Cosas de críos

Mario Soro//

Durante mucho tiempo, el acoso escolar se banalizó bajo la frase que titula este artículo. Sin embargo, las alarmantes cifras —que no dejan de crecer año tras año— y la especial gravedad de algunos casos han contribuido a cambiar la percepción que la opinión pública tiene sobre este grave problema social.

Sin embargo, todavía queda mucho por mejorar. Iniciativas como la reciente #Échalehuevosalbullying, a pesar de su buena intención, han demostrado que —aunque de forma subconsciente— seguimos teniendo una concepción errónea del bullying en algunos aspectos. En ella, varios tuiteros se rompían dos huevos en la cabeza con el objetivo de visibilizar y concienciar sobre el acoso escolar. Pero el hashtag escogido encerraba un mensaje implícito de culpabilización hacia las víctimas: que lo estaban favoreciendo si no eran lo bastante fuertes para defenderse, que no se debe tolerar. No es justo descargar en los hombros de la víctima el peso de la culpa, ni mucho menos realista dejar entrever que por ella pasa la solución.

Quizá el problema estribe aquí. En que todavía no se acaba de comprender este asunto en su más honda dimensión. Y, en consecuencia, la sociedad todavía no clama para que a los políticos no les quede otra opción que plantarse ante esta lacra. Si echamos la vista atrás, la realidad es que el bullying nunca ha entrado en la agenda de los distintos Gobiernos centrales. Y a nivel regional, tan solo una Comunidad Autónoma, Aragón, ha redoblado esfuerzos para parar esta situación con la creación de un Plan integral contra el bullying de vigencia 2016-2018. De algo parecido a un Plan Nacional, como reivindican numerosas asociaciones de afectados y familias, ni hablamos.

Ante esta desprotección institucional, ha tenido que ser la iniciativa civil la que lidere el problema, como en tantos otros casos. Asociaciones de familias y afectados que emplean su tiempo y su dinero en una excelente obra de buena fe, en ayudar a otros a salir de la terrible situación por la que un día pasaron.

La iniciativa mediática también ha puesto su granito de arena; eso sí, regida en gran medida por una lógica económica. Es el caso del programa de Cuatro Proyecto Bullying que, durante cinco episodios, ha tratado de resolver los correspondientes casos de abuso. A pesar de la posible espectacularización de este acoso, el programa presentado por Jesús Vázquez ha sido un éxito en términos de audiencia social en Twitter —lo que supone una prueba más del interés de la sociedad por este problema—. Englobado dentro de la campaña de Mediaset Se Buscan #Valientes contra el acoso escolar, este programa ha servido para, al menos, sacar el tema a la palestra pública.

Ha quedado demostrado en numerosas ocasiones que los ciudadanos demandamos medidas a la clase política. Solo falta que nos escuchen, para lo cual deberemos formar una sola voz con reivindicaciones muy claras. No caben divisiones en un fenómeno que sigue provocando tanto sufrimiento. Aunque la lucha no está ni mucho menos ganada con el apoyo de las instituciones públicas, sí está perdida si solo la llevan a cabo pequeñas asociaciones. Las escasas herramientas y recursos a su disposición no pueden superar las dificultades que se abren, como el acoso ubicuo que han brindado tecnologías como los smartphones o las redes sociales.

En definitiva, la solución a este problema pasa por nuestros representantes públicos. Entre las medidas a tomar, introducir asignaturas de educación emocional en los centros —detrás de cualquier abusón suelen esconderse sentimientos de frustración, rabia o decepción— o formar a los futuros docentes para sofocar cualquier situación de acoso. En este caso, las “cosas de críos” nos involucran a todos.

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