Disco recopilatorio. Biopics musicales – Hollywood Records: all registered reserved

Dani Calavera//

¿Cuáles merecen la pena? ¿Cuáles son una estafa? ¿Y cuáles se han inventado y les han salido mil veces mejor que los reales? El 31 de mayo se estrenó Rocketman, biopic sobre la carrera de Elton John a cargo de Dexter Fletcher, el director de fotografía de Bohemian Rhapsody, auténtico dirigente de aquella en detrimento de Bryan Signer. Que este hombre se haga cargo del film en el que el talentoso Taron Egerton interpreta al desfasado y genial cantante galés no hace sino aumentar en categoría de adjetivo calificativo negativo al film con la etiqueta de «Secuela de Bohemian Rhapsody». 

“A quién quiero engañar… Era yo, ¿vale? Era yo el que está extendiendo el rumor con la esperanza de que se infectara el producto. Pero, os lo digo de corazón, me equivoqué.” 

Rocketman es un espectáculo digno, una extravagancia en forma de auténtico musical donde brillan sus actores, puesta en escena y se ve a un director con la suficiente libertad como para fascinarnos visual y melódicamente en sus mejores momentos, como con el número inicial o el «Cocodrile Rock”. Si podéis, no os la perdáis. Todo en lo que el anterior film sobre Queen fallaba esta lo subsana y engrandece, haciendo que el resultado sea una buena película y divertida.

Ahora bien, ¿De dónde viene tan temperamental cabreo con el anterior biopic de Freddie Mercury? Empecemos hablando de esa gigantesca estafa totalmente carente de personalidad y autenticidad que es Bohemian Rhapsody. Perdón, me controlo. Empecemos hablando de la taquillera Bohemian Rhapsody.

TRACK 1. Bohemian Rhapsody.

La puse a parir. Y a mí me pusieron a parir por ponerla a parir. Pero no pude evitarlo. Soy fan de Freddie Mercury y de Queen desde niño, desde que mi madre me puso el videoclip de I want to break free. Justo antes de entrar al cine dije: «Como la película empiece con el padre de Mercury diciéndole que con esa actitud nunca llegará a nada…la cagamos». No llevábamos ni cinco minutos de película y la cagamos. ¡¿Qué necesidad tenían de coger la historia de uno de los iconos culturales más grandes del siglo XX y transformarla en un torbellino de clichés lavados por la corrección política que nos asola?! ¿Por qué? Pues por lo de siempre, por dinero. Dinero como el que se agenciaron el resto de componentes de la banda a costa del recuerdo del líder. No me meto con ellos, un negocio es un negocio. Pero, en primer lugar, no me creo que todos ellos se portaran tan bien como lo hacen en la película -parecen boy scouts- ni muchos de los hechos relatados que pueden ser contrastados y comprobados como, por ejemplo, cuando se separaron por un tiempo -fue de mutuo acuerdo, después volvieron-; Mercury no les dijo que padecía VIH hasta un año antes de su muerte; el propio Elton John asegura que nunca jamás estuvo en orgías tan salvajes como las que se muestran de Mercury y, que sepamos gracias a entrevistas y documentales, Mercury nunca jamás se arrepintió de su condición sexual. Nunca.

Y llamadme loco, pero en la película se da a entender que el amor de su vida, su exmujer, es la luz y que su homosexualidad es su lado oscuro, el que lo lleva a la perdición y el que da paso a un villano despiadado y malvado del que no había oído hablar casi nadie y que en el film es, básicamente, co-protagonista de la función. ¿Y por qué pasa todo esto? De nuevo, por la corrección. Creemos una película que guste a todos, que haga sonreír y llorar, y pasemos de los hechos desprestigiando la historia en pos de la comercialidad. Hagamos que incluso cuando no está metido, el efecto Disney que asola la taquilla haga mella también aquí. ¿Exagero? Tiendo a hacerlo, pero no puedo evitarlo. Último dato, para que esta primera canción os chirríe como la guitarra más desafiante de Iron Butterfly y su caballo loco: ¿Sabéis por qué Bryan Signer no se lleva ni se llevó los laureles por el film? Porque fue acusado de perversión de menores. Pero, ojo, no lo hagamos público, no vaya a ser que emborrone la imagen clara, cristalina y pulcra de nuestro producto…

Rami Malek interpretando a Freddy Mercury. Fotografía recuperada de El Independiente
Rami Malek interpretando a Freddy Mercury. Fotografía recuperada de El Independiente
TRACK 2. The Doors.

