El baloncesto europeo que viene… o no
La NBA promete alterar el ecosistema baloncestístico del Viejo Continente, aunque con pocas certezas y muchos inconvenientes.
//Manel Ibáñez Roca @maneliba_
En el baloncesto europeo actualmente hay dos organizaciones que controlan las competiciones continentales: Euroliga y FIBA. La primera gestiona las que son consideradas las mejores competiciones por equipos del continente: Euroliga y Eurocup. La otra, por su parte, tiene bajo control la Basketball Champions League (BCL) y la FIBA Europe Cup. En total, 4 campeonatos que conforman el sistema de competiciones internacionales por equipos en Europa. No obstante, a corto-medio plazo, donde caben cuatro pueden caber cinco con la creación de la NBA Europa.
La NBA Europa es una nueva liga profesional que la propia NBA, en colaboración con FIBA Europa (cuyo presidente es el español Jorge Garbajosa), quiere lanzar para la temporada 2027-28. Su objetivo es ser la mejor del continente y así hacerle la competencia a la número 1 en la actualidad, que es la Euroliga. Este proyecto tendría 10-12 equipos fundadores permanentes y cuatro plazas que se asignarían cada temporada según méritos deportivos: dos desde la BCL y las dos restantes de las ligas nacionales.
La NBA pretende expandirse por todo el mundo por lo que quiere establecerse en Europa. Sin embargo, hay cierta sensación de improvisación y de desconocimiento del baloncesto en nuestro continente. Principalmente, de la cultura de este deporte existente y de su importancia en algunos países y ciudades. El nuevo proyecto busca adaptarse al baloncesto europeo e integrar el modelo de negocio americano en un ecosistema más que contrastado y de calidad. Para “ayudar” al baloncesto europeo, la NBA Europa parece estar más cerca de hacerle un flaco favor.
¿Dinero o tradición?
En primer lugar, NBA y FIBA empiezan cometiendo un grave error en el pilar principal de la nueva competición: los equipos participantes. El comisionado de la NBA, Adam Silver, en una entrevista al medio italiano La Gazzetta dello Sport, avanzó cuales serían las 12 ciudades cuyos equipos serían los fundadores permanentes: Madrid, Barcelona, Milán, Roma, Londres, Manchester, París, Lyon, Berlín, Múnich, Atenas y Estambul. A diferencia de la Euroliga, llama la atención la presencia de las ciudades británicas de Manchester y Londres y, a su vez, la ausencia de ciudades como Kaunas (Lituania) o Belgrado (Serbia).
La pregunta es clara: ¿dinero o tradición? Hace años que Londres es el ojito derecho de la NBA en Europa para acoger sus partidos internacionales. No obstante, se dio un paso más en septiembre de 2025 cuando el gobierno británico y la NBA acordaron invertir 11,5 millones de euros para impulsar el básquet en Inglaterra a partir de 2026. El plan, que se enmarca dentro del Community Sport Facilities Programme, incluye el desarrollo de pistas comunitarias y la apertura del deporte a colectivos poco representados, como mujeres, personas con discapacidad y minorías étnicas. ¿El objetivo? potenciar el baloncesto en Reino Unido. Mientras tanto, la realidad es que Reino Unido está situada en la 44ª posición del ranking FIBA y nunca han tenido una presencia notoria en las competiciones continentales. En Manchester, el City Group aportaría mucho músculo financiero y en Londres habría grandes inversores interesados, además de un pabellón moderno como el 02 Arena (capacidad para 15.000 espectadores). Poderoso caballero es don dinero.
En contraposición, Kaunas (Zalgiris) y Belgrado (Estrella Roja y Partizan) -a priori- se quedan fuera. Y no hay lugar en Europa donde el baloncesto sea más sagrado que en estas ciudades y países. En Lituania se habla de una segunda religión. Pocas ciudades como Kaunas consiguen meter 15.000 personas en un pabellón cada semana. Han acogido la Final 4 de Euroliga, Eurobasket, y grandes jugadores y leyendas como Arvydas Sabonis, su hijo Domantas y Jonas Valanciunas son lituanos. Actualmente ocupan la 9ª posición del ranking FIBA, mientras Serbia se sitúa en 3ª plaza.

