CONTINUARÁDESTACADOSEl otro México

Desde el Otro México. Downtown San Diego

Fernando Domínguez Pozos//

Martes 15 de abril, segundo día de asueto por el período vacacional por la semana santa para familias de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos, por lo tanto, los cruces fronterizos en las ciudades de Tijuana, Tecate y Mexicali reportan una alta afluencia de automóviles y transeúntes que buscan cruzar al lado americano para realizar actividades de consumo -comercial y cultural-. El cruce en la ciudad de Tecate se convierte en una opción viable y confortable en contraste con el caótico y siempre sobrecargado cruce de San Ysidro en Tijuana; sin embargo, en estas fechas nadie escapa de un par de horas de fila en automóvil, bordeando el muro de metal oxidado que divide ambas naciones, resguardado por la U.S. Border Patrol del lado norteamericano y por músicos de corridos del lado mexicano. San Diego

En esta ocasión los funcionarios de CBP (Aduanas y Protección Fronteriza, en español) de la frontera de Tecate, parecen retardar un poco más en sus interrogatorios a los automovilistas que llegan a la puerta de acceso final a territorio norteamericano; ciertamente, el discurso que se ha lanzado desde la Casa Blanca y el retorno de Trump se deja sentir en uno de los accesos que anteriormente fueran más confortables para turistas, convirtiendo el proceso en algo que sin llegar a ser hostil, si genera la interrogante en el visitante de si volver a intentarlo. Al pasar la línea fronteriza, y acceder a la ruta 94 que conecta a Tecate con el condado de San Diego, la aventura comienza para quienes buscan un día de esparcimiento, en el país que ha construido su historia con el entertainment. 

San Diego

A tan sólo un promedio de hora y media se encuentra el dowtown de San Diego, una de las zonas financieras, económicas, turísticas, gastronómicas y de entretenimiento más relevantes del sudoeste de Estados Unidos y, con una de la presencia latinoamericana más importante de este vecino país; todo visitante que tiene como objetivo practicar su inglés en esta región, suele no lograrlo, ya que en cada espacio encuentra algún hispanohablante o estadounidense que ha desarrollado habilidades para hablar en un español entrecortado, pero que permite conectar. 

Playball en Petco park 

En San Diego, existe una multiplicidad de opciones multiculturales y de entretenimiento. Esa diversidad está enmarcada por una ciudad que tal como si fuera un enorme set de grabación retrata la vida americana que se envía al mundo, a través del cine y el streaming. Estaciones de bomberos al estilo Station 19, 911 o Chicago Fire; cafeterías con esencia californiana y por supuesto grandes estadios para sus eventos deportivos donde los mejores jugadores del mundo compiten por los títulos de campeones mundiales. Es precisamente uno de esos estadios donde surge el viaje de esta entrega del Otro México; el Petco park, casa de“Los Padres de San Diego”, sin duda la novena de baseball con más esencia mexicoamericana, por su cercanía con la ciudad de Tijuana, por la ubicación fronteriza del equipo y por ser el único de Ligas Mayores de los Estados Unidos cuyo nombre se escribe y pronuncia en español: Los Padres.

San Diego

La ubicación del estadio es tan singular como la estructura del mismo en su interior. En el centro mismo del dowtown de San Diego, a unos metros del Pacífico, con acceso por igual al muelle de la ciudad como de fácil acceso por la free way, se trata de un espacio deportivo donde familias, amigos, norteamericanos, mexicanos, latinos, asiáticos y un sinnúmero de fanáticos acceden al que es considerado por algunos expertos en redes sociales como el estadio de baseball más moderno. El Petco park, sin duda alguna es más que un campo para que jugadores de primera línea practiquen el denominado rey de los deportes; se trata de un espacio de entretenimiento familiar, con una oferta ilimitada de consumo, diversión y esparcimiento para pequeños y grandes. La visita a un evento deportivo en familia, suele ser complicada por la multitudes y en muchas ocasiones por el consumo de bebidas alcohólicas y la pasión de cualquier deporte; sin embargo, el estadio de los Padres en San Diego, ofrece una oportunidad de disfrutar de un juego de gran nivel y de espacios seguros y lúdicos para pequeños, con una versión en escala de un campo de baseball, atracciones donde guantes, bats y demás accesorios de este deporte permiten que las tres o hasta cuatro horas que dura en promedio un partido sean efímeras.

San Diego

En punto de las 18:40 hrs., de ese martes 15 de abril el grito de playball marcó el comienzo de nueve entradas donde Padres y Cachorros disputaban el segundo de una serie de tres partidos. En esta ocasión todos los jugadores portaban el número 42 en sus jerseys, aquel que utilizará el legendario Jackie Robinson; primer jugador de raza negra en grandes ligas. El legado de este jugador es palpable hoy en día con novenas de equipos donde coexisten jugadores de multiplicidad de razas y orígenes, resaltando el singular colorido de los jugadores caribeños (cubanos, dominicanos, venezolanos, puertorriqueños, entre otros), que suelen ser los playmakers para sus aficionados. El juego de la pelota caliente, como lo llaman algunos cronistas, es un deporte donde la paciencia, la fuerza y la inteligencia es palpable; el tiempo no lo marca un cronometro, sino la meticulosidad del pitcher, el acierto del bateador o el error de algún jugador del cuadro o jardín. En Estados Unidos las grandes ligas ofrecen los sueldos más importantes, por encima de sus otros deportes profesionales, seguramente porque un beisbolista es una figura emblemática para una ciudad y su mercado. 

En la baja de la quinta entrada, Many Machado, jugador estelar convierte una de las máximas del baseball, después del error, viene la jugada grande, siendo que después de en dos ocasiones se salvará del out conectará un homerun solitario, lo que hizo estallar el ambiente de poco más de 47 mil espectadores, activó los fuegos artificiales e hizo bailar a pequeños que desde el denominado Gallagher Square, jugaban con enormes pelotas de baseball y disfrutaban de una experiencia que seguramente no olvidarán. 

Con un marcador empatado a 1 carrera, cada entrada se convierte en una oportunidad de recorrer el estadio, de apoyar junto a quien hasta hace apenas unos minutos eran un desconocido, para grabar un video de su jugador favorito, para capturar fotos en los centenares de espacios instagrameables del Petco park o para esperar la fatídica y singular séptima entrada, donde todos entonan “Take Me Out to the Ball Game”. En punto de las 21:30 hrs., el juego continuaba empatado y esto llevaría a los extra innings, ya que este deporte no se acaba con un silbatazo o reloj, sino con un grito de out. Al final el resultado no favoreció el equipo local; sin embargo, los aficionados salieron satisfechos con el espectáculo (dentro y fuera del campo). La salida de más de 40 mil aficionados, puede ser caótico; sin embargo, nuevamente el set estaba preparado para todos. Los automóviles iban abandonando las inmediaciones del estadio paulatinamente, el trolley, permitía a centenares salir de esta zona para acercarse a sus hogares. En contraste, en las cercanías de parkings, algunos homeless, habían colocado sus improvisadas casas de campaña en las que pernoctarían, ya que parte de esta escenografía también es la creciente situación de personas en situación de calle, en un país donde existen múltiples oportunidades, pero también misma cantidad de obstáculos y vicios. 

El retorno hasta la línea para quienes cruzamos al Otro México suele ser contrastante cruce de sur a norte, con equipajes y valijas cargadas del consumo comercial que el amercian life style ofrece, pero también con un consumo cultural relevante, con la multiplicidad de culturas con las que se ha cohabitado por un simple juego de baseball.

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