que sin ella.

Belén lo dice sin rodeos: “Sabemos cuándo un pueblo está muerto. Lo notas. La cultura lo cambia todo. La tecnología ayuda, sí. Pero lo que de verdad transforma un pueblo es que haya ganas, que haya gente comprometida. Y MAR está llena de mujeres así”.

Ni Julia ni Belén se consideran heroínas. Tampoco las otras cientos de mujeres que forman MAR. Son artistas. Cuentan, cantan, ilustran, enseñan y, sobre todo, se quedan. En un mundo que sigue empujando a las mujeres a marcharse del campo, ellas han decidido plantar raíces. Y eso, en sí mismo, ya es revolucionario.


Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Cuarta edición) con “Ellas son campo”.

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