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El mundo está lleno de Jamies

Mariangel Barra//

“Podría haberle tocado cualquier parte del cuerpo que hubiese querido. Tenía muchas ganas, pero no lo hice. La mayoría de los hombres la hubiesen tocado, así que eso me hace mejor, ¿no lo crees?” – Jamie Miller, personaje de Adolescencia

“Su hijo está detenido, se le acusa de homicidio”, así comienza Adolescencia, la serie de Netflix que fue tendencia por varias semanas en redes sociales. Estuve sentada en mi sofá por horas junto a mi madre viéndola. Pensé: “Bueno, una serie más de crímenes”, pero no fue así; es mucho más que una serie de crímenes, es la adolescencia que todos vivimos. Sentía mi cuerpo frío, el nudo en el estómago y las constantes ganas de vomitar cada vez que revelaban detalles sobre lo ocurrido. Jamie, un niño de 13 años, mató a una de sus compañeras de instituto porque lo rechazó: esa es la premisa simplificada. Parece una historia más de las que podemos escuchar en televisión todos los días, pero detrás hay algo espeluznante que nos acecha como sociedad cada día.

Jamie no es distinto a los chicos que estudiaron conmigo en el instituto ni a los que veo pasar por las calles cada día: es bajito, delgado, un poco retraído y le gusta juntarse con sus amigos para pasar las tardes. La diferencia crucial entre Jamie y los chicos que hay allá afuera es que él tomó un cuchillo y mató a una persona. No sentía arrepentimiento, “yo no hice nada malo”, afirmaba y de verdad lo creía: los Jamies no creen que hagan cosas malas

Fragmento de 'Adolescencia'
Fragmento de ‘Adolescencia’

A medida que avanza la historia conocemos un poco mejor su entorno: un instituto lleno de adolescentes rebeldes, un padre ausente con ligeros problemas de ira, una madre sumisa y una hermana que está pasando por lo mismo que él, a su manera; ¿su escapatoria? Las redes sociales. En este mundo online donde la huella digital no perdona, descubrimos que nuestro protagonista solo subía fotos con sus amigos hombres, y como excepción, fotos de modelos en ropa interior, las cuales se llenaban de comentarios subidos de tono. Sin embargo, entre esos comentarios estaba Katie, quien lo acusaba de ser un incel, y detrás de ese acoso albergaba la razón de su muerte: el rechazo. 

El término incel es crucial e inundó los titulares de todo el mundo. La Universidad de Buenos Aires en 2024 definió incel como un acrónimo de involuntary celibate, “celibato involuntario”, originado en 1997 con el proyecto Célibe Involuntario, que sirvió como consuelo y apoyo para personas que experimentaban soledad y dándoles un espacio para expresarse libremente. Con el pasar de los años, este significado se distorsionó y lo tomó una comunidad de hombres en internet para crear un espacio de odio hacia las mujeres por no querer tener relaciones con ellos. Esto generó un caldo de cultivo ideal para que celebridades como Andrew Tate o El Temach creasen un submundo virtual de hombres reprimidos y machistas.

La prensa reportó el juicio de Andrew Tate
La prensa reportó el juicio de Andrew Tate

“Los hombres preferimos a las vírgenes siempre”, “Te conviene el hombre que no busca a ninguna y que tú lo buscas”, “Las morras se enamoran de los vatos que nomás las usan para coger”… Todas estas frases dichas por el influencer mexicano, con siete millones de seguidores en TikTok, van dirigidas a niños como Jamie: niños inseguros, que pasan por una etapa difícil y que terminan odiando a las mujeres por las propias restricciones del machismo. No puedes llorar, no puedes ser sentimental, no puedes juntarte con niñas, no eres nadie sin tu papá

Pero esto no es únicamente culpa del patriarcado, del porno o de las redes sociales: la base está en casa. Como criamos a nuestros hijos es como nos criaron a nosotros, y por más heridas que sanemos, si no rompemos el ciclo, la vida se va a llenar de Jamies. Al final del tercer capítulo Jamie le pregunta a su psicóloga si él le agrada, mostrando así su necesidad de aprobación y cariño externo: el mismo problema que lo llevó a matar a Katie.

En todos los institutos a los que he ido los chicos han sido iguales: no hablaban con mujeres a menos que fuesen atractivas para ellos, odiaban el rechazo, filtraban contenido sexual de otras compañeras y las redes sociales eran su lugar de confianza para generar odio hacia ellas. La serie nos hace reflexionar sobre qué pueden cambiar los padres, hasta qué punto es su responsabilidad, porque la verdad es que no importa que tan bien creas que estás criando a alguien, nada te asegura que no sean un Jamie o, aún peor, una Katie. Sin duda, viendo la serie, y por más características de mi entorno que reconocí, puedo agradecer que Jamie no fue mi adolescencia

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