Proyecto Lázaro: la vida después de la vida

Sandra Lario//

¿Pueden los avances médicos y tecnológicos devolver a un ser humano a la vida después de su propia muerte? Y, al margen de ello, ¿puede el ser humano tomar esa nueva vida y hacerla suya sin que el vacío de lo que deja atrás corrompa su esperanza de ser eterno? Proyecto Lázaro, la última apuesta del guionista y director Mateo Gil, estrenada en las pantallas españolas el pasado 13 de enero, nos sumerge en una reflexión existencialista e intimista emplazada en el futuro

La vida después de la muerte, la vida sin la muerte. La inmortalidad, el regreso a la vida. Seres humanos en una carrera de fondo contra los ritmos biológicos de su propio organismo, desfondados y exhaustos hasta dar la zancada por delante de su naturaleza biológica. Ser impunes al tiempo y a la enfermedad…¿Pero a qué precio?

Marc Jarvis Tom Hughestiene 32 años, un cáncer terminal de garganta y un diagnóstico de un solo año más de vida que trepa por dentro de su cuerpo día a día hasta ahogarle en la idea de la muerte próxima, como un tsunami que acabará destruyendo todo lo que ahora constituye su mundo y sepultándole a él consigo. Hasta que a su abanico de posibilidades mínimas entre la muerte y la muerte llega la criogenización y decide conservar su cuerpo de esta manera con el fin de ser resucitado cuando la tecnología y la ciencia hayan avanzado hasta poder devolverle a la vida sin enfermedad, sin cuenta atrás.

Así, Marc abre de nuevo los ojos en 2084 siendo el primer ser humano “resucitado” de la Historia por obra del equipo médico del doctor West —Barry Ward—, perteneciente a la compañía más potente en el campo de los avances médicos, en la que el verdadero fin es caminar hacia la inmortalidad de los humanos utilizando los cuerpos criogenizados como laboratorio de pruebas.

 

Han pasado 69 años y el cuerpo de Marc con un porcentaje bastante menor de órganos originales que de órganos reconstruidos artificialmente es frágil, pero está científicamente vivo.  ¿Hasta qué punto se puede estar vivo cuando la vida ha quedado atrás?

Mateo Gil nos presenta una historia intimista y reflexiva bajo el envoltorio de la ciencia ficción que orquesta el film, un drama futurista estructurado en dos tiempos que se intercalan haciendo que la vida del protagonista pase ante sus ojos y los del espectador con el soporte de una voz en off que le otorga un discurso narrativo más profundo. Con un Hughes al que quizá le falte empuje a la hora de transmitir pero que se ve respaldado en esta tarea por su drama personal y la interpretación de su compañera Oona Chaplin, el gran amor de Marc, la trama nos va involucrando emocionalmente en el dilema de la necesidad de aceptar la muerte como final a una vida plena o de arriesgarse a esquivarla a cualquier precio.

Gil coguionista de Abre los ojos (1997) y Mar adentro (2004) con Amenabar, y director de Nadie conoce a nadie (1999) y Blackthorn (2011)— ahonda en el trasfondo emocional que rodea a esos avances científicos y tecnológicos que conseguirían traer de nuevo a la vida a quien en su tiempo estuvo abocado a la muerte: la soledad de despertar en un tiempo distinto, en una vida propia y ajena al mismo tiempo.

Jarvis, artista visual, un niño que amó desde pequeño la vida en todas sus manifestaciones y sufrió viendo como ésta se apagaba irremediablemente cada día en un cuerpo a su alrededor, quiere vivir a toda costa. Vivir ha sido hasta ahora brindar con sus amigos, llevar su oficio a lo más alto, zambullirse en el mar, sentir a sus padres y amar a destiempo, pero constantemente, a Naomi —Oona Chaplin—. ¿Qué quedará de esta vida después de la vida? ¿Merecerá la pena? ¿Está preparado un ser humano para despertar en un futuro en el que lo único auténtico que mantiene son sus recuerdos?

 

Autora:

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Llevo 23 años en el mundo. Desde hace unos cuantos lo capturo a través de fotos y palabras para mostrar el alma y el rostro de nosotros mismos. He estudiado periodismo y fotografía y defiendo la poesía como primer y último recurso.

Twitter Blanca Uson


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