Hará unos 25 años, cuando aún no se padecía el miedo a la libertad de expresión que se padece hoy día, directores que los tenían bien puestos y a los que nadie les chistaba porque eran buenos y fehacientes en su trabajo, como Oliver Stone, se marcaban biopics como el de Jim Morrison con The Doors. Podrá gustar más o menos, podrá entusiasmar o no, pero, al menos, es más respetuoso con la figura del cantante que muchos otros. Y con respeto me refiero a fiel, no a que ponga bien al personaje. Si quieres escuchar la historia de alguien vas a tener que ver sus luces y sus sombras. Nadie quiere que lo compadezcas, quiere que lo escuches; que juzgues o no es decisión tuya como espectador. Pero, para entonces, el film ya habrá terminado. Jim Morrison quizá fuese un cabrón, quizá un genio incomprendido, quizá su búsqueda del misticismo le hizo caer en una espiral de sexo, drogas y rock and roll que lo hizo enloquecer. Sea como fuere, su música vibra con más fuerza gracias a la esforzadísima interpretación de Val Kilmer y la dirección del siempre gran Stone. 

TRACK 3. Amadeus.

Mozart fue la primera gran estrella del rock. Eso cuenta la leyenda. En 1984, Milos Forman quiso adaptar la obra teatral sobre la rivalidad entre el inmortal compositor y genio y su archienemigo en la ficción, Antonio Salieri. Y quiso el fallecido artesano hacerlo a través de actores que no fuesen conocidos, sustituyendo a los teatrales                  -¡Ojo! Hablamos de Tim Curry e Ian McKellen en la versión teatral, ahí es nada- por intérpretes que no fuesen distinguibles para el gran público:Tom Hulce y F. Murray Abraham, este último, ganador del Oscar al mejor actor, uno de los ocho que se llevó el film. Si me dejase llevar por la acusación antes realizada de ser fehaciente a los hechos históricos, Amadeus, inevitable y tristemente, suspendería. Bien sabido es que el film no es nada fiel a la historia. ¿Pero qué sucede? Que esta película es una obra maestra. Quizás contenga el último gran concierto de cámara en estudio filmado en Europa que vio la luz en el Hollywood más resplandeciente y que ya empezaba a ser absorbido a mitad de década por el producto comercial… Y eso hace que el respeto y la veneración le puedan al contraste de hechos. 

TRACK 4. Ray.

¿Hasta qué punto Ray Charles es como nos lo presentan en este biopic por el que Jammie Foxx se llevó el Oscar a mejor actor? Nunca lo sabremos. Conocíamos las adicciones de la estrella, del pianista ciego más relevante del siglo XX con permiso de Stevie Wonder, pero más allá de los escándalos con sus amantes, la vida de Charles nunca fue un circo como quizá lo fueron otras; al menos, no en tan pública medida. Tenemos aquí un film disfrutable que, inevitablemente, cae en clichés dramáticos, sí, pero que en mi opinión sortea con talento gracias a una buena dirección y a una conseguidísima atmósfera en sus actuaciones. En la escena en la que se gesta la inmortal Hit the road, Jack le da mil patadas a muchos otros orígenes de otros tantos nacimientos de piezas clave de la música en el cine.

TRACK 5. Walk the line.

Uno de los mejores y mayores aciertos de casting en la historia de los biopics quizás sea este. Joaquin Phoenix es un intérprete capaz de cargar con toneladas de veracidad cualquier papel que se le ponga por delante. Si, además, a la capacidad del actor ante la cámara le sumamos la imitación de la voz de trueno del legendario cowboy creyente y alcohólico Johnny Cash, la cosa alcanza cotas difícilmente superables. El film no es gran cosa, lo admito, pero Phoenix y su compañera de reparto, Reese Witherspoon .ganadora del Oscar por su papel de mujer clave en la vida de Cash- están tan geniales y llenan tanto el escenario, y el sentido del espectador, que este film entra en nuestro disco gracias a ellos.

