La tragedia de doblar papel

Albert Alexandre//

“Estoy avanzado a mi tiempo”, afirma sin titubear el director de la Escuela Museo de Origami de Zaragoza (EMOZ). “La papiroflexia dentro de 50 años será considerada un arte”, continúa. Cuesta creerlo, pero Jorge Pardo insiste: “La gente pensará: ¿Cómo no podíamos darnos cuenta de que al Origami es un arte a la altura de la escultura o la pintura?”. La convicción con la que expresa esta idea hace que parezca muy real. Quizás es cierto que, en un futuro, el MoMa o Guggenheim albergarán exposiciones permanentes de origami. De momento, para la mayoría se trata de “eso de las pajaritas de papel”.

A juzgar por su origen y su historia, debemos un respeto a la papiroflexia o el origami -según los expertos, palabras sinónimas-. El origen no está muy claro; la historia es compleja.

En el siglo II d.C., el eunuco imperial de China, Cai Lun, inventó el papel. Este desarrollo no llegaría a Europa hasta siglos después: la primera muestra de papel que se conserva en el Continente es una carta árabe fechada en el año 806. En la Península Ibérica no sería hasta el 1036 cuando el papel irrumpiría en el territorio de la mano del islam.

En cuanto al origami, que en su origen japonés significa doblar (ori) y papel (kami), no se conoce fecha fundacional. Sabemos que, desde hace muchos siglos, los humanos se han dedicado a doblar cosas: papiros, pergaminos o papel amate en el caso de los mayas. Lo que no queda claro es cuándo se empezó a doblar con un objetivo estético, ni dónde ocurrió eso. La hipótesis más factible es que tanto en China, Japón y Corea, como en Europa y Oriente Medio, el doblado de papel evolucionó de forma paralela pero sin contacto alguno, hasta que en el siglo XII se registran los primeros origamis.   

En el período Heian de la historia japonesa que recorre el siglo XII se encuentran los primeros doblados artísticos, aunque se sospecha que el origen del origami podría ser incluso tres siglos antes. Eran las familias nobles de la época quienes lo usaban en las ceremonias como símbolo de su posición económica. Cada familia tenía su propio estandarte, el emblema familiar, representado con hojas de papel minuciosamente dobladas.

En la misma época, en Europa, este arte llegó con los árabes. En la religión de Mahoma la representación de figuras humanas y animales es considerada blasfemia y por este motivo exploraron otras formas dentro de la papiroflexia: “La investigación geométrica y el estudio matemático en el doblado de papel árabe acabaría confluyendo con la arquitectura”, afirma uno de los paneles informativos que recorren el único museo de origami del mundo, ubicado en Zaragoza. No fue hasta hace 100 años que ambas ramas, la oriental y la occidental, confluyeron. Desde entonces no han dejado de retroalimentarse. En el mundo hispanohablante fue Miguel de Unamuno quien lo puso de moda. El reputado escritor llegó a escribir un tratado sobre el tema llamado “cocotología”.

Pese a los esfuerzos de personas como Jorge Pardo, actualmente el origami es visto como un juego de criaturas. “No es así en todo el mundo”, dice el director del EMOZ. “En países como Japón o Corea del Sur, la papiroflexia tiene mucho más pedigrí”, añade. Cuesta creer hasta que visitamos la última sala del museo ubicado en el barrio de la Madalena de Zaragoza. Pardo enseña unos manuales escolares de Corea con los que los alumnos de distintos cursos aprenden a doblar papel. Se parecen -o mejor decir, son casi idénticos- a los que utilizan los escolares europeos para aprender a hacer multiplicaciones, sumas, ecuaciones o divisiones.

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Manuales escolares de Origami coreanos

En esa última sala -que se emplea semanalmente para impartir talleres de origami- también hay expuestas fotografías del propio Pardo con distintas autoridades estatales: miembros de la familia real, políticos y otros expertos que parecen muy autorizados.

“He hecho algunos viajes por el mundo para asistir a congresos de papiroflexia”, afirma. Sin embargo, le cuesta reconocer -pues hay algo de modestia cuando habla de sí mismo- que es uno de los mayores expertos mundiales vivos del origami. De hecho, es una de las mayores autoridades del planeta -si no la mayor- en el llamado plegado modular, es decir, las figuras de papel que se construyen a partir de muchas figuras de papel. En el mismo museo hay una obra de su autoría que está creada con 16.000 hojas de Dina A5. “Siempre llevo unas hojas en el bolsillo y cuando tengo un rato libre voy plegándolas”, dice Jorge. Al fin las une todas para crear una gran estructura.

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Pieza de Jorge Pardo llamada Sol

Plegado elemental, el que se hace con una sola hoja y que da formas sencilla; plegado esencial, el que se hace igualmente con una hoja, pero tiene una intención escultórica; plegado geométrico, el que busca representar estructuras matemáticas; plegado hiperrealista, el que reproduce de la forma más detallada posible objetos tanto animados como sin vida; plegado orgánico, el que imita formas y estructuras biológicas sin voluntad geométrica; y plegado escultórico, el que, por medio de redondeos y contra-redondeos, pliegues y contra-pliegues y todo con la máxima de solo plegar, puede producir grandes figuras.

Como en todos los artes en el origami también hay técnicas, escuelas y maestros. Hay también grandes obras. “Recientemente hemos tenido en exposición una sala completa en la que, con papel, se representaba un fondo marino”, asegura. Las fotos de esta obra que ha abandonado el EMOZ rumbo a Francia son impresionantes.

