Sin filtros ni estándares
Angelica Caballero Menacho, @anng_cm
En la última década, las redes sociales se han convertido en el medio estrella para la interacción y expresión personal. Los principios de identidad, imagen y belleza se han visto alterados por el libre acceso que estas plataformas proporcionan a filtros y tecnologías de edición. Se han convertido en un espacio donde millones de personas comparten consejos y recomendaciones sobre el cuidado personal. Sin embargo, algo que preocupa a los expertos es que estos consejos llegan de la mano de personas que, en muchos casos, no tienen formación. De igual forma, gracias a las redes sociales, se ha normalizado la diversidad de tipos de piel al dar visibilidad al acné, la rosácea y otras imperfecciones históricamente estigmatizadas. Esto ha contribuido a la aceptación natural de uno mismo sin depender de filtros.
El canon de belleza en redes sociales
Las plataformas audiovisuales han creado un espacio donde la imagen es crucial para la interacción. Redes sociales como Instagram y TikTok no solo sirven para compartir momentos cotidianos, sino que fomentan una cultura en la que la belleza se compara y perfecciona. Las aplicaciones de edición que permiten modificar la piel, las proporciones, o, incluso, el color de los ojos nos condicionan a cumplir con los estándares estéticos contemporáneos. Estos filtros no reflejan la realidad. El resultado es una dicotomía entre la imagen idealizada y la “versión auténtica” de las personas.
Si bien las redes sociales ofrecen un canal para mostrar una versión perfeccionada de uno mismo, esta imagen idealizada se ha transformado en un modelo de belleza imitado por millones que traspasa las pantallas. El problema en la actualidad es que la imagen idealizada no se basa en maquillarnos mucho y tapar nuestras imperfecciones, sino que el avance tecnológico nos ha llevado a poder cambiar nuestras facciones o proporciones corporales. La belleza “natural” no consiste en subir fotos sin una gota de maquillaje, sino en no alterar nuestra imagen a través de aplicaciones.
Este fenómeno genera una presión constante por cumplir ese canon de belleza. Nos acostumbramos a ver nuestro rostro con filtros. Cuando nos hacen una foto con la cámara “normal”, no nos gusta lo que vemos y disociamos de la realidad. Actualmente, casi todos los filtros alteran nuestra imagen de la misma forma; ojos más grandes, nariz más pequeña, labios más gruesos, mandíbula marcada, entre otros. Esto puede generar inseguridades y ansiedad en quienes no cumplen con estos estándares. La búsqueda constante de la perfección refuerza la idea de que la apariencia física se ha convertido en lo primordial. Si sales de esos estándares no eres lo suficiente “atractivo” para la sociedad.
La psicocosmética y la salud mental
Imagen de Mariana Mejía/Infobae
La psicocosmética es un concepto emergente que se ha vinculado al fenómeno de la edición de imágenes para buscar la piel perfecta. Integra el cuidado de la piel y la estética con el bienestar emocional. En la actualidad, muchas personas, especialmente jóvenes, utilizan tratamientos para mejorar no solo su apariencia, sino también para reducir el estrés o las emociones negativas. Según El Diario, la psicocosmética se basa en el cuidado a través de productos cosméticos para ayudar a que nuestro estado emocional mejore.
Muchos individuos se sienten presionados a consumir productos cosméticos para alcanzar esa idealización que nos venden por redes sociales, nos prometen resultados milagrosos si consumimos ciertos productos. El cuidado de la piel y el uso de ciertos cosméticos puede convertirse en una respuesta a la ansiedad y a las inseguridades generadas por las expectativas sociales. El uso de cosméticos puede ser positivo cuando se realiza de forma moderada y saludable. Pero su uso excesivo puede provocar obsesión y desencadenar problemas psicológicos, como la baja autoestima, la depresión y la ansiedad.
Hoy en día, muchas personas recurren a las redes sociales antes que a un dermatólogo para obtener recomendaciones sobre productos cosméticos. Las plataformas como Instagram, TikTok y YouTube ofrecen una gran cantidad de contenido sobre belleza, donde influencers y usuarios comparten experiencias personales, reseñas y tutoriales. Esta información parece más accesible, económica y cercana que una consulta profesional, y a menudo se percibe como más confiable porque proviene de figuras que generan empatía. Sin embargo, el marketing digital, a través de anuncios y colaboraciones con marcas pagadas hace que estas recomendaciones sean poco fiables. No siempre están basadas en evidencias científicas ni tienen el conocimiento dermatológico suficiente, sino que hay intereses económicos de por medio. Los influencers no siempre usan un producto el tiempo necesario para ver si realmente funciona o no, y aunque sea así cada piel es diferente.
