CIDA: El pequeño centro aragonés que redefine el alabastro en el mundo
Inés Díaz Esteban, Iván Abad Maorad y Clara Sancho Sanz//
La primera potencia a nivel mundial de extracción del alabastro es la comarca del Bajo Martín, en la provincia de Teruel. Santiago Martínez Ferrer dirige el Centro de Interpretación y Desarrollo de Alabastro (CIDA) en Albalate del Arzobispo, un pueblo de menos de 2000 habitantes. Como describe Claudia Zanaga, la última artista en realizar una estancia allí: «Es un lugar que tiene carácter”.
Sus calles lo reflejan. El ayuntamiento del pueblo luce en su fachada un pequeño escudo tallado en alabastro: es una piedra blanca, con brillo. Un detalle que deja ver cómo el CIDA ha conseguido ligar el material con la identidad del pueblo. Desde el CIDA tratan de difundir el alabastro para que el desconocimiento generalizado que hay sobre este mineral autóctono desaparezca.
Las canteras de La Puebla de Híjar, Azaila, Gelsa y Albalate del Arzobispo producen cerca del 90% del alabastro mundial. Este mineral, al tener poca dureza, permite enseñar técnica escultórica, que luego se puede aplicar a otros materiales. Es un material resultón: se le pueden dar distintos acabados, y todos ellos lucen en las esculturas.
El CIDA es el único centro especializado en alabastro que combina formación, creación artística y restauración patrimonial: una singularidad que le ha permitido acoger simposios internacionales (con más de 100 obras creadas), residencias artísticas, etc. A la creación artística se suman nuevas áreas, como la restauración del retablo de la iglesia de La Puebla de Híjar. En este proyecto, dos restauradoras especialistas trabajan con una arquitecta de la Universidad de México, que ha viajado hasta el CIDA para completar su especialización en patrimonio. También se organizan cursos sobre técnicas escultóricas, y se realizan otras actividades junto a la escuela de adultos de Albalate
Su centro de operaciones está en el polígono industrial, alejado del centro del pueblo. Tienen aulas para impartir clases teóricas, un taller equipado con tornos y máquinas de corte, una cocina común para la convivencia entre artistas y una zona exterior cubierta por toldos.
Objetivos y retos
El CIDA se encarga de reciclar todo el material, incluso los restos de alabastro que puedan reutilizarse en un futuro. También se prevé incorporar placas solares en el tejado, un termo de agua caliente en las duchas del taller y focos LED para reducir un 20% el consumo. Mientras, dos cubos recogen las goteras del despacho de Santiago, que ha optado por mejorar las zonas comunes antes que su sala.
“La financiación que se recauda comienza con plantear un proyecto, por concurrencia competitiva, no hay otra forma”. La mayoría se consigue de fondos públicos, aunque cuenta con socios colaboradores. El CIDA contempla seguir creciendo en este aspecto: “Para nosotros es tan importante que la gente se acostumbre a ver el arte como parte de su vida cotidiana como exponer en el museo de Arte Sacro o en el Cetinarte.” El alabastro es un material base de los más blandos del mundo, que permite enseñar técnica muy rápido. Santiago ve un claro potencial en la red de colaboradores con la que cuenta el Centro.
El CIDA ha tenido un buen impacto local. Los visitantes del pueblo muestran interés en las canteras, porque identifican el pueblo con el material. Tanto Claudia como Santiago coinciden: “Hay pocos sitios en Europa con las características del CIDA”. Un proyecto llevado enteramente por Santiago, que en su siguiente paso incluirá también a Mariano Pastor Bernad, un artista autóctono implicado con las estancias y los cursos con talleres. Estos cursos se autofinancian: “Intentamos que lo que hacemos sea sostenible, y cuando vemos que funcionan pasamos a otro nivel”.
Santiago saluda desde la furgoneta a las personas con las que nos cruzamos, tanto a la ida al CIDA como cuando nos trasladamos a la exposición, en el centro del pueblo. Hay una voluntad de hacer de este proyecto más que una empresa, de incluirlo en la identidad local. De creérselo para ir en conjunto. “Nuestro proyecto empieza desde muy abajo, y va abriendo un círculo, como una onda. Somos el principal productor mundial, este sector podría ser nuestra bandera.”
Artistas de diferentes partes del mundo se han acercado a Albalate. En las zonas exteriores del CIDA, el polvo de alabastro cubre el suelo con una capa blanca. Es un pequeño rastro de Claudia y de su obra.
Claudia Zanaga ha venido desde Carrara, un pueblo de Italia famoso por su mármol. Ha realizado una estancia artística por recomendación de una escultora que también ha trabajado en el centro, Marta Fresneda. Claudia solo tiene palabras buenas sobre Albalate: habla de la acogida en el pueblo, de cómo los vecinos le preguntaban por su trabajo cuando la veían haciendo la compra y, sobre todo, de Santiago Martínez (director del CIDA) y Mariano Pastor, un artista local vinculado con el CIDA: “Me han ayudado en todo lo que he necesitado, saben mucho y me han ayudado a darle forma a mi proyecto”.
Generazione Omega
La exposición Generazione Omega se compone de esculturas humanas con membranas traslúcidas, inspiradas en plantas mediterráneas. “Son prototipos de humanos adaptados al cambio climático”, explica Claudia.
Claudia llegó al CIDA por una razón práctica: en Italia, las canteras de alabastro están agotadas. Aquí sigue siendo abundante. Durante dos semanas, ha trabajado con bloques descartados, puliendo formas que evocan hojas y pétalos. El alabastro cambia de color según la luz y tiene una suavidad que invita a moldearlo: una cualidad que da lugar a figuras con membranas finas, a juegos de luz con las partes más delgadas y a contrastes de texturas.

“Muchos vecinos me preguntaron: ¿Qué significa esto? Eso es el arte: activar reflexiones sobre nuestra relación con la naturaleza”. Detrás de las figuras también hay una denuncia del cambio climático: “la finalidad es hablar sobre él. Mi manera de hacerlo es la creación de piezas. Quien la mira después va a pensar, a reflexionar sobre ello.”
Las labores de formación, el arte y la restauración que promueve el CIDA han contribuido a revalorizar el alabastro. Con planes de expandir sus actividades y consolidar redes, el Centro ha apostado por utilizar el material para educar, crear conciencia y conectar a Albalate con el mundo. Una manera de apostar por territorios silenciados, que pueden posicionarse nacional e internacionalmente con la atención necesaria.
Este reportaje forma parte del Proyecto de Innovación Docente de la Universidad de Zaragoza (PIIDUZ_2 Consolidados), Comunicar buenas prácticas de desarrollo territorial en la Unión Europea en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Cuarta edición) con “Ellas son campo”.
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