Las elecciones parlamentarias en Serbia, termómetro y test del pokret estudiantil
Las elecciones parlamentarias anticipadas previstas para el 25 de octubre de 2026 se celebran en un contexto de profundas turbulencias políticas, institucionales y sociales en Serbia. El poder podría cambiar de manos tras nueve años de Aleksandar Vučić. En realidad, es más tiempo, pues desde 2012 no ha sido ajeno al gobierno: ministro de defensa (2012-2013), viceprimer ministro (2012-2014) primer ministro (2014-2017) y presidente (2017-2026). Antes de iniciar su carrera política trabajó siempre al servicio de esta como locutor en Kanal S en Pale, la capital política de los serbobosnios comandados por el Radovan Karadžić, quien hoy cumple cadena perpetua en Albany (isla de Wight, Reino Unido). El Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) lo condenó por un rosario de delitos que incluyen genocidio, persecución, exterminio, asesinato, deportación forzosa de personas y toma de rehenes.
//Antonio F. Rando Casermeiro
En plena guerra se encontraba un Aleksandar todavía pipiolo, pero con las ideas claras. Bajo los micrófonos de Kanal S, las consignas estaban al servicio del liderazgo serbobosnio a través de la propaganda, la manipulación informativa y la desinformación nacionalista, que pasaba por lo habitual en la extrema derecha: presentar a los serbios de bosnia como un pueblo amenazado de extinción por los musulmanes. Presentaban a los serbios como una comunidad amenazada, por ello se justificaban las acciones criminales de las fuerzas serbobosnias. Además, se difundía información falsa o distorsionada sobre el enemigo y se desacreditaba a los dirigentes, políticos, integrantes de la sociedad civil y medios que cuestionaban el relato oficial.
Tal currículum impresionó a los de recursos humanos del ultraderechista SRS (Partido Radical de Serbia) de Vojislav Šešelj: diputado, defensor de una gran Serbia a costa de los bosniomusulmanes y croatas, reclutador de voluntarios para la guerra, emisor de discursos promotores de la depuración étnica y de incitación al odio. El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY), en primera instancia, no consideró que las abrasivas soflamas de Vojislav Šešelj hubieran contribuido a la comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad. Sin embargo, en 2018, la Sala de Apelaciones revocó parcialmente aquella absolución y lo condenó a diez años de prisión por instigar la deportación, la persecución y otros actos inhumanos contra los croatas de la localidad de Hrtkovci, en Voivodina al norte de Serbia. La pena se dio por cumplida debido al tiempo que ya había pasado detenido.
Los pinitos de Vučić en la política
Volviendo a Vučić, fue diputado desde 1993 por el SRS, secretario general de dicho partido y ministro de Información entre 1998 y 2000, durante el gobierno de coalición dirigido por Marjanović con Slobodan Milošević en la presidencia de Yugoslavia (lo que quedaba de la de Tito, integrada sólo por las repúblicas de Serbia y Montenegro). Su adhesión a la política de limpieza étnica de los serbobosnios durante la guerra quedó registrada en sus declaraciones, donde un joven Aleksander aseguraba que matarían a cien musulmanes por cada serbio muerto.
Tras vegetar en la oposición como diputado a la caída de Milošević en 2000, el hoy veterano político fue ascendiendo de forma paulatina en la sombra hasta convertirse en el líder indiscutible del Partido Progresista Serbio (SNS) desde 2012 y del país desde 2017. Su gobierno ha convertido a Serbia en un régimen político que no puede considerarse democracia plena sino un régimen híbrido. Caracterizado por la concentración de poder, caudillismo personalista, la puesta de los recursos del Estado al servicio de su partido, manipulación electoral, persecución a la oposición y control omnímodo de los medios de comunicación, sin temblarle la mano para tirar de matonismo, palizas, atropellos, coacciones, desinformación a cualquiera que le cuestione. Los estudiantes y su pokret se han llevado todo palos y cero zanahorias.
