Un día entre toros de lidia

Texto: Jorge Solanas//

Se abre el cercado y a lo lejos aparecen 80 cabezas de ganado dirigiéndose hacia nosotros. Las vacas y los cabestros caminan sin prisa dirigidos por Miguel Ángel hacia los comederos. “Estos son los que utilizamos en los festejos populares”, señala Pepe con su voz ronca, “los encierros de todos los pueblos los hacemos con estas 80 vacas”. Se van acercando y nos resguardamos detrás del burladero. Pepe y yo observamos sin comentar. No puedo evitar fijarme en los pitones y en el tremendo estruendo que producen debido a los esquilos y mugidos. La entrada de la última vaca a la zona de comederos devuelve la tranquilidad a la finca “Las Fuentes”. Tras un breve silencio, irrumpo:
  • Pepe, pudiendo quedarte en casa descansando, ¿por qué sigues viniendo todas las mañanas?
  • Se ríe y contesta – ¿Cómo no voy a venir? ¡Si esto lo creé yo!

La afición taurina de Pepe Marcuello le llevó a crear en 1977 su propia ganadería de lidia: “Los Maños”. En sus inicios se centró solo en festejos populares hasta que en 1988 decidió conformar la ganadería con el objetivo de poder lidiar en plazas. Para ello, se eliminó todo lo anterior y se compraron 40 vacas y un semental a Pablo Mayoral pertenecientes al famoso encaste Santa Coloma. Encaste es el término que se utiliza en tauromaquia para definir el conjunto de genes que tiene un toro, y que hace que tenga unas determinadas características. En 2007 se añaden vacas y sementales propiedad de Javier Buendía, también de Santa Coloma. Desde entonces, la ganadería ha crecido poco a poco hasta convertirse en una de las referentes en Aragón de este encaste. Su mayor éxito: “Quejoso”, el único toro indultado en la historia en los más de 250 años que tiene la plaza de toros de Zaragoza.

En la actualidad, José Luis Marcuello es el principal representante de Los Maños. Con 45 años, admite que desde muy joven supo que quería seguir los pasos de  Pepe, su padre, y dedicarse al mundo de la tauromaquia. Él y su hermano Miguel Ángel comenzaron a trabajar en la ganadería a los 14 años y apenas tienen recuerdos que no sean rodeados de toros y vacas. Para un aficionado de las ganaderías de lidia, es un privilegio pasar un día entero conociendo (y sufriendo) el trabajo que hay detrás de los encierros, corridas o novilladas. 

El día con José Luis comienza a las ocho de la mañana en Sobradiel. En este pueblo reside la familia Marcuello, natural de Albalate del Arzobispo, desde hace muchos años. Nos dirigimos a la finca “Las Fuentes” en Figueruelas, un terreno de 35 hectáreas donde viven y pastan las vacas de vientre (las que solo sirven para criar), los sementales y las vacas y cabestros que se utilizan en los festejos populares. Suman un total de 280 animales. Al llegar, sorprende encontrarse con Pepe Marcuello, fundador de la ganadería. Pepe ya es un hombre mayor, sin embargo, la edad no le impide madrugar y acudir a la finca todos los días.

Es época de saneamiento en la ganadería. Hoy les toca a 18 novillos que viven solos en un prado algo alejado de la finca. Este saneamiento consiste en hacer un pequeño recorte del pelaje e inyectar la tuberculina, un líquido que permite detectar si un animal tiene la tuberculosis. Al cabo de unos días, se inspecciona esa zona para comprobar si la inyección le ha hecho reacción al animal y por tanto, tiene la tuberculosis. En caso de que la tenga, el novillo deberá ir directo al matadero, aunque es muy poco probable que ocurra. En la ganadería Los Maños el último animal que salió con tuberculosis fue en 2007. Una vez hecho el saneamiento, los novillos regresan a su prado en camión. “Allí estarán hasta mayo cuando se les tentará para ver si valen o no”, señala Pepe. La tienta es la prueba que se realiza a los toros de lidia a partir de los 2 años para medir su resistencia y su bravura. Si se les considera aptos para la lidia, los novillos serán trasladados a la finca principal de la ganadería en Luesia. Allí nos esperan 130 toros, las joyas de la corona. 

Durante la hora y cuarto de camino hasta la localidad zaragozana, me da tiempo a conversar de muchas cosas con José Luis. Cuando le pregunto si hay alguien trabajando a esa hora de la mañana en la finca principal me sorprende mucho su contestación: “Solo tenemos tres nóminas en la ganadería; la de mi hermano, la del mayoral y la mía. Los gastos de este mundo hace que no puedas contratar a nadie más y tengas que apañarte”. Es decir, tres personas para cuidar a 400 animales repartidos en dos fincas distintas. José Luis solo tiene la ayuda puntual de algún primo o amigo y el resto de días, se encarga de la finca principal por si cuenta. 

