Lara derrota al bullying

Mario Soro//

El acoso escolar es un túnel oscuro. Al llegar al otro lado, no eres la misma persona. Lara Ferrer (Zaragoza, 1994) condujo su vida hacia la luz, donde ahora muestra sus cicatrices, orgullosa de haber ganado la batalla.

Mayo de 2009. Con el curso escolar en las últimas, se celebra una misa en la pequeña capilla de un colegio concertado. Sentada en los últimos bancos, una adolescente de 15 años luce una estética emo: ropa negra adornada con calaveras, maquillaje oscuro alrededor de los ojos, guantes de rejilla, cabello liso con el flequillo ladeado… Está cansada y desea un momento de tranquilidad y —por qué no— de soledad. Pero quizá eso sea pedir demasiado.

— Qué asco me das…

— Sí, vaya mierda de vida debes de lleva

— ¿Por qué no te suicidas ya?

— Seguro que ni tus padres te quieren…

Cuatro chicos acuden a celebrar su ritual de acoso convertido ya en tradición. Los insultos se combinan con empujones y algún que otro tocamiento, más con el propósito de incomodar a la víctima que con un fin sexual. El hostigamiento cesa con el fin de la eucaristía. En concreto, han sido más de treinta minutos durante los cuales no ha recibido ningún tipo de ayuda: ni de sus compañeros, ni del cuerpo docente, ni del director del centro. Menos mal que falta muy poco para dejar de padecer estas vejaciones.

Ocho años después de ese episodio, poco queda de aquella chica. Aunque Lara sigue recuperándose del acoso, gran parte del camino está andado. Sus primeros años en el colegio ya hacían entrever el choque que se produjo al comienzo de la ESO. Su inteligencia le marcó desde pequeña —en Educación Infantil, le sugirieron que entrara en un centro para superdotados—. Tiene un cociente intelectual superior a la media. Su perspicacia y curiosidad fueron objeto de burla en varias ocasiones: en Primaria, una profesora la tildó de ‘jirafa’ cuando estiró su cuello para ver el contenido de los libros del texto del año siguiente. Una timidez muy acentuada y la falta de sintonía con sus compañeros hicieron el resto. Lara adoptó una estética emo que contrastaba con el estilo ‘cani’ y ‘choni’ que, según ella, imperaba en su centro. Todo lo anterior conformó la excusa para que, en primero de la ESO, comenzara un acoso que se prolongó durante dos cursos más, hasta que se cambió de instituto. Durante todo este tiempo, Lara no le contó nada a sus padres. Incluso en las peores épocas se escondía en casa. Estos solo atisbaban lo que podía estar pasando su hija única cuando, desde el centro, les decían que su acoso no era tal y les instaban a llevarla a un psicólogo —cosa que, finalmente, ocurrió— para “curar” su timidez, “verdadera causa del problema”.  

—  ¿Cómo iba a relacionarme con mis compañeros si me pegaban y acosaban? —lanza al aire, indignada.

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El acoso se prolongó durante tres cursos

 

Lara ha dejado atrás las sombras, tal y como demuestra su camisa blanca con motivos marinos. Además, lleva el pelo corto y castaño con mechas rubias, gafas color violeta, uñas pintadas de rosa y su bolso refleja los colores del arco iris cuando se mueve. Ya no se esconde. No obstante, mientras conversa, se rasca sus ojos marrones por dentro del cristal o se frota las manos de vez en cuando, como sin saber qué hacer con ellas. Queda un poso de timidez en esta chica del zaragozano barrio de San José.

El bullying que sufrió durante tres años no logró apartarla de los estudios. Tras acabar satisfactoriamente la Educación Secundaria y el Bachillerato, Lara realizó dos Grados Superiores relacionados con una de sus grandes pasiones: el mundo audiovisual. Quizá estaba destinada a ello. Sin ir más lejos, su madre la llamó así en honor a Lara Antípova, una de las protagonistas de Doctor Zhivago (1965), película que vio cuando estaba embarazada. Además de contar su experiencia para ayudar a otros escolares, Lara aplica su formación en diversos proyectos de la Asociación Reazyom —de víctimas y familias que sufren o han sufrido acoso— con la que colabora desde sus inicios. En los próximos días, comenzará a grabar un corto que será proyectado en los centros escolares el próximo curso para prevenir el bullying.

En las reuniones con los demás miembros no suele llevar la voz cantante. Prefiere sumergirse en el mundo virtual que le ofrece su smartphone protegido por una funda de corazones con mensajes. Sin embargo, cuando se le pregunta por su visión sobre algún tema, mira a los ojos y responde con serenidad y pragmatismo. Por fin hace oír su voz —con acento indudablemente maño, como manifiesta el ligero alargamiento que realiza de las vocales finales de las palabras—. Poco queda de aquella chica que a duras penas conseguía mantener la mirada en una conversación.

Su historia ha modelado unos gustos en materia audiovisual que tienden a los universos distópicos. Cita la saga de Los juegos del hambre como películas favoritas.

— Supongo que intentar salvar un mundo que está jodido es algo muy mío — agrega, con una sonrisa.

Su creatividad no encaja demasiado bien con el deseo de sus padres: que oposite a una plaza en la Administración Pública. El sueño de Lara es montar su propia empresa de publicidad (la temática del Grado Superior que actualmente cursa; el tercero de su currículum) y fotografía.