Los dermatólogos han expresado su preocupación sobre los riesgos que conlleva que influencers promocionen productos cosméticos sin respaldo científico. Advierten que el uso de ciertos cosméticos recomendados por figuras en redes sociales puede ser perjudicial para la salud de la piel. Especialmente en niños y adolescentes que usan estas plataformas y son más susceptibles a creerse estas recomendaciones. Por ello, los especialistas enfatizan en la importancia de consultar a profesionales capacitados antes de incorporar nuevos productos en las rutinas de cuidado de la piel.
La obsesión por la imagen
Una de las principales preocupaciones es el impacto psicológico que tiene en los usuarios. Según un artículo de Infobae, la obsesión por la imagen y la presión para cumplir con los estándares estéticos impuestos por las redes sociales ha llevado a muchos menores a desarrollar ansiedad y trastornos relacionados con la imagen. Este fenómeno ha sido denominado «cosmetofobia», que se refiere al miedo a no estar a la altura de las expectativas estéticas de la sociedad.
El acceso constante a filtros y programas de edición crea una burbuja en la que los usuarios se ven comparados con versiones idealizadas de sí mismos y de los demás. Esta obsesión por la apariencia también está vinculada a la industria cosmética. La constante exposición a productos de belleza que prometen transformar la apariencia alimenta la idea de que la belleza es algo que puede ser mejorado constantemente. Esto puede crear un vacío emocional que no se llena ni utilizando los “mejores” productos cosméticos, lo que refuerza la ansiedad y las inseguridades.
Los influencers
El rol que cumplen en las redes sociales ha sido crucial para la difusión de estos ideales estéticos. Existen muchos influencers que promueven una imagen editada de sí mismos luciendo siempre impecables. Pero también, hay algunos como, por ejemplo; Sofia Grahn que apoya el ‘body positive’ y ‘skin positive’, para reivindicar la naturalidad de la piel con acné y cicatrices, sin usar filtros para eliminarlos.
Por otra parte, han comenzado a desafiar estos estándares promoviendo la autenticidad y la aceptación de la “belleza real”, es decir, una belleza que no pase por la tecnología y no tenga que cumplir con el canon actual. Intentan normalizar todo tipo de pieles que han sido invisibilizadas. Utilizan su popularidad para combatir la presión de vivir anclados a filtros, abogando por la aceptación de todo lo que no cumpla con los estándares actuales y esté catalogado como “imperfecto”. Al hacerlo, están contribuyendo a una nueva narrativa que promueve una representación de la apariencia humana, sin tener que pasar por ediciones a través de diferentes aplicaciones. Este movimiento, aunque pequeño, está ganando fuerza y tiene el potencial de reducir la estigmatización de los problemas de piel y otras imperfecciones físicas.
Este cambio en la narrativa no se limita a los influencers. La normalización de la piel natural está siendo promovida por marcas de cosméticos, dermatólogos y profesionales de la salud que están buscando ofrecer una visión más inclusiva y realista de la belleza.
Instagram ha sido una de las plataformas más criticadas respecto a este tema. Ha llevado a una cultura de edición, retoque de las imágenes y uso ilimitado de filtros que resulta aterradora. Los usuarios están luchando y sumándose al carro de la naturalidad. Esta forma de reivindicación no solo implica mostrar la piel tal como es, sino también hacer frente a la crítica y negatividad que se encuentra en las plataformas cuando una persona se muestra al natural. Por ejemplo, un movimiento muy conocido ha sido “#FilterDrop: la campaña que le dice sí a la naturalidad y NO a los filtros”. Esta campaña mostraba fotos con filtros y sin filtros en un collage de dos imágenes para normalizar la diversidad de pieles sin necesidad de cumplir con el canon de belleza actual.
El acceso que tiene todo el mundo a información de productos cosméticos y la libertad de explicar cómo se usan y sus beneficios sin necesidad de ser un experto (democratización facial) ha abierto nuevas posibilidades para la creación de identidades digitales y ha cambiado nuestra relación con la belleza. Aunque las herramientas para modificar la apariencia nos permiten proyectar una versión idealizada de nosotros mismos, este fenómeno también plantea riesgos significativos para nuestra salud mental. La presión por cumplir con los estándares estéticos, el aumento de la psicocosmética como respuesta al malestar emocional y la lucha por la autenticidad en un mundo lleno de filtros han transformado nuestra visión de la belleza. No obstante, es crucial que continuemos promoviendo una visión más inclusiva, realista y saludable de la belleza, en la que se celebren las imperfecciones y se respete la diversidad de cuerpos y rostros.


