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Desde el Otro México: Después de la línea

Fernando Domínguez Pozos//

Desde Ensenada, Baja California (México), la distancia promedio que cualquier aplicación de Maps marca a la ciudad de San Diego en California (Estados Unidos) es de un promedio de 140 kilómetros que equivalen a un recorrido en automóvil de entre dos horas a dos horas y media; sin embargo, en ese trayecto el asunto del tiempo y el espacio son relativos, ya que cruzar la línea fronteriza entre estos dos países puede tomar hasta seis o siete horas por la Garita de San Ysidro, en la ciudad de Tijuana, o incluso ser tan fugaz como tan sólo entregar tus documentos a un cónsul que resguarda la puerta de acceso en la ciudad de Tecate y, en unos minutos estar transitando en la carretera 94 de territorio norteamericano que te conecta con la zona conurbada del sureste de California.

Si el cruce de esa línea se da por la garita de San Ysidro, el primer contacto que tiene cualquier visitante es con la vida consumista de los Estados Unidos, teniendo como epicentro al centro comercial Las Américas o Las Americas Premium Outlets, donde marcas de ropa de diseñador, deportiva, de tecnología y alimentos son la principal atracción. El branding es la esencia de este espacio, asimismo el estilo de vida americano (comercial), es representado por decenas de familias americanas, latinas, asiáticas, afroamericanas y demás expresiones multiculturales que inundan los parkings y pasillos de este centro comercial que tiene como escenario de fondo a los edificios de la ciudad de Tijuana, ya que tan sólo a unos kilómetros está el inicio de la Patria (en México).

Después de la línea, el cielo es el mismo, las montañas continúan siendo parte del escenario natural del territorio de las californias, lo que comienza a cambiar -tímidamente- es el lenguaje, a través de señalamientos en inglés y con agentes de migración quienes en un curioso spanglish saludan a visitantes. La timidez del cambio obedece a que después de cruzar la frontera la presencia de personas de origen y ascendencia mexicana y/o latinoamericana es notable, tanto en nombres propios como en rasgos físicos. Jóvenes de ascendencia latina son mayoritariamente el primer contacto con cualquier visitante en el estado de California; atendiendo cafeterías, en las taquillas de ingreso a parques, como encargados de ventas de las centeneras de tienda de ropa o de outlets, en las ventillas de fast food, así como también de clientes en restaurantes, visitantes de lugares de entretenimiento coexistiendo con la fuerte presencia multicultural que es palpable y característica de la unión americana, más aún de un estado como California. Y, es que California en los Estados Unidos es una de las regiones más poderosas económica y tecnológicamente, no sólo de Norteamérica sino de manera global, al contar entre sus localidades a ciudades como Los Ángeles, que son la sede de la industria del entretenimiento global como es Hollywood, pero también regiones como Silicon Valley, donde se albergan empresas como Apple, Google, Facebook y Tesla

El cruce fronterizo por la ciudad de Tijuana conecta al automovilista con la autopista 5, misma que atraviesa San Ysidro, Chula Vista y conecta hasta una de las ciudades con mayor economía de la región, donde las opciones de consumo cultural se amplían de manera estratosférica, se trata de San Diego. En esta freeway, los carriles se inundan de modelos y marcas de automóviles norteamericanos y asiáticos, principalmente; sin embargo, la creciente presencia de modelos Tesla, es un rasgo singular de la vida californiana. En el andar de automovilistas es viable observar a niños y niñas que desde sus ventanas parecen contar el número de autos de la empresa de Elon Musk que aparecen, como en antaño otras generaciones lo hicieran con el famoso modelo de Volkswagen (sedan vocho o “escarabajo”). Así como los Teslas se han convertido en un elemento de la vida cotidiana del norteamericano y al encontrarnos en tierras hollywoodenses, de golpe como en una escena de Madmax, un futurista automóvil invade la freeway resaltando por su diseño, pero asombrando por su peculiar tecnología, se trata de un cybertruck, también de la familia Tesla, único por sus dimensiones. 