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La fotografía ha sido una de las válvulas de escape de esta joven zaragozana

En la asociación, Lara ha encontrado un pilar en el que apoyarse. Se la ve a gusto, especialmente cuando está con su compañera Carmen, psicóloga de profesión, que la contactó por primera vez. Antes, ambas habían coincidido en ‘No al acoso escolar’. Puede que la presidenta de Reazyom viera en la adolescente un álter ego de su hija, que también había pasado por lo mismo. La petición de Carmen fue aceptada y Lara empezó a colaborar. Aunque sus circunstancias personales ayudaron. En los meses previos a la fundación de la asociación, Lara sufrió uno de los episodios de estrés postraumático que de vez en cuando, y casi por sorpresa, la asaltan. Es el precio a pagar por una adolescencia en la que vivió cómo, en una ocasión, sus compañeros trajeron cuchillos a clase con el fin de facilitar su suicidio. Y, a veces, el subconsciente de Lara, aún quejoso, saca a la luz todo el miedo y se convierte en una estatua de sal.

Por aquel entonces, Lara estudiaba en casa con el fin de presentarse a los exámenes de forma presencial. Su habitación, la cual le gusta tener a su gusto, muy ordenada, se convirtió en su refugio contra los avatares del mundo exterior. Le asustaba demasiado sufrir una crisis de ansiedad en plena calle o, peor aún, en clase: demasiada opresión en el pecho, demasiada dificultad para respirar, demasiados mareos. Pero estos síntomas remitieron con un tratamiento farmacológico. Y Lara se encontró en mitad del año escolar compuesta y sin ocupación aparte de sus estudios, por lo que decidió pasar a formar parte de Reazyom —que vio la luz en marzo de 2016—. Poco a poco, se fue integrando plenamente en su estructura. Lara es consciente de que todavía le quedan pasos por dar. Superar su resistencia al cambio es uno de sus mayores retos. Pero es inevitable que lo haga si quiere salir victoriosa de las situaciones que entrañará la vida adulta, a cuyas puertas se encuentra. No hace mucho, un viaje de ocio a Huesca sirvió para romper —en parte— las cadenas que los recuerdos colocan sobre su cuerpo y lo llevan a la inacción.

— Lo llevé mejor de lo que pensaba. Y eso que estuve todo el rato mirando Google Maps para ver dónde había un hospital cerca…

El miedo todavía desempeña un papel en su vida. De momento, Lara no se plantea salir de Zaragoza para trabajar. Aunque admite que es consciente de que otras urbes cuentan con muchas más salidas laborales.

La gallardía que en ocasiones ha demostrado es una prueba de lo que esta chica es capaz de hacer a pleno rendimiento. Cuando el año pasado sus acosadores alquilaron un local para montar fiestas en su propia calle, Lara no dudó en hacerles frente. Las broncas fueron numerosas y acaloradas. Llegó a encararse con ellos. De madrugada. El volumen de la música no la dejaba dormir. Tras más de dos meses de batallas y alguna que otra denuncia ante la Policía Local, Lara obtuvo su particular victoria: el local se cerró. Actualmente, este se encuentra en manos de una empresa.

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Lara contó su experiencia como víctima en las Cortes de Aragón

 

Pero fue el pasado 6 de noviembre cuando dio su mayor prueba de fortaleza. Y lo hizo cuando importaba. Cuando podía ayudar a otros. Ese día, junto a otros dos miembros de la asociación Reazyom —la presidenta y la secretaria—, compareció en una sala de las Cortes de Aragón ante varios diputados. En concreto, ante los que integran la Comisión especial de estudio sobre políticas, medidas y recursos para acabar con el acoso escolar. A pesar de haber meditado esa misma mañana para desterrar los nervios, Lara comenzó titubeante su discurso. Que Aragón TV estuviera retransmitiendo en directo la sesión tampoco ayudaba. Se preguntaba si había hecho mal en rechazar la pastilla de Valium que le habían ofrecido poco antes de comenzar. Sin embargo, se fue soltando con el paso de los minutos. Arrellanada en un institucional sillón negro y arropada por sus compañeras, sus labios, pintados para la ocasión de un rojo intenso, se acercaron al micrófono para contar su historia y lanzar preguntas incómodas a los políticos:

— ¿Por qué habéis mirado hacia otro lado y no habéis hecho nada?

— ¿Por qué mis acosadores son felices y están estudiando mientras yo he sufrido y he tenido que ser tratada?

Lara remató su intervención con una frase que sirvió como titular en prensa: “El sistema ha protegido a los acosadores y no a mí”. Su discurso no solo circuló por los cauces tradicionales de información de la comunidad, sino que medios nacionales como eldiario.es o El Mundo también lo recogieron. Su testimonio ha servido para personalizar el problema del bullying. Para ver que hay salida.

La vida de Lara ha dado un vuelco desde esos fatales días. Ahora está centrada en sus estudios de publicidad y en las sesiones fotográficas que realiza como hobby. Apoyada por sus seres queridos, la asociación y su grupo de amigos del Grado Superior, es capaz de superar los bajones anímicos que solo ocasionalmente sufre. Los próximos meses debe dedicarse a cuidar a su familia: a su madre —quien fue despedida hace poco de su puesto de auxiliar administrativa— y a su padre —a quien le fue diagnosticado cáncer el pasado enero—. Tal y como reza su suéter, es cuestión de actitud: “Your attitude determines your direction”. No hay duda de que Lara tiene experiencia en encajar golpes y, por fin, también las herramientas para ganar el combate.

 

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