Convocatoria de elecciones y una sustituta sorprendente “preparada”: Ana Brnabić
En junio, el hoy candidato a dirigir el gobierno como premjer (primer ministro) sorprendió a muchos al anunciar, de manera más bien críptica, que aquellos días podrían ser los últimos de su mandato. Dimitió y propuso una lista para las elecciones parlamentarias de este octubre con el nombre Ujedinjena Srbija (Serbia Unida) para cambiar a mejor Serbia (como si él no fuera el responsable de cómo está ahora). El 28 de septiembre se produjo la dimisión oficial y la convocatoria de comicios. Mientras tanto, su mano derecha Ana Brnabić ha sido la encargada de ocupar su puesto en funciones.
Lo de Brnabić es difícil de entender, no porque sea la aliada natural, sino porque una mujer con tal trayectoria trabaje con Vučić, un populista ultranacionalista, polémico, bravucón, muy apparatchik. Ana contrasta con su jefe en su alta preparación (grado en Administración de Empresas en la Universidad de Northwood en Estados Unidos y MBA en la universidad de Hull en Reino Unido) y su trayectoria profesional en cargos técnicos en el sector privado vinculados con organizaciones internacionales y proyectos de modernización económica y administrativa. También, es la fundadora de la ONG PEXIM, que beca a estudiantes de Serbia y Macedonia del Norte en la Universidad de Cambridge con el objetivo regresar a sus países y contribuir a al desarrollo local.
Sus méritos la hicieron justa acreedora de ocupar cargos como ministra de Administración Pública y Autogobierno Local, y primera ministra, siendo la primera mujer en conseguirlo en Serbia con el ingrediente de ser abiertamente lesbiana en una homófoba Serbia. Situación a la que Vučić ha contribuido no poco con sus declaraciones en contra del matrimonio igualitario, el reconocimiento de un tercer género, la celebración del Orgullo o a la exhibición de la bandera LGTBQ+.
¿De dónde la ha sacado el candidato Vučić? El decenio ilusionante de Đinđić- Tadić (2001-2012)
Vučić extrajo a Ana Brnabić del sector privado y la puso al frente del Gobierno en 2017. Reunía varias ventajas: europeísta, tecnocrática de Serbia, nada política, moderna, lesbiana, ajena al SNS, por lo que se aseguraba pleno control sobre ella y fidelidad. Es la cara que la Unión Europea desea ver. De hecho, tal parece que la muy “preparada” Brnabić haya sido reclutada de la oposición: da la impresión más de ser una figura ligada a los gobiernos progresistas (los de verdad, no los del SNS, cuya “n” viene de napredna, que significa, precisamente “progresista”), proeuropeos, modernizadores, que colocaron a Serbia en la senda de la modernización y que fueron derrotados por el SNS. Aquellos once esperanzadores años (2001-2012), encabezados por Zoran Đinđić, primer ministro en 2001 a 2003, hasta que Boris Tadić perdió las elecciones presidenciales en 2012. Đinđić fue asesinado por su voluntad reformista, a tiros en plena calle por grupos mafiosos siempre presentes en Serbia. Tadić tomó el relevo y buena nota y echó el freno un poco: el asesinato de su compañero de partido pesó bastante. Con todo, los avances del tándem Đinđić- Tadić están fuera de duda: nunca estuvo Serbia más cerca de la Unión Europea.
Bajo su dirección, Serbia obtuvo el estatus de país candidato a la Unión Europea, la supresión de visados Schengen para ciudadanos serbios en diciembre de 2009, la solicitud formal de adhesión a la UE en diciembre del mismo año, la firma del Acuerdo de Estabilización y Asociación con la UE en 2008 (entró en Vigo en 2013), que implica financiación comunitaria para llevar a cabo las reformas pertinentes para la adhesión, la detención y puesta a disposición del TPIY de Radovan Karadžić, Goran Hadžić y Ratko Mladić, fallecido en agosto de 2026. La colaboración con el TPIY es uno de los requisitos específicos de Serbia de cara a la adhesión (como lo fue, también para Croacia, Montenegro y BiH, esta última con otros condicionantes).
Vučić, en cambio, ha vuelto al milosevismo: confrontó con Kosovo moviendo el ejército a la frontera, se puso hecho una furia en 2024 cuando se instituye el “Día Internacional de Reflexión y Conmemoración del Genocidio de Srebrenica” en 2024 o la glorificación de Ratko Mladić como héroe en su funeral en octubre de 2026, con mítines que recuerdan a una procesión a Lourdes en versión estampitas, banderas, insignias y efigies del criminal de guerra. Ello enfadó a los líderes de la UE por los desmanes de una Serbia que quiere formar parte de la UE pero que parece empeñada en hacer lo contrario de lo que esta estipula.
