Maestra
@cualquiera48//
Mañana de sábado y lluvia abundante. Proyecto de la mañana: visitar una exposición de “pequeñas joyas” en la Galería Elvira González de Madrid.
Entro en la sala de exposiciones junto a un grupo de visitantes altos vestidos con moda casual, cara y con estilo. Parecen entendidos y curiosos pero están hablando en un tono muy alto. Un tono lo suficientemente invasivo para desconcentrar cualquier acercamiento al arte. No son conscientes de su actitud. Creo que nadie les ha dicho nunca, a pesar de lo filolis que visten y huelen, que al arte hay que acercarse como a un acto litúrgico. Es imposible conectar, conectar con la belleza entre voces y conversaciones inoportunas.
En ese momento pensé…
Les voy a indicar el comportamiento adecuado, la liturgia de estos espacios.
Pero acto seguido también pensé…
Me van a tachar de impertinente. Bueno, si me lo dicen ya sé qué responder: quizá estoy resultando impertinente pero en realidad lo que quisiera es ser pedagógica. ¡Dadme las gracias, guapitos, y si queréis nos hacemos un selfie a la salida!
Si tuviese cerca a alguien de confianza le diría que ofrecerme una oportunidad de ejercer pedagogía no me la pierdo. Va en mi naturaleza de… ¡Maestra!