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El EMOZ es un recorrido por la historia y las corrientes de la papiroflexia, el templo de toda una tradición o la Meca de quien esculpe a papel. Podría parecer exagerado, pero según comenta Jorge Pardo “en Japón solo hay un museo en medio de las montañas que no tiene ni de lejos la importancia que tiene el de Zaragoza”. Y, pese a ser único, Pardo afirma que “puede que el museo desaparezca”. “No nos podemos financiar”, justifica. Lo dice apesadumbrado mientras relata las dificultades que tiene con las administraciones públicas para obtener subvenciones.

“Tenía que intentarlo. Cobré una indemnización por ese tema de las cláusulas suelo, dejé mi trabajo y monté el museo. Llevo 4 años sin vacaciones, muchos meses no cobro y he perdido más de 100.000 euros… el problema es que el museo no da rendimiento”, sentencia cuando le pregunto si sus amigos entienden lo que hace. “Zaragoza no se da cuenta de lo que tiene… pero bueno, aquí tantos trenes hemos perdido que este sería uno más”, añade.

Hay algo trágico en el origami. Jorge Pardo no sabe si su museo sobrevivirá y sigue dedicándole los siete días de la semana. “Aunque nadie se da cuenta, Eric Joisel es un artista de la talla de Van Gogh”, afirma contundente el director del EMOZ. Habla de uno de los plegadores más importantes de la historia del origami, toda una eminencia y referente para Pardo. Este artista francés estudió Derecho pero, en los años 80, después de descubrir la obra de Yoshizawa -el padre del origami moderno que en el siglo XX convirtió un simple pasatiempo infantil en arte- dejó su trabajo para dedicarse plenamente al plegado. Llegó a dominar numerosas técnicas hasta el punto de convertirse en un revolucionario de la rama escultórica y alcanzar cotas de perfección inauditas en el plegado hiperrealista.

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Piezas de la obra de Eric Joisel

“Murió el 10 de octubre de 2010”, comenta Pardo como queriendo dar a la coincidencia numérica un valor más allá de lo casual. “Justo antes en el EMOZ le habíamos comprado gran parte de sus piezas… se estaba muriendo de cáncer y no tenía dinero ni para vivir“, lamenta. Pese a que Joisel fue galardonado con los premios más destacados del mundo del Origami, pese a que llegó a impartir 20.000 horas de formación para aprendices, pese a que por sus clases pasaron medio millón de alumnos, pese a todo, la precariedad siempre fue su compañera de viaje. “Malvivía dando clases de papiroflexia en las casas de los ricos de París”, explica Pardo.

“Era una persona excepcional… más allá de ser un genio, era una persona muy amable”, indica Pardo. “Quería darnos de forma gratuita sus piezas porque sabía que en el EMOZ era donde debían estar, sin embargo, decidí pagarle algo por sus obras… la más cara me costó 1.000 euros. De todos modos sé que en 50 años el arte de Joisel valdrá millones de euros”. Lo dice mientras habla con fervor del Gandalf de Joisel, una reproducción del mago de la saga del Señor de los Anillos hecha en papel; una suerte jarrón con flores de la cultura pop.

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Pieza de Eric Joisel

Se hace difícil pensar en Joisel como un Picasso del papel. Sería bello creerlo a pies juntillas. También sería bonito pensar en un mundo en el que el arte del plegado se enseñara en los colegios, un mundo en el que en lugar de mirar el móvil por la calle la gente doblara papel compulsivamente.

En la era digital y veloz se hace difícil pensar que la papiroflexia, el origami, tenga alguna opción de convertirse en hegemónico. Una actividad que obliga tiempo, dedicación y precisión no parece estar hecha para nuestros días. Con todo, puede que sea en las propias nuevas tecnologías donde el plegado encuentra su supervivencia. Tal y como muestra el EMOZ, hay artistas del origami como Robert Lang que intentan aunar ciencia y plegado de papel. Lang da charlas para el TED -sinónimo moderno del éxito- explicando cómo las estructuras de plegado practicadas en la papiroflexia pueden emplearse en el mundo de la medicina o las telecomunicaciones para construir máquinas más eficientes. En el EMOZ se enseña un brazo robótico cuya mano se pliega con una figura de papel de origami para introducirse dentro del cuerpo y luego se despliega para operar al paciente. Parece que ese es el futuro de una artesanía centenaria.

Autor:

silvia laboreolinea decorativa

Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, tiene un Máster en Creación Literaria y otro en Literatura, Arte y Pensamiento de la Universidad Pompeu Fabra. Ha colaborado en medios como Cultura Colectiva, Culturamas, Código Nuevo, Vice, Arainfo o El Cotidiano. También coordinó durante 2 años la revista de literatura Acrocorinto y actualmente trata de terminar su primera novela mientras aprende el oficio del periodismo.

Twitter Blanca Uson

 

2 comentarios sobre “La tragedia de doblar papel

  • el 11 enero, 2018 a las 3:35 pm
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    Que pena, el arte de Papiroflexia es para mentes jóvenes, yo aprendí sin enseñarme a los 7 años,ahora a los 93 después de hacerlo bien con el profesor cuándo quiero repetirlo sola no puedo pasar del tercero o cuarto plegado, hay algún truquillo que pueda mejorar el trabajo. Agradeceré la información, gracias anticipadas

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    • el 16 enero, 2018 a las 10:08 pm
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      Hola Laura, yo también soy un gran aficionado al origami. Si lo que te falla es el recordar los pasos, el truco es sencillo, repetir la figura varias veces seguidas, acabarás interiorizando los pasos. También se me ocurre que podrías grabarte cuando lo haces con profesor para después revisarlo si te pierdes, o apuntarte los pasos a modo de manual de instrucciones, esto ultimo es lo que yo hago. A mi también me ocurre el olvidar alguna figura que hace tiempo que no hago. Cuestión de practica! Suerte!

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