El hoy simple ciudadano Aleksandar Vučić se presenta como candidato a primer ministro, convirtiendo la campaña en una prueba decisiva para la continuidad del sistema político construido en torno al SNS. Desde 2023, cuando también se celebraron elecciones parlamentarias, todo indicaba que el expresidente se tambaleaba, pero volvía a renacer, asistido por su carisma y potencia electoral no ajena, por otra parte al amaño electoral y a la utilización del Estado clientelar como medio de campaña, todo ello flotando en un mar de corrupción que, lejos de disminuir como pide con hastío y aburrimiento la UE, aumenta.
Todo comenzó con un desplome de nueva y flamante infraestructura
Los antecedentes inmediatos de la (enésima) crisis se ubican en el derrumbe de la marquesina de la estación ferroviaria de Novi Sad en 2024, que provocó dieciséis fallecidos y desencadenó una oleada de protestas estudiantiles y ciudadanas que retomaron y articularon un descontento de años, que el presidente no supo calibrar: como de costumbre, pensó que el tiempo, la represión y una oposición desunida y perseguida lo curarían todo. No fue así. Hoy son actores decisivos de la campaña desde que comenzaron fundando un pokret (movimiento) transversal que permeó todos los sectores de la sociedad serbia.
Las movilizaciones demandaban lo que siempre estuvo latente y no prosperó por el poco éxito del sinnúmero de sopas de siglas opositoras: transparencia, responsabilidades políticas y judiciales, y el fin de la impunidad, no sólo sacrificar cargos. Vučić decidió capear el temporal sacrificando peones: Goran Vesić, ministro de construcción, transportes e infraestructuras, dimitió en noviembre de 2024. Tomislav Momirović, que había ocupado ese mismo ministerio y era entonces ministro de Comercio, también dimitió aquel mes. Ambos fueron procesados por corrupción en proyectos ferroviarios. Hoy, la investigación seguía abierta y ambos ni arresto domiciliario padecen. Como la gente, lógico, no se lo tragaba, se decidió seguir echando cabezas a la pira. Así, en enero de 2025 cayeron otras dos figuras: Miloš Vučević, primer ministro y presidente del Partido Progresista Serbio (SNS), y Milan Đurić, alcalde de Novi Sad. Sus dimisiones llegaron tras la prolongación de las protestas y la agresión a estudiantes en la ciudad por matones del gobierno. Vučević continuó al frente del SNS; Đurić pasó a ocupar un puesto en el consejo de administración de la petrolera NIS. Así, da gusto que te echen.
El accidente y la reacción del gobierno, tratando a la población como idiotas, fungió como símbolo del deterioro institucional, la corrupción y la falta de rendición de cuentas del gobierno en un país que tiempo ha cayó en las simas de los Estados cuyo sistema no puede calificarse de democracia plena: la potencia simbólica de una obra nueva de la puntera ingeniería china que se lleva por delante dieciséis vidas no tiene parangón. El enjuiciamiento de los responsables no arrojó demasiada esperanza. A día de hoy, el juicio se eterniza: ninguno de los procedimientos había comenzado ni había llegado a una resolución, tal como documenta Human Rights in Serbia 2025, presentado en 2026 por Katarina Golubović, de la organización Lawyers’ Committee for Human Rights (YUCOM). Este aspecto está especialmente bajo la lupa del pokret.
No pasa nada: yo me ocupo. Vučić tiene un plan
Así las cosas, con un país que está así en parte por su culpa, Vučić anuncia que se pasará a una nueva fase que Hará a Serbia Great Again con un programa de cinco puntos, a saber:
1) Reducir el aparato estatal, la motosierra versión serbia: menos ministros, secretarios de Estado, viceministros y organismos administrativos y eliminación de agencias innecesarias y eliminación de regulaciones que encarecen los productos importados de la UE (siempre surge la pregunta de qué se considera o no innecesario.
