DESTACADOSKM ZEROOpinión

Música o narcótico

// @cualquiera48

En el Instituto Français de Madrid, el ciclo de música electrónica Résonance propone una inmersión en nuevas estéticas sonoras. Entre enero y mayo de 2026, reúne a seis artistas en conciertos de una hora donde instrumentos acústicos y electrónica dialogan en un espacio audiovisual expandido.

Hoy quiero hablaros de la música electrónica, esa que acompaña a la película Sirat, dirigida por Óliver Laxe, cuyo metraje se extiende hasta unos 114 minutos de intensidad narrativa y sonora, y que centra su trama en un padre y su hijo en busca de una hija desaparecida entre fiestas rave en el desierto marroquí, enfrentándose a paisajes, ritmos y sensaciones límite. Me dejó impactada el sonido reverberante en el circo montañoso en el que se movían los de la rave de la “peli”. Debe de ser toda una experiencia distópica. Lo que voy a contar está relacionado con esa música, con esa atmósfera.

El Instituto Français de Madrid, tan exquisitos ellos y tan en la vanguardia siempre, ha organizado un ciclo de música electrónica y mi cuñada, qué está siempre a la última y abierta a catar novedades, me invitó al primer concierto: Résonance. El acceso ya tuvo su preparación porque el control de entrada era súper estricto. Parecía que estuviéramos en el aeropuerto por subir a un vuelo a Nueva York con sus inevitables registros “aleatorios”. Una vez superado el control de acceso y ya sentadas en la sala, leímos el programa, que explicaba la propuesta que íbamos a escuchar y ver: música orquestal electrónica en la que pianos y cuerdas dialogan con sintetizadores.

Y empezó el concierto, había diálogo, sí, pero con mis vísceras, con mis tripas, con mi hígado, con mi estómago. No es una música que llegue por los oídos, se siente en todas las partes del cuerpo. Al cabo de un rato no sabíamos si estábamos en la calle Marqués de la Ensenada o en Marte. También se añadían sonidos vocálicos indescifrables haciendo ecos y con fogonazos lumínicos.

El cometido de estos conciertos no es meramente auditivo: la combinación de luces, texturas sonoras y silencios estratégicos provoca una respuesta física que obliga al cuerpo a latir al unísono con el pulso rítmico. La música no solo acompaña, sino que transforma.

Mi cuñada y yo pasamos una hora abducidas, divertidas y teletransportadas a otra galaxia. El público era variado. Creo que hablaban francés. Recomiendo la experiencia si se tienen las vísceras en forma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *