CONTINUARÁDESTACADOSEl otro México

Desde el Otro México: La Línea

Fernando Domínguez Pozos//

“Información de garita otay RL, por favor…”, “Alguien sabe si se puede cruzar cbx con un pasaporte vencido de 2021 ?? …”, “Buenos días alguien que me pueda decir hasta dónde empieza la línea de SY RL por favor …”, “05:30 San Ysidro debí haber agarrado un café antes de venirme.

Seguiré poniendo mi status de acuerdo donde esté en la línea y la hora …”, son algunas de las publicaciones de usuarios del grupo de facebook “COMO ESTA LA LINEA TIJUANA”, donde las veinticuatro horas del día y los 365 días del año se postean preguntas, afirmaciones, reflexiones, fotografías, memes y demás datos de ciudadanos que van a realizar el cruce fronterizo de la ciudad de Tijuana a San Isidro, California deciden compartir con la esperanza de obtener una orientación que les permita realizar el paso de un país a otro en un tiempo razonable, ya que en ocasiones son hasta seis o más horas las que deben esperar para poder ingresar a territorio norteamericano a través de la frontera más transitada del mundo. 

Imagen_1 El aeropuerto de la ciudad de Tijuana está a una distancia de 16 kilómetros del cruce fronterizo a Estados Unidos, lo que en promedio se puede recorrer en 15 minutos; sin embargo, la auténtica aventura comienza en el momento en que el automovilista se integran a la llamada “línea” (fila de automóviles que van a cruzar a Estados Unidos), cuyo trayecto, si bien no es superior a los 5 kilómetros en promedio, puede tomar desde una hora hasta siete horas o más, por el número de vehículos que deciden cruzar y el limitado número de accesos abiertos por las autoridades norteamericanas, mismas que además se subdividen en carriles especiales denominados: all-trafic, ready line, sentri y acceso especial para servicios médicos y empresariales. El tiempo de espera formado en la línea de cruce, realmente puede desesperar, en fechas de mucha movilidad el avance en auto puede ser equivalente en avanzar un kilómetro en dos horas, lo que equivale a permanecer detenido, observar los rostros de desesperación de otros automovilistas y, sobre todo, el singular ir y venir de vendedores, personas en situación de calle y algunos infiltrados que observan los rostros de desesperación, esperando el momento idóneo de ofrecerte una ayuda -ilegal- para avanzar en tu camino. 

La experiencia de esperar en la línea de la llamada Garita de San Ysidro, sí recomiendo saltarla, ya que el tiempo avanza lento, la sensación de estar atrapado en una cápsula es desesperante, los rostros de pobreza, violencia e incluso de abuso de algunos de los migrantes y vendedores que están a lo largo de la línea que lleva a la puerta de acceso a los Estados Unidos es algo interminable. Venta de comida, cerveza, pulseras, artesanías, dispositivos electrónicos, cigarros, productos de farmacia, seguros de automóviles para el país vecino, recargas telefónicas y hasta bidones de gasolina, para aquellos que han perdido el combustible son tan sólo algunas de las decenas o centenas de acciones que observas a través de la ventana de tu autómovil. En esta fila o línea, convergen mexicanos, asiáticos, americanos, latinoamericanos y todo aquel que desea llegar a la tierra prometida, a ese territorio que para ingresar te solicitan una visa, un pasaporte vigente, un estilo de vida que te permita ingresar y consumir su american life style. 