2) Aumento de la productividad, a través del incremento del esfuerzo, la dedicación y la disciplina laboral (malditos serbios, panda de vagos: otra versión a la serbia, esta vez, “a esos les daba yo un rastrillo y…”). Para ello, se rechaza la reducción de la jornada de trabajo y se pone de modelo a Alemania como referencia de la competencia industrial con China y Estados Unidos: justo lo que proponía precisamente Boris Tadić, con gran vinculación con Alemania, donde su padre impartió clases. De hecho, el expresidente casi estudia allí psicología (su profesión). Su referente era el también alemán Willy Brandt, en quien se inspiró para su particular gesto de Kniefall en Srebrenica y Vukovar (como llevó a cabo en 1970 el Bundeskanzler germano, como símbolo de disculpa ante los polacos por la guerra de agresión nazi). Boris vio en Alemania un referente familiar, cultural y político y un modelo político-económico para su país. Rechace imitaciones.
3) Reformar el sistema educativo: abrir la educación al exterior, modernizar la enseñanza superior y extender la formación profesional dual para preparar a los jóvenes para el mercado laboral, algo también muy alemán. Hasta ahora, desde que se extendió el pokret estudiantil, dicha reforma pasa por destituir, expulsar e insultar a los docentes díscolos con el sistema y en lanzar improperios contra los estudiantes, a quienes califica de vagos, juerguistas, ingratos, antipatriotas, traidores, etc.
4) Abordar el problema energético: infraestructuras petroleras y gasísticas, interconectores, centrales hidroeléctricas, parques eólicos (de eso sabe bastante Ana Brnabić, que anduvo trabajando en el sector) y solares, además de introducir la energía nuclear. Mejorar la gestión de los recursos minerales y las materias primas quita, de igual modo, el sueño al presidente. De momento, todo pasa con abrir una mina de litio con unas condiciones de transparencia más que discutibles y a puerta cerrada, que se granjeó protestas de la oposición y los estudiantes. En eso, qué cosas, está de acuerdo una UE que se pone de lado ante el movimiento estudiantil porque necesita esas minas para su actualización tecnológica.
5) Impulsar la tecnología avanzada Invertir en robótica, inteligencia artificial, superordenadores y centros de datos y garantizar el suministro eléctrico necesario para convertir Serbia en un referente tecnológico regional. Mal pensado no está; el problema es que Serbia si ha invertido mucho en tecnología, aunque se ha especializado en software de reconocimiento facial para utilizar contra los manifestantes en las concentraciones (totalmente opuesto a lo que la UE establece) o, entre otras cosas, cañones sónicos para espantar a los concentrados.
Reunión de pirómanos en la estación de bomberos
En cualquier caso, Vučić a lo suyo. Como si no fuera con él, el 16 de octubre de 2026, celebró en Novi Sad su primer mitin en la ciudad desde la catástrofe. En una reiterada vuelta de tuerca que pone a prueba la paciencia de la población (mentira: ya está agotada), el ciudadano de a pie Vučić, se rodeó de su mejores amigos autócratas en un encuentro en el que llegaron multitud de simpatizantes traídos desde diversas localidades en autobuses facilitados por la organización. Los invitados de honor dejaron claro que la regeneración del país prometida por el expresidente es puro humo: al acto asistieron, entre otros, el primer ministro eslovaco Robert Fico y Milorad Dodik, dirigente de facto de la Republika Srpska (la presidencia interina tras la dimisión de Dodik tras la decisión de la Comisión Electoral Central de Bosnia y Herzegovina de declarar finalizado el mandato de Dodik la ostentó Ana Trišić-Babić, hasta que Siniša Karan fue elegido en febrero de 2026).
En cuanto a Fico, cabe señalar, para poder hacernos cargo de su talante democrático, que el húngaro Viktor Orbán celebró la victoria del eslovaco por todo lo alto. Efectivamente, existía un llamado grupo de Visegrado (V4), integrado la Hungría de Viktor Orbán, la Polonia de Jarosław Kaczyński y su partido Ley y Justicia (PiS), la República Checa de Tomio Okamura, (SPD, pero significa, a diferencia del alemán “Libertad y democracia directa”, típico eslogan vacío de la extrema derecha populista mundial) y Andrej Babiš y su movimiento ANO (¿en serio no hay asesores para los nombres?), la Eslovaquia de Robert Fico y su partido Smer. Luego algunos de los más carismáticos abandonaron el grupo al perder el poder en sus respectivos países como el PiS en Plonia y Orbán en Hungría. Esta asociación inspiró a Bulgaria, Rumanía (observador ocasional de Visegrado) y Serbia (luego se uniría Grecia en 2017) para crear el “Grupo de Craiova”.
