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Corina Oproae: “Hay una gran diferencia entre nacer y vivir en libertad y no tenerla”

Corina Oproae (Rumanía, 1973) tiene labios melocotón y cuenta la historia de una “niña manzana” que vivía en La casa limón. La novela nace de una pregunta que le hace su hija: “¿de dónde cayó el comunismo?” Pero para la escritora, la agria dictadura comunista de Ceaușescu es tan solo el huerto donde va a crecer esta dulce “niña manzana”. Con motivo de la I Jornada de Literatura Actual de la Facultad de Filosofía y Letras, la poeta llega desde Barcelona para hablar de su libro ganador del Premio Tusquets Editores 2024. 

Pedro Modrego (@pedromdrgo) //

– ¿Dirías que esta obra es una tragedia?

– Claro, es que no cuento muchas alegrías, ¿no? (ríe). Pero creo que hay una mirada esperanzadora. 

– Pienso un poco en el refugio que encontraba la “niña manzana” en el “castillo de libros” y en la lectura.

– Durante el comunismo se hablaba de la resistencia a través de la cultura. No es solo necesaria en el comunismo. Es necesaria siempre. Estamos a la intemperie y nos tenemos que proteger, porque las cosas pueden cambiar o tal vez están cambiando mientras nosotros ni siquiera nos damos cuenta.

– Ese “castillo de libros”, ¿qué fortaleza crees que le ofrece a la protagonista? 

– Toda. Le ofrece la posibilidad de poder ver más allá. Le da toda la fortaleza para que pueda construir su vida a pesar de todo lo que tiene detrás. Yo siempre he dicho que los libros son nuestros guías, hasta nuestros guías sentimentales. Puedes aprender cómo hay que enamorarse de un libro. Entonces, para esta niña, los libros son lo que realmente le ofrecen la posibilidad de una vida.

– ¿Por qué has decidido crear la historia desde la mirada de una niña?

– Porque no emite juicios de valor, vive las cosas por primera vez. 

Juegas con el realismo y la ficción onírica.

– Alza el texto y no lo convierte en una tragedia. Y también supongo que viene de dos cosas: de mi tendencia hacia poetizar y del hecho de que tengo cuadernos enteros de sueños. Para mí los sueños son material literario. 

– La enfermedad y la muerte son temas muy relevantes en este libro.

Son obsesiones. Yo he escrito cinco libros de poemas y en todos hablo de lo mismo, en la novela hablo de lo mismo. Lo único que hago es mirarlos desde otro punto. Miras las cosas desde el punto vital en el que estás. No es lo mismo escribir un libro a los 30 años que escribirlo a los 50.

¿Y tú crees que es por eso? ¿Por el punto vital en el que estás como escritora? ¿O esa obsesión de dónde viene? 

Es porque realmente yo he tenido un planteamiento siempre hacia qué significa la muerte y por qué está la muerte. Desde muy joven. Y luego he tenido pérdidas personales muy importantes.  Esa es la parte biográfica, digamos, de la novela.

– En el libro escribes: “Las muertes que tocan nuestra vida la cambian y nos preparan para nuestra propia muerte, dice mamá, como si hablara consigo misma. Y estar preparado significa no hacer planes sobre la muerte, sino sobre la vida”.

Claro, yo esto no lo podría haber escrito cuando, por ejemplo, murió mi madre. Sería imposible, porque en ese momento yo lo que hacía era rechazar la muerte, rechazar cualquier tipo de significado en nuestra vida de la muerte. Cuando las cosas te suceden, te obligan a reflexionar.

A veces, perder una madre también significa perder la lengua materna. Oproae confiesa que el rumano dejó de ser su “lengua de creación literaria” tras un proceso gradual que coincidió con la muerte de su madre y su arraigo en España, donde aterrizó con 24 años. Aunque empezó escribiendo en rumano, acabó adoptando el español –y en parte el catalán– como lenguas literarias. Hoy traduce desde el rumano, pero ya no escribe en él. 

– ¿La casa limón te ha ayudado a contar tus propios secretos y tus inquietudes? 

