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Andrea Lozano: “Los compositores somos como guías turísticos: le hacemos ver a la gente sonidos que siempre han estado ahí pero en los que nunca se habían fijado”

Alba Ortubia //

Los artistas que hoy cuentan sus escuchas por miles a nivel global deben parte de su éxito al talento de una joven zaragozana. Andrea Lozano (2002) creció escuchando los Beatles en el tocadiscos de sus abuelos. Con solo cinco años, su padre le apuntó a clases de guitarra. Desde entonces, no se ha despegado del instrumento. Aunque durante su adolescencia rebelde se negó a estudiar en el conservatorio, con el tiempo confirmó que debía orientar hacia la música su futuro profesional. “Un profesor del grado de imagen y sonido me dijo: “eres la primera alumna a la que animo a dejar estos estudios porque creo que realmente vales para la música”, recuerda.

La joven siguió el consejo de su profesor. Dejó el grado para cursar música moderna. Sus inicios no fueron fáciles: el desprecio de un profesor, sumado a la depresión que atravesaba, martirizó su primer año de enseñanza profesional. Lozano se tomó un descanso y volvió más fuerte que nunca: pocos meses después, consiguió que una de las discográficas más importantes del mundo la fichara como músico de estudio. En la actualidad, la joven ha dejado apartado su trabajo en la música por motivos personales pero su forma de concebir el arte se mantiene firme.

¿Cómo pasa una chica tan joven de estudiar en un conservatorio de Zaragoza a colaborar con una gran discográfica?

Me enteré de que estaban haciendo pruebas así que me apunté a las de músico de estudio. Se me hizo un poco difícil ir a las pruebas porque empecé a trabajar a los 17 para poder pagarme todos mis estudios, entonces entre el trabajo y el conservatorio era complicado cuadrar dos días libres.

Las pruebas fueron dificilísimas. La primera era una prueba teórica en la que, si no sacabas un 10, no pasabas de ronda. De las 200 personas que se habían apuntado, era la más joven y la única chica. Al final, solo quedamos tres personas y cogieron a uno para músico de directo, a otro como productor y a mí como músico de estudio. Lo que no sabía era para qué artista trabajaría. Cuando me dijeron que sería músico de Aitana, no me lo podía creer.

¿Cómo es trabajar en una discográfica?

En la discográfica querían que trabajara con ellos toda la semana en Madrid, pero después de ver que allí a mucha gente le costaba mantener los pies en la tierra decidí quedarme en Zaragoza. Sabía que lo que no me podía permitir después de haber trabajado tanto era perderme a mí misma y perder mi vida, mis estudios, etc. Trabajo desde casa aunque todas las semanas tengo que ir a Madrid para las sesiones de composición presenciales.

Aunque haya entrado a una discográfica, que para todo el mundo es lo más alto que puedes llegar, yo me lo tomo más como un proceso de aprendizaje. Mi idea es estudiar la carrera de producción musical y entrar a una discográfica como productora. Como compositora y músico de estudio no sale tu nombre en las canciones, en cambio el del productor sí.

No solo tocas la guitarra, también produces, compones… ¿Alguna vez has pensado en emprender tu propio proyecto como artista?

El problema es que me da mucha vergüenza cantar, pero dentro de unos años sí que me gustaría hacer algo mío. Pero para poder hacer algo grande tengo que tener todos los conocimientos necesarios. Creo que lanzarme a ello ahora sería una tontería porque todavía no sé todo lo que debería. Aún tengo mucho tiempo por delante.

Además, siempre me ha gustado componer. Para mí es algo vocacional, por lo que no tengo prisa. Con 16 años autopubliqué un libro de prosa poética, Cristales de caramelo. Empecé a escribir porque me lo recomendó la psicóloga, aunque ahora lo leo y veo que eran reflexiones de una adolescente en las que ahora ya no me veo tan reflejada. Ahora estoy trabajando en mi segundo libro, con otro tipo de reflexiones.

¿Cómo es una sesión de composición en una gran discográfica?

Puedes trabajar a distancia o presencialmente. A veces, es el artista quien arranca la canción, en otras ocasiones es el compositor. Normalmente, en un proceso de composición, ya hay una melodía detrás, lo que falta es la letra. Cuando me pasan las maquetas, voy añadiendo lo que se me ocurre.