Su origen fue muy distinto de lo que representa ahora: en el siglo XIV nació como una instancia de cooperación entre los reyes de Hungría, Polonia y Bohemia para resolver disputas entre ellos (con la Orden Teutónica germana siempre amenazante sobre Polonia), fomentar el comercio entre aquellas monarquías centroeuropeas. Muy buen rollo todo.
Quizá por el peso de este recuerdo, se fundó en 1991 otro Grupo de Visegrado, con idéntica buena onda y buena atmósfera. Ya había caído el Telón y la meta común era la integración en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), contando entre sus objetivos la mencionada integración europea, la cooperación política, la transformación económica tras décadas de comunismo soviético, la cooperación cultural y social o la protección de las minorías, entre otros. Este grupo degeneró, ya conseguidas muchas de sus metas, hacia posiciones de extrema derecha ultranacionalista que, a diferencia con el antes, no le tenía mucha estima a la UE, o la democracia plena. Durante 2015-2026 parecían imparables y comandaban la antieuropa, con cierta admiración por Putin y como nota discordante con respecto a la postura europea sobre Rusia en el contencioso ucraniano.
Volviendo a Robert Fico, acompañar a Vučić supuso una falta de respeto a un atribulado pueblo al que prometió cambios y regeneración, los que él mismo había ido eliminando. Robert Fico cuenta entre sus logros, la concentración del poder, el debilitamiento del Estado de derecho, deterioro de la independencia judicial, presión sobre los medios de comunicación, ataques y deslegitimación de periodistas y opositores y saltarse a la torera el control parlamentario gobernando al margen de dicho freno. De igual forma, atesora entre sus méritos la presión sobre las organizaciones de la sociedad civil que le cuestionan, la erosión de los mecanismos anticorrupción y de los de los contrapesos institucionales al poder ejecutivo, amén de otras “acciones” en el ámbito político social como el conflicto con las instituciones de la UE, la polarización política y social, la politización de las instituciones públicas, la deslegitimación de los controles constitucionales, la narrativa nacionalista de tipo excluyente y, en definitiva, el limado del pluralismo democrático. Justo lo que está llevando a cabo Vučić en su país, justo cuando despertó y dijo. Anda, a regenerar se ha dicho. De Dodik, el caudillo srpskorepublicano, otro tanto, añadiendo el intento de dinamitar la Bosnia-Herzegovina (BiH) de Dayton o los lazos con Putin y Netanyahu. Nada, por otra parte, que no lleve a cabo Serbia u Orbán, que perdió las elecciones hace poco y fue sustituido por Péter Magyar, un antiguo empleado suyo que, además era miembro del partido y cosechaba buena relación con él.
Lo de apagar el incendio por parte del pirómano parece, pues que cotiza al alza: con una particularidad que Vučić lo intenta consigo mismo en un insólito episodio de neurosis doctorjekyllymisterhidezante.
Aunque, como se verá, Vučić esa dado a las disculpas sui géneris (un poco más adelante se platica sobre ello), no era aquel el momento ni el lugar. Era la primera concentración tras la tragedia de Novi Sad y se sentía como Abascal hablando francés en 2025 durante un mitin de Patriotas por Europa en Mormant-sur-Vernisson (Francia) arropado por la flor y nata de la ultraderecha mundial: los invitados fueron bastante pro. Crecido, el candidato Aleksander afirmó que debía hacerse justicia por las dieciséis víctimas del derrumbe de Novi Sad, faltaría más, pero matizó que ―atentos al dato ― había que distinguir entre “la justicia real” y la que, a su juicio, perseguían políticamente sus adversarios, quienes ―algunos, no todos― sacaban partido de la tragedia para alcanzar el poder, a los les importaban más los cargos que las vidas perdidas. Luego, la perorata de siempre, el comunismo internacional y la masonería a la serbia: todo lo que se había armado respondía a la actuación de actores extranjeros que habían dirigido las protestas para utilizar las muertes como instrumento contra Serbia, acusando a los manifestantes de atacar instituciones, familias, Iglesia ortodoxa serbia y las instituciones serbias. Su actuación es irreprochable, había intentado evitar enfrentamientos, pero no podía ser, agradeciendo a Fico y a Dodik el estar allí.
Me he equivocado y no lo volveré hacer, pero, sin embargo, se mueve
Vučić aseguró que quería justicia para las víctimas de Novi Sad, con los brillantes resultados descritos, si bien, al mismo tiempo ataca a los manifestantes y al movimiento de protesta, a los que luego pide disculpas. Por una parte, promete justicia y la responsabilidad asegurando que es él, el causante del desaguisado, la persona ideal para ello, mientras se enfrenta a un movimiento que considera que las instituciones no han cumplido con sus obligaciones.
Varias veces ha expresado condolencias a las familias y disculpas. En 2025, por ejemplo, estaba feo insultar a unos estudiantes a los que quiere con locura la población. Además, si se habla de regeneración, no se puede seguir como hasta ahora y menos el 31 de octubre de 2025, a punto de cumplirse un año del mortal derrumbe. Vučić, por tanto, pide, de una guisa algo curiosa, disculpas por las calumnias e insultos (por supuesto, no con estas palabras) que había proferido sobre los estudiantes, manifestantes y opositores. Reconoció, en este sentido, haber cometido errores, y que la población tenía derecho a estar enojada. Y dedicó a las familias de los fallecidos sus condolencias: hasta prometió ir a la iglesia el 1 de noviembre para rezar y encender una vela por cada víctima, exhortando a la población a hacer lo mismo, tirando de un cinismo y una indigencia moral que causan perplejidad.
Hasta ahí, el poli bueno: ahora su entrada en el escenario el duro: exigió que las protestas fueran pacíficas (por lo general, lo han sido siempre) y afirmó que apoyaba las concentraciones bajo esta condición. Asimismo, defendió que la justicia debía impartirse en las instituciones, no en las calles, e instó a esas instituciones a trabajar más rápido para esclarecer los hechos. Sin comentarios. Y es que el candidato Vučić quiere diálogo con los estudiantes, para lo cual les solicita negociar sin ultimátums y mostrando más respeto hacia quienes no compartían sus posiciones. Si es que no me respetáis. No podía faltar el llamado a la unidad nacional, advirtiendo de los grandes desafíos internacionales y económicos que Serbia tendría que afrontar, exhortación que cuadra perfectamente con la acusación recurrente a los estudiantes de antipatriotas y de agentes de potencias extranjeras. Es decir, “perdón, hablaré con vosotros aunque seáis unos mafiosos y atentéis contra el Estado”.
No es la primera vez que pedía disculpas: destacaron, en especial, aquellas originadas a causa de las palabras del ministro Boris Bratina ¡en directo, con un par!, en mayo de 2026, quien advirtió que los jóvenes que participan en las protestas no son conscientes de que la policía tiene derecho a golpearlos y matarlos. Blanco y en botella. La indignación general fue absoluta, máxime, cuando se trataba de un asunto tan sensible como el supuesto asesinato de Milica Živković —una estudiante de Historia del Arte que “cayó” desde una ventana de un quinto piso en su facultad de la Universidad de Belgrado. La narrativa gubernamental atribuía la responsabilidad a los blokaderi, término despectivo contra los estudiantes y manifestantes, “bloqueadores de las instituciones”.
Con todo Vučić, bonachón, calificó las declaraciones de imperdonables (con independencia de que deslizara que podían haberse sacado de contexto) y tranquilizó a la población, asegurando que nadie va a matar a los estudiantes.
El pokret, la defensa de los derechos humanos y la lista estudiantil
En cualquier caso los estudiantes están lejos de querer dejarse matar. Antes de nada, es necesario citar el informe Human Rights in Serbia 2025 de Belgrade Centre for Human Rights, que documenta el contexto en el que se desarrollan las protestas.