– No sé si son secretos, pero ciertamente, cuando empecé a escribir la novela, había demasiados temas que eran tabú. Entonces quería ir ahí, quería romper esos silencios.

Portada del libro “La casa limón” de Corina Oproae

– Además de la enfermedad y la propia muerte, otro tema tabú sería la sexualidad. 

– Claro, no se hablaba. Yo con mi hija hablo de cualquier cosa relacionada con la sexualidad, mientras que con mi madre nunca en la vida podía haber tenido este tipo de conversación. 

– Esta niña sufre muchísimo en silencio. ¿Qué crees que le impide hablar? 

Las muertes que le afectan, el abuso… Todo esto son temas que se han callado durante mucho tiempo. No es que la niña los calle, es que ha sido la manera en que nos hemos acercado en las familias a eso. Es decir, a través del silencio. Además, en la sociedad estrambótica y terrible en la que vive –donde no puedes confiar de los que te rodean, porque tu vecino o tu tío puede ser un delator de la Securitate– hablar, verbalizar aquello que te sucede, no es lo normal.

¿Dirías, por ejemplo, que los niños que viven una dictadura tienen una infancia… robada?

Todas las infancias en el fondo son terribles. Claro, vivir en una dictadura sin unas respuestas dentro de cierta normalidad y teniendo que asumir que la normalidad es aquello que tú vives, determina tu carácter. Pero desde luego creo que hay una gran diferencia entre nacer en libertad y vivir en libertad y no tenerla. Hay muchísima gente joven que no tiene ningún tipo de interés en el pasado. Si no tenemos ese conocimiento es muy complicado evitar cosas que pueden venir. Tal vez si lo supiéramos podríamos evitarlo.

El filósofo George Santayana dijo: “aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Al asomarse a realidades como la de la “niña manzana”, es difícil no preguntarse: ¿cómo es posible que, según el CIS, uno de cada cinco españoles considera que la dictadura franquista fue “buena para España”? La distancia es la respuesta, como señala Corina: “cuando no sabes lo que significa la falta de libertad, es fácil tener este tipo de pensamiento”. 

– El padre también le dice a la niña: “todos somos iguales, pero algunos más que otros”. ¿Es esa la agria realidad de la Rumanía de Ceaușescu?

– Es una frase de Rebelión en la granja de Orwell. Es una manera de enseñarle, de marcarle la conciencia casi política. El padre es la persona que marca el devenir del pensamiento.

– Y en una sociedad donde todo el mundo tiene tantos problemas,  aun se ven muchos actos de humanidad entre algunos personajes. ¿Crees que en momentos de crisis existe la humanidad?

Me gustaría creer que sí. No sé si soy optimista. Trato de no perder la esperanza, la confianza en el ser humano. Aunque últimamente vemos tantas cosas que contestar que sí me hace parecer ingenua.

– ¿Qué sentiste al construir el relato de La casa limón?

– Nunca quise escribir nada sobre el comunismo. Todas estas referencias a las colas inmensas que se hacían para buscar el pan. No me interesaban. Hay un periodo después de que las cosas suceden que se podrían incluir en eso que se había llamado amnesia colectiva. Es decir, después de épocas traumáticas no quieres mirar hacia atrás.  Pero es que llega un punto en el que el pasado te atrapa y lo tienes que mirar. Entonces en ese momento tenía que poner orden. Yo escribo para entender también lo que me sucede en la vida.

Si no recordamos el pasado no podemos seguir hacia adelante.

Necesitamos saber los sucesos del pasado para tener más herramientas para mirar hacia el futuro. Es muy importante saber quiénes hemos sido para poder ser otras personas, o las mismas, pero con otra mirada y con otras posibilidades. 

– La protagonista no tiene nombre. Si le pusieses el nombre de una fruta, ¿cómo la llamarías?

– (Ríe) Sería la niña manzana, ¿no? Porque come muchas manzanas y las huele todo el rato.


Si quieres leer más piezas como esta, echa un ojo a nuestra sección Entrevistas.

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