Cuando trabajo de forma presencial, me gusta ser yo quien presenta las canciones. Yo no visualizo la canción con un reggaetón de fondo, sino a la guitarra o al piano. Hay artistas que están presentes en el proceso creativo y otros que no.

¿Qué te atrapa de la composición?

A mí me gusta decir que los compositores somos como guías turísticos, le hacemos ver a la gente sonidos que siempre han estado ahí pero en los que nunca se habían fijado. Ocurre lo mismo si viéramos Zaragoza, la ciudad en la que vivimos, con un guía turístico. Te enseñaría que algunos edificios con los que te cruzas sin fijarte tienen una gran historia detrás, y ya nunca podrás verlos igual.

Entonces, ¿tú hoy en día te mantienes al cien por cien gracias a tus colaboraciones con la discográfica?

Además de componer, no he querido perder el tema de la música en directo, que me encanta. Así que ahora he entrado en una orquesta, la orquesta Dolce. Tocamos en pueblos de Zaragoza y estoy super contenta. Me llevo genial con mis compañeros, me llena un montón.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Escribes todos los días o te dejas llevar por la inspiración?

Al principio escribía por las noches, pero cuando componer se convierte en tu profesión, tienes que buscar otras maneras porque no es sano no dormir. La composición es un músculo que se ejercita, como cualquier otro. Yo todos los días tengo que componer, si estoy tres o cuatro días sin hacerlo lo noto. Me voy guardando todo lo que voy haciendo, aunque muchas veces no lo use hasta meses después. Pero hay canciones que desde el principio sabes que tienen algo especial y que sí o sí tienen que salir.

No puedes esperar que la creatividad te venga un día de lluvia mientras miras por la ventana. Hay que salir. Hay historias en todas partes y hay que prestar atención a todo. La música conecta tanto con las personas porque son personas. Yo me baso en las situaciones de otra gente para hacer mi música. No siempre se puede escribir en la soledad de tu cuarto: entonces solo conectarás contigo y con tres o cuatro personas más.

¿Cómo caíste en el género urbano?

Yo compongo más basándome en emociones tristonas. Pero, hoy en día, lo que funciona es la música urbana. No es el género que más me motiva, pero es lo que ahora está en el top. Es lo que hay. Aunque estoy muy a gusto, creo que hay que saber disfrutar de todos los géneros. Existe música para cada situación.

Se dice que la música urbana está muy sexualizada. En parte es cierto, pero tampoco creo que haya nada de malo en escuchar música que nos haga disfrutar de nuestra sexualidad como nos dé la gana. A mí me parece un género necesario, otra cosa son las creencias de los artistas que cantan esas canciones.

¿Alguna vez te han menospreciado por dedicarte a este género, que ciertas personas consideran de poca calidad?

Mis padres siempre me dicen cosas por las letras de las canciones. Muchas veces ni se las escuchan. Yo les digo que es lo que se lleva ahora. Me atrevería a decir que dentro de unos años el género urbano no va a ser el más escuchado. Yo creo que van a ser los ritmos dosmileros. Si eres artista o compositor, no te fijas en la música de ahora, te inspiras en la música que se ha hecho antes. Apuesto por que van a volver los sonidos de las reinas: Lady Gaga, Britney Spears…

¿Alguna vez te has encontrado a ti misma componiendo una canción de forma determinada para que se viralice en redes?

Sí, hay muchas fórmulas. Tienes que intentar retener a la gente, es un mecanismo similar al del algoritmo de las redes sociales. Del principio de la canción al estribillo no puede pasar más de un minuto, porque sino la gente “se aburre”. Hoy en día siento que la música se está quedando un poco vacía porque todas las canciones famosas se parecen porque siguen las mismas estrategias. La industria musical cada día es más industria y menos musical.

También es verdad que cuando escribo no pienso en la gente. Tuve un bloqueo creativo muy grande cuando empecé a trabajar en la discográfica, porque me di cuenta de que componía pensando en si a los demás les iba a gustar o no. También hay que entender que al público le gusta porque tú lo has hecho así. A mí algo que me ha servido mucho es pensar que nunca habrá una Andrea Lozano que lo haga tan bien como yo. Nadie va a componer como lo haces tú y eso es lo que engancha a la gente.

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