Para la organización, durante 2025 las protestas estudiantiles y ciudadanas se enfrentaron a una respuesta represiva, con restricciones al derecho de reunión, actuaciones policiales y detenciones arbitrarias contra participantes y presiones sobre actores de la sociedad civil, sistema educativo y periodistas, ataques a la libertad de expresión y uso de armas acústicas (como se comentó arriba) contra los participantes en marchas pacíficas. Se registraron, de acuerdo con esto, sólo hasta junio de 2025, 1696 detenciones y 344 actuaciones contra profesionales dela información. Otros derechos conculcados son la libertad de reunión, la integridad física y prohibición de tratos degradantes, libertad de asociación, académica o derecho a un proceso con garantías.
Se constata que, ante el ejercicio de las reivindicaciones sociales frente a los abusos del poder garantizadas por la constitución y el derecho internacional, el poder endurece la represión. Es por ello que los estudiantes han transformado su pokret en una fuerza parlamentaria decisiva, con todo lo que comporta la incógnita de si se traducirá un cambio institucional real, con una captura de Estado e infiltración del SNS en dichas instituciones durante más de una década. Otro interrogante es el funcionamiento, en el supuesto de lograr la victoria, conseguir la articulación de una posición común en una sopa de intereses divergentes a los que sólo une el deseo de acabar con el estado de las cosas. En Polonia, por ejemplo, Donald Tusk lo está logrando en cierta manera, y no es en absoluto tarea poco compleja. Y existe, de la misma manera, el precedente de otra lista de intenciones comunes: la liderada por Vojislav Koštunica, un ultranacionalista moderado que templó sus pasiones para desalojar a Slobodan Milošević. Incluso se dio el caso de que su primer ministro (él era el predsednik) era el aludido Zoran Đinđić, de una sensibilidad totalmente ajena a él.
La Studentska lista
Se trata de una candidatura bastante poco convencional. Según Dejan Šoškić, candidato en el puesto 27, la lista no adopta la forma de un partido político convencional, lógico, si se tiene en cuenta que la sociedad serbia está harta de los partidos y de sus promesas y rencillas. Al contrario, estamos ante una iniciativa propugnada por los estudiantes para intervenir en la vida política y restablecer el funcionamiento normal de las instituciones. Por ello se huye de adscripción ideológica tradicional.
Para ello, la Studentska lista (lista estudiantil) estudiantes son los responsables de la selección de candidatos, eligiendo a personas en muchos casos desconocidas para el gran público: se quiere romper con las caras de siempre. En cuanto a la composición de los candidatos, presenta un perfil profesional: incluyendo a más de 140 doctores, de extracciones profesionales muy diversas. Tampoco existe un líder designado, lo que responde a una de las principales propiedades el movimiento: la descentralización, que persigue que no se pueda actuar contra un líder significado, con lo que se evita un descabezamiento, muy en consonancia con la tradición yugoslava de la defensa territorial, en la que cada unidad puede y sabe lo que tiene que hacer ante un eventual destrucción del gobierno. El líder no es una cuestión, por consiguiente, del ahora: no conviene. Sí que será designado una vez se obtenga la victoria (en absoluto está asegurada, de hecho las proyecciones no la dan) mediante un procedimiento interno. Ello presenta la incontestable ventaja de que el gobierno no sepa a quién o a quiénes arrestar: si no sabes quién es tu contrincante de forma clara, puedes proseguir la represión, pero no sabes quién manda y no o puedes retirar de la carrera electoral: se cuentan unos 250 candidatos en igualdad ―al menos, teórica― de condiciones: nadie es más que nadie. Claro que el poder podría ponerlos a todos a la sombre, pero sería demasiado escandaloso y perjudicial para la imagen de alguien que pretende romper con un pasado del que es culpable.