Imagen_7 La primera y podríamos decir, hasta la tercera hora, el tiempo no parece haber sido largo; sin embargo, la agonía comienza cuando repentinamente el auto delante de ti ha desparecido. Como un acto de magia, uno o dos vehículos que estaban delante de ti, son visitados por un -aparente- vendedor, quien te ofrece apresurar el camino, como un acto de mago, si decides el trato, él comienza su función; primero, captura una fotografía de tu vehículo; segundo, envía esa imagen a través de su teléfono celular a alguien quien al poco tiempo reenvía una imagen; tercero, debes invitar a ese mago a subir contigo; cuarto, sales de la fila denominada all trafic para -magicamente- acceder a una fila “exclusiva” de servicios médicos y/o empresariales; quinto, esa imagen que recibió en su teléfono es el pase a la esclusividad y por último, avanzas por el camino dorado, ese que -legítimamente- no te corresponde, pero que el mago te ha regalado, por un pequeño monto de 120 dólares. Esta práctica es repetida, tres, cuatro o hasta cinco veces en una hora por ese “vendedor” o “mago”, al cual si no decides acceder, únicamente observas repetir el acto, las veces que alguien accede, que el sistema le permite y que su intangible secuaz le permite. 

Y, es que en el acceso a los Estados Unidos, los caminos son diversos. La mayoría de las personas, respetan la fila, mantienen la calma, toman siestas, respiran profundo, discuten por lapsos, se reconcilian más adelante, descienden de sus autos para buscar algún baño, algunos otros, pasan a la parte trasera de sus vehículos y, en botellas o vasos, realizan sus necesidades. El tiempo avanza, el cuerpo tiene necesidades fisiológicas y, metros adelante, una autoridad americana por puerta, se toma el tiempo necesario para permitir y negar el acceso a un país que restringe y complica el acceso a las personas, pero que por igual necesita y recibe a millones de migrantes día a día. 

El camino por la línea parece eterno. Al momento de observar las puertas, reconocer que serás pronto uno de los que logren tocar el timbre de norteamerica y mostrar tus papeles para poder ingresar, la emoción es brutal, pero no por haber llegado a la tierra prometida, sino porque la espera, la cápsula en la que te has embarcado, por fin abrirá y permitirá salir de ella. Mientras más cerca se está del territorio estadounidense, mayor número de personas te ofrecen un último recuerdo, comida de estados del sur, empanadas argentinas, llaveros de alebrijes, alcancías con el rostro de López Obrador o Donald Trump, jorongos, seguros o incluso tarjetas con el teléfono de abogados, especialistas en migración, finalmente todo es necesario. 

Imagen_2El momento de llegada a la última entrevista con el oficial americano, es cansada. Con un español incomprensible, una sonrisa sarcástica y un desdén por la espera, el oficial te pregunta el motivo de tu visita. Para ese momento, el objetivo se ha olvidado, lo único que deseas es llegar a un punto, descender y analizar si la travesía ha valido la pena. Como todo está en orden, el acceso es permitido y, por fin ingresas al país de la bandera de las barras y las estrellas, como si el sonido fuera apagado súbitamente y la imagen que tenías despareciera, todo se modifica. El bullicio de la gente no está más, la pobreza y violencia que veías es canjeado por cámaras y calles perfectamente delineadas, la venta no es más en la calle, sino que se convierte en pequeños malls y outlets, de un primer centro comercial, porque finalmente, lo primero que hay detrás de ese gran muro que divide a Tijuana de San Ysidro, es un lugar de consumo. 

Migrar, es un acto que por naturaleza realiza el ser humano. El migrante es parte de la vida de esta sociedad; sin embargo, en esta particular región del mundo, se ha convertido en una odisea. La narativa de este cronista se da desde un lugar privilegiado, en un autómovil con amenidades y con los documentos necesarios, obtenidos después de años de procesos y entrevistas consulares, pero la verdadera reflexión de esta experiencia está en aquellos que día a día cruzan por un trabajo, por una necesidad económica, de esperar horas en auto o a pie, para tener empleos que en dólares les permite vivir un poco mejor. La reflexión está en todos aquellos que un muro los separa, que vienen de kilómetros y kilómetros al sur, pensando en alcanzar un sueño, sin imaginar que tal vez algunos nunca logren avanzar en esta línea. 

Al otro lado de esta frontera, está una vida cotidiana diferente. Un país que en apariencia tiene todo y, principalmente, una economía como la de California, que es diametralmente opuesta a la de esa gente que vive en la línea.

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