Finca Vistahermosa: hogar de 130 toros

Tras pasar por varios pueblos, llegamos a Luesia. Nos metemos con el coche por un camino pedregoso de tierra a mano izquierda de la carretera y tras subir un poco, una verja roja nos impide el paso. En ella se lee “Finca Vistahermosa”. Al avanzar ya se puede apreciar el espacio del que dispone la finca con un total de 220 hectáreas de terreno desigual con zonas de llanura y de bosque de encinas principalmente. Por el camino de tierra llegamos a la plaza “Los Maños”, allí hay una casa con cocina, habitaciones y baño, un gran almacén donde se guarda el pienso y el tractor y un salón amplio con todos los premios que ha cosechado la ganadería. A la derecha del almacén, se encuentran los corrales junto a una pequeña plaza de toros que se utiliza para la tienta y alguna visita de peñas taurinas.

Finca Vistahermosa

Los toros estarán hambrientos, así que lo primero que hay que hacer es darles de comer. José Luis carga unos cuantos sacos de pienso al remolque del tractor y subimos hacia el monte, donde están los distintos cercados. “Los toros están separados por edad y hechuras. A los de un año se le dice añojos, a los de dos erales, a los de tres utreros, a los de cuatro cuatreños y de cinco en adelante toros”, comenta José Luis. 

Llegamos al primer cercado donde hay unos diez o doce utreros y cuatreños. José Luis abre la puerta y empieza a coger sacos de pienso para llevarlos a los comederos situados a unos quince metros de la puerta, la misma distancia a la que están los diez toros mirándonos con atención. “En el campo están tranquilos y lo normal es que no se arranquen, pero no dejan de ser toros”, señala. Es en ese momento cuando soy consciente del riesgo al que se exponen todos los días los ganaderos de lidia. De hecho, José Luis admite haber tenido algún que otro susto importante. Le ayudo con los comederos que están en los laterales cerca de la puerta. Al coger el saco de pienso me doy cuenta de lo pesados que son. No soy muy bueno calculando pero estoy seguro de que cada uno no baja de los 35 kilos. “Aquí no necesitamos gimnasio”, bromea José Luis. Las agujetas al día siguiente están aseguradas. 

Continuamos por otros dos cercados donde hay novillos algo más pequeños hasta que llegamos al de los más grandes. Allí nos encontramos pastando a diez toros de más de 500 kilos que nos miran con detenimiento cuando nos ven llegar. “Estos son para corrida. Todavía tienen que venir a verlos para concretar a qué plaza los llevamos. Estos son palabras mayores”, apunta José Luis orgulloso. Es mediodía, así que volvemos a casa a comer y después de esto llega a la finca el primo de José Luis. Es veterinario y viene para ayudar a separar una novillada que se lidiará en Las Ventas en Madrid el próximo 5 de mayo. Los Maños tienen muchas esperanzas en ella. La tarea de separar es costosa y nos llevará prácticamente toda la tarde. 

Novillada de Los Maños

Hay que separar a diez utreros de un grupo de 48. Para ello, se les lleva a todos a la plaza de toros de la finca. Desde arriba de los corrales, José Luis se coloca en la puerta delantera y su primo en la trasera. De uno en uno van pasando poco a poco. Si no es uno de los diez seleccionados, el primo de José Luis abre la puerta trasera y vuelven a pastar al cercado en el que estaban. Si es uno de los seleccionados lo encierran en el corral y desde arriba el primo de José Luis les pone una inyección para desparasitar. Después, se les abre una puerta lateral y ellos solos marchan a otro cercado. Con eso estuvimos un buen rato. En ocasiones, los toros se alejaban de la puerta impidiendo que ninguno atendiera los gritos de José Luis, así que un servidor tuvo que bajar al ruedo. Siguiendo las indicaciones de los ganaderos, corrí de un burladero a otro mientras los 30 astados que quedaban no me quitaban ojo. Mi carrera provocó que la manada se asustara y avanzara hacia la puerta para poder continuar con la separación. Esto ya se había convertido en un reportaje de riesgo. 

Tras separar la novillada, damos de comer a los 38 que no han sido seleccionados. Mientras José Luis lleva el tractor, desde el remolque voy echando sacos de comida. Me fijo en ese momento como los toros nos persiguen tranquilamente siguiendo el rastro que vamos dejando. Tras finalizar, José Luis comenta: “Pues ya has visto lo duro que es esto. A las 8 de la mañana te he recogido y son las 8 de la tarde. Si no quieres dedicarte al campo, estudia mucho”.

Ya anocheciendo, encaramos el viaje de vuelta a casa. El cansancio hace que no hablemos demasiado durante el trayecto, pero no puedo evitar hacer la gran pregunta: “¿Es rentable tener una ganadería de lidia?”. José Luis tiene muy clara la respuesta: “A nivel económico no es nada rentable. Pero antes que ganaderos somos aficionados. Cuando vemos un toro nuestro embistiendo en la plaza te llena de orgullo y te das cuenta de que el esfuerzo ha merecido la pena”. La pasión por la tauromaquia es lo que mueve a Los Maños.

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