 

 

 

 

 

Este camino continúa de manera recta, con grandes anuncios de las próximas salidas y señalamientos que evitan que los automovilistas se equivoquen en su travesía, tomando con tiempo la ruta indicada tanto por la vialidad norteamericana como por el asistente de Google Maps que ha pasado sus indicaciones de kilómetros a millas. 

Destino: Balboa Park

La distancia promedio entre San Ysidro y San Diego es de poco más de 20 kilómetros. La llegada a San Diego es perceptible por la aparición en el camino de rascacielos que resaltan en el horizonte, imagen tradicional de las grandes urbes norteamericanas. Conforme te adentras al urbanismo de esta ciudad las opciones de esparcimiento aparecen en letreros viales perfectamente señalizados; downtown, Petco park, USS Midway Museum, San Diego Zoo y por supuesto Balboa Park. Además de estas opciones tradicionales para el consumo cultural, en la ciudad de San Diego existe una amplia oferta de parques temáticos para niños y niñas, restaurantes con un estilo americano y, grandes aceras para caminar a lo largo de una bahía que corre paralelamente con el tranvía que conecta a la línea fronteriza con la vida americana.

 

 

 

 

 

 

 

En esta ocasión la ruta nos llevó a conocer el Balboa Park, espacio cultural que ofrece un abanico de oportunidades a sus visitantes: El Museo de Arte de San Diego, Museo Nacional de Historia, Villa Española de Arte, Museo de Ciencias, entre muchas más opciones de expresiones artísticas, de ciencias, musicales, teatrales, artes plásticas e infinidad de cultura que abraza a todo aquel que aparca en un lugar al espacio libre, donde por igual un artista callejero reúne a grandes y pequeños con actos de magia familiar al tiempo que un grupo de activistas demandan el alto a la guerra en Ucrania, mientras en la Villa Española de Arte, los mosaicos del suelo asemejan un rompecabezas multicolor donde un café, el atardecer y la singularidad de la expresión bohemia te permite reflexionar la vida después de cruzar la línea.

 

 

 

Balboa Park representa la vida cultural de una ciudad que es reflejo del multiculturalismo. A lo largo de sus grandes pasillos, rodeados por edificios de arquitectura de culturas europeas, mientras familias con distintas expresiones religiosas, culturales, lingüísticas y orientaciones recorren acompañados de adultos, niños, niñas y mascotas cada uno de los rincones de un parque que va más allá del que se reconoce en este Otro México. Allá en el Parque Balboa sus adoquines, fuentes y árboles son monumentales, tan cuidados que no aparenten sus años ni historia, pero tan cargados de energía que después de un viaje largo simplemente te piden ser disfrutados. Entre los sitios más singulares de este orgullo de San Diego se encuentra la Villa Española de Arte, donde tímidamente en una esquina artistas locales e internacionales ofertan sus obras, se expresan en pequeños y reconfortantes locales, muy contrastantes del marketing de los outlets de San Ysidro. Enfrente de este espacio bohemio se encuentra una higuera de enorme dimensión con poco más de 100 años de vida, sus hojas y el color del sol de otoño refrescan el ambiente de quienes caminamos por este singular lugar. Más adelante una música atrae la atención de todo caminante, no son los instrumentos de orquesta que acaban de finalizar una presentación, no se trata de un artista espontáneo que se resguarda en alguna de las fuentes del lugar, es un sonido diferente, que se acompaña del murmullo de pequeños y grandes que cabalgan en círculos en el Balboa Park Carousel, un emblema de la ciudad desde 1910, según lo dice su placa que recibe a visitantes. Figuras de leones, caballos, gallos, jirafas, ranas y otros animales son parte de la antesala de otro pequeño gran lugar que a tan sólo unos metros se encuentra el Zoológico de San Diego. 

El atardecer invade por igual ambos lados de la línea -fronteriza- entre México y Estados Unidos, los artistas resguardan sus espacios, los museos cierran la jornada y los visitantes retoman sus Teslas u otros automóviles no tan futuristas para finalizar el fin de semana; sin embargo, la esencia y aura del Balboa Park sólo toma un respiro porque cada fin de semana, vuelve a ser uno de los sitios más atractivos que están más allá de la línea.

      

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