El estudiantado también cuenta con un plan
Esbozado de manera más o menos general, aborda diversos sectores, marcándose como objetivo principal reflotar el funcionamiento de las instituciones. Hay diversas áreas de actuación. En primer lugar, la Justicia, politizada y poco independiente del poder; en segundo lugar, los medios de comunicación, con una serie de acciones encaminadas a garantizar la libertad de prensa, cambiar el opresivo entorno mediático y crear y designar una autoridad reguladora de los medios electrónicos que funcione adecuadamente. Se está intentando acometer tal empeño en Polonia y, de momento, la enseñanza es atestiguar lo difícil que es montar un sistema en condiciones después de lo fácil que es desmontarlo tras ocho años de PiS y/o Konfederacja. En Hungría está todavía en proceso, pero después del orbanato, se descarta que sea una tarea sencilla. Otros ramos son la depuración de responsabilidades de aquellos servidores del Estado que hayan cometido irregularidades y atentado contra el funcionamiento del Estado. Los derechos humanos deben ser, según el programa, reforzados y protegidos y se propugna la vuelta a la senda de la UE. Para ello se deberá cumplimentar y satisfacer las exigencias del acervo comunitario que estipula la UE para la adhesión a la organización, que tendría que ser, dado el caso, confirmada por un referéndum, algo que intenta contentar a las variadas sensibilidades antieuropeas que conviven en Serbia, pues Serbia, pese a que recibe de la Unión la inmensa mayoría de la asistencia económica, tiene mucho apego a la Rusia de Putin y a China, a quienes considera sus principales aliados, por lazos históricos la primera, pero por el apoyo mostrado en lo tocante al contencioso de Kosovo.
Finalmente, viene la parte más técnica: medidas económicas para mantener la estabilidad, o encarrilar la inflación; o una política industrial que priorice alta tecnología, la inversión y las empresas nacionales. A continuación, se enumeran medias en el ámbito de la agricultura y las exportaciones
No sólo de votar vive el ser humano (serbio)
Votar está muy bien, pero no es sólo eso: es preceptivo contrarrestar la desinformación del gobierno, que intenta desacreditar la lista por todos los medios. Una de las acusaciones del gobierno radica en tildar a los estudiantes como agentes extranjeros, alborotadores, blokaderi, en suma. Por eso, no basta con ser bueno, sino que, además, hay que parecerlo: se asegura, así, que la lista acatará los resultados electorales si no resulta ganadora (a diferencia de la actitud de Milošević en 2000). En todo caso, una cuestión es ir de legales y otra totalmente distinta es que el sistema y la atmósfera electoral permitan que sólo con eso puede ponerse en marcha algo. Hay, a tenor de lo dicho, sucesivas denuncias de presiones sobre trabajadores del sector público y privado para asistir a mítines gubernamentales, coacciones para votar en una determinada dirección que todos sabemos, detenciones injustificadas de estudiantes y activistas de la oposición y amenazas e intimidación por parte de matones del gobierno.
Las elecciones del 25 de octubre versan menos de una alternancia de partidos, que sería lo habitual en un sistema democrático de nuestro entorno, que la potencia de una sociedad para desguazar un funcionamiento del Estado edificado durante más de un decenio por Vučić y sus aliados. No obstante, es más que eso: el gobierno parte dopado en la carrera electoral, con un aparato del Estado a su servicio, imagen y semejanza, una narrativa que lo mismo pide disculpas con ojos secos, que ataca de manera furibunda al movimiento, con un respaldo incondicional de la internacional ultraderechista regional, Trump con su diplomacia transaccional (beneficios para la familia y empresarios afines) y Putin, al que el gobierno serbio se encuentra muy próximo en la cuestión ucraniana. Por otra parte, la triangulación EEUU-Israel se completa con el reconocimiento por parte de Vučić de la capitalidad en Jerusalén de Israel a instancias de Trump en su primer mandato a cambio de promesas bastante difusas en el fleco de Kosovo.
Sea quien sea el ganador, habrá que estar al desenvolvimiento de la candidatura sumamente heterogénea de la lista. El nuevo gobierno, por muy de consenso que sean sus diputados, tendrá ante sí la ímproba faena de lidiar con la persistencia del nacionalismo de corte muy radical y por momentos ultramontano, una participación que puede no ser alta, lo que beneficia al poder, efecto de la decepcionante marcha de la política, los continuos pucherazos y la consiguiente y lógica falta de credibilidad en la limpieza del proceso electoral, que dificultan interpretar las elecciones como una salida a la crisis que parece eterna.
Por el momento, los sondeos arrojan un resultado ajustado en el que, de momento, hay posibilidades de victoria para Ujedinjena Srbija sin mayoría absoluta y, ligeramente por debajo, casi en empate técnico, la Studentska lista.