No hay país donde el ambiente sea más caliente que en Serbia. El baloncesto en Serbia es mucho más que un deporte, es un componente fundamental de la identidad nacional, la cultura popular y una filosofía de vida. Se dice que en Belgrado se respira baloncesto por todas partes. Una leyenda europea de los banquillos como Zeljko Obradovic es como un “santo”. Los serbios siempre están arriba en los campeonatos y la producción de jugadores élite es constante: Nikola Jokic ha sido 3 veces MVP de la NBA. No hay debate.
¿Un modelo seguro?
A diferencia de Estados Unidos, el baloncesto en el Viejo Continente es sinónimo de pasión. El dinero, como en todo, tiene su importancia, pero el vínculo que se crea y el sentimiento de pertenencia es más importante en Europa. Nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, el AS Mónaco, pese a tener un propietario muy potente como el ruso Alexey Fedorychev, se encuentra en una situación económica crítica y sin apoyo social.
La NBA y su comisionado Adam Silver no lo comprenden y apuestan por dar plazas a nuevos equipos con propietarios sin tradición baloncestística. Tal y como admitió el propio Silver, están interesados en que se unan “clubes de fútbol sin tradición entre canastas”, haciendo referencia a PSG (París), Roma y Manchester (City). O también quisieran “fondos de inversión más tradicionales, con experiencia en deportes, y otros fondos de capital privado locales más tradicionales que consideran el deporte como una clase de activo”, explicó en un encuentro con la prensa en Londres. Puro negocio.

La inversión inicial para entrar a la liga será muy importante, pues Bloomberg calculó a principios de año que la NBA podría solicitar hasta 1.500 millones de dólares para adquirir los derechos de una franquicia en la NBA Europa. Algo que ya avisó el comisionado de la NBA: “Habrá una tarifa de entrada, y será elevada”. Una inversión que no tendrá un retorno rápido ni asegurado. “Creo que, como en cualquier startup, los participantes serían los inversores y, con el tiempo, esperarían obtener una rentabilidad… Si logramos lanzar esta nueva liga con éxito, tardará un tiempo en convertirse en una empresa comercial viable”, dijo Adam Silver.
Europa no es Estados Unidos
La NBA es una liga completamente cerrada; eso en Europa no sucede. Las cosas se ganan en la pista. La NBA es una empresa en sí misma. No existen los ascensos ni por consiguiente los descensos, se paga un canon de acceso y ya estás en la liga; los requisitos financieros sólo se examinan al principio. En la NBA no hay clubes, solo hay franquicias; el modelo de la liga estadounidense es 100% empresa. Esto es muy importante a la hora de comparar los recursos económicos de ambas ligas, ya que la NBA aparte de patrocinios muy grandes tiene un gran fondo de inversores.
El modelo europeo, en cambio, es mucho más arraigado, tradicional. El parqué ‘manda’, dictamina cuál es tu realidad. No se puede pagar en dinero. Además de lo deportivo, los clubes tienen que cumplir ciertos requisitos cada año. En Europa casi todo se basa en lo que sucede en la pista y en la grada, con la pasión de los aficionados; mientras que en Estados Unidos el espectáculo y lo verdaderamente importante para ellos está fuera del rectángulo.
La NBA quiere entrometerse y no debería. Nadie le ha suplicado ayuda. El baloncesto europeo se encuentra en un buen momento de salud (solo hay que ver el papel de los europeos en la NBA). En la vida, a veces, es mejor hacer camino cada uno por su lado y convivir felizmente. El modelo del baloncesto en Europa funciona y ofrece un gran espectáculo; y en Estados Unidos, la NBA tiene un éxito incuestionable que, no obstante, no encaja con la filosofía europea. Que cada uno disfrute lo que tiene y que no quieran hacer suyo lo ajeno.
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