TRACK 6. The Rose.

Bette Midler. Con estas dos palabras bastaría para convenceros. La magnífica y, en muchas ocasiones, infravalorada actriz estadounidense ofrece aquí seguramente su mejor interpretación en esta encarnación de una estrella de rock inspirada en la gran Janis Joplin. Y hace honor a todo lo que hace honorable al rock: drogas, sexo y alcohol, pero también búsqueda de la libertad, del amor y de la realización personal. Normalmente, en los biopics musicales la gran baza suele ser la encarnación del actor o actriz protagonista y este caso no es una excepción. Seguramente estemos hablando de la mejor interpretación de esta lista, pero también da la casualidad de que está realmente bien dirigida y escrita, desgarrando al espectador del mismo modo que la vida desgarra a Rose. 

Bette Midler en la película La Rosa. Fotografía recuperada de Diario de una Cinéfila
Bette Midler en la película La Rosa. Fotografía recuperada de Diario de una Cinéfila
TRACK 7. Control.

Que esté la última no significa, ni mucho menos, que sea la peor. Quizás su gran ventaja frente a las demás, su madurez en narración y propuesta, sea también su principal desventaja de cara al gran público. Pocos son los afortunados que han descubierto esta radiografía de los últimos días de vida de Ian Curtis, el líder de los Joy Divison, figura clave del punk inglés. Anton Corbijn, todo un virtuoso del estilo, da en el clavo con la atmósfera de decadencia del genio británico, rodeado de enfermedad, frustración y autoconsciencia de ser un genio en -quizás- un cuerpo equivocado. El caso, y lo mejor de este, es descubrirlo a través de su música y su historia.

BONUS TRACKS.

Me resulta increíble que las mejores películas biográficas sobre cantantes o grupos de música hayan sido sobre cantantes y grupos ficticios. A saber: Acordes y Desacuerdos, de Woody Allen, donde un guitarrista de jazz de los años 30 vive bajo la sombra y admiración de Django Reihart; This is Spinal Tap, de Rob Reiner, un falso documental sobre la decadente banda de rock más ficticia de la historia del rock. Esta película es una auténtica joya que ningún adicto a la música debe perderse. O, por supuesto, la siguiente.

FINAL TRACK. LA MEJOR PELÍCULA QUE JAMÁS SE HA HECHO SOBRE UN GRUPO MUSICAL.

Y no es otra, lo siento, no admito discusión alguna, que Los Commitments.

– ¿Los Commitments?… ¿Cómo se escribe?

– L, O, S.

Con ninguna otra película de su filmografía el magnífico autor irlandés Alan Parker ha brillado tanto ni ha conseguido un resultado tan redondo. En ella todo funciona. ¿Alguna vez habéis tenido ganas de estar en un grupo? ¿Habéis estado en un grupo? Ese sentimiento, ese olor a local cerrado, ensayando hasta la madrugada, manchado de sexo y cerveza, es este maravilloso film que no es sino un adolescente que se muere por vivir mientras se cría en su barrio de Dublín, Soul de Dublín. Tanto éxito tuvieron con sus versiones de clásicos del soul para el film que el grupo ficticio se hizo real para dar conciertos reales a gente real. Y me atrevo a decirlo: la mejor versión que se ha hecho de Try a little Tenderness es la de Los Commitments, superando al mismísimo Otis Redding. Por favor, por lo que más queráis, debéis verla. Y cuando la terminéis, lanzaos a vivir. Como sea, pero vivid. Eso es el Rock, el Soul, el cine y la música. Vivir.

 

Autor: 
Sandra Lario foto Sandra lario nombre

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Crítico de cine en ZTV y Heraldo.es. Creador, presentador y realizador del programa más extra-elegante de cine: «Unas cuantas Pelis». ¿Lo único que importa? Cine, música, escribir, mucho café, cine y música. Apasionado de la música y el cine tanto escrito como realizado, rodado y proyectado. Emocional y moralmente incapaz de escoger un género ¡Todos son buenos mientras sea buen cine!

Twitter Blanca Uson

 

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