TORRENTE PRESIDENTE ¿De qué os quejáis?
Dani Calavera//
La sociedad en la que vivimos se divide en dos y ya está. Izquierda y derecha. Pasa lo mismo en todos los países que forman la Unión Europea, Estados Unidos y parte del resto del mundo. Podría extenderme más, pero para qué, ya me habéis entendido. Y lo más remarcable (y terrorífico) es que se está fermentando una explosión debido al gran abismo que está separando ambos extremos. Pero para qué hablar de Francia y Gran Bretaña, hablemos de nuestro país, de España. Y hablemos de uno de sus exponentes, el Torrente de Santiago Segura. En una reciente entrevista, la actriz Toni Acosta afirmaba que hoy día, sería imposible una nueva entrega del casposo patrullador de la ciudad. Mi opinión es distinta.
¿Qué sentís al leer “España”? La derecha se ha apropiado incluso del nombre del país, colocándolo como estandarte de sus intenciones e ideas. Lo mismo ocurre con la bandera. De forma muy audaz, hace ya tiempo, un compañero de instituto aseguró envidiar el patriotismo americano, asegurando que allí la bandera para ellos es un símbolo de libertad, orgullo e incluso de paz (por hipócrita que suene éste último apelativo, que lo suena, desde luego) y al escucharle, no podía si no asentir, no convencido, pero sí pensativo, reflexionando sobre lo que mi amigo acababa de exclamar, para burla y recriminación del resto de la clase. Lo único que importa, es el populismo y el veredicto final del público. Porque, por supuesto, ser patriota no está de moda en muchos círculos. Si eres liberal, no puedes ser patriota. Si eres de izquierdas, tampoco. Soy consciente de la simpleza de estas frases, pero nos vamos a quedar en la superficie, sencillamente, rascando la punta del iceberg, porque como nos sumerjamos más allá del hielo que vemos, entonces éste texto podría durar un libro entero.
¿Está reñido realmente el ser de izquierdas con ser patriota? Por supuesto que no, cada uno puede tener la ideología que le plazca (siempre y cuando sepa razonarla) pero no me deja de parecer muy interesante, incluso burlesco, propio de un espectáculo, cómo se comportan los extremos cuando la rabia aflora. Por eso, teniendo en cuenta la rabia, ¿qué sentís al leer “España”? Un personaje como Torrente lo tiene claro: es lo único que importa, ser español. A no ser que se le ponga delante algo que le interese más (y que despierte sus más bajos instintos primarios). Torrente es un esperpento, una sátira, pero también es terroríficamente real. Y Santiago Segura, lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito.
Como espectador no puedo sino quitarme el sombrero ante Segura. Lleva cinco películas del personaje y en todas ellas se ríe a la cara de una gran parte del país y luego, es esa gran parte del país la que lo ensalza como un genio, como cine del bueno. Se ríe de ellos y ellos lo encumbran. Salvando las distancias (muchísimo) hace lo mismo que hacen los Hermanos Coen en sus comedias: se ríen de la gente en su cara y encima consiguen que esa misma gente los aplauda. ¿La diferencia? Los Coen hacen cine, Segura, una campaña de márketing inmejorable, apoyada por los mejores profesionales del sector audiovisual del país y parte del extranjero (pese a quien pese, las películas están bien hechas. Su factura es buena, si no entramos en contenido ni argumento). Y aquí es cuando un sector del mundo cultural entra en cólera absoluta, un sector que no lo trata como arte, ni como cine, ni siquiera como producto. Lo tachan de cerdo, misógino, asqueroso… No son capaces de separar producto y productor del mismo. Sin embargo, no les falta razón en una cosa: el estiércol que alimenta al ganado no se mejora, esto es, quienes consumen el producto Torrente y lo admiran e incluso imitan, es porque lo consumen y no son capaces de verlo como lo que es: una hipérbole, sátira del español de derechas.
Pero antes de ahondar en la posible secuela que se está gestando en la maquinaria de la industria española de las artes y ciencias cinematográficas, os pregunto: ¿Conocéis algún Torrente? ¿Hay alguno en vuestra familia incluso? No hace falta que contestéis. Vivimos en España, así que sí, lo conocéis e incluso puede que lo tengáis en vuestra familia. Porque, admitámoslo, Torrentes en España hay en todas partes. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito. Tampoco haré sangrar estas letras, tranquilos, porque es descorazonador hablar de éste tipo de personas (por llamarlos personas) porque siempre se defienden del mismo modo: o están de broma o son de otra época, ¿qué le vamos a hacer, verdad? Seguro que tienen buen fondo… a pesar de que la podrida superficie. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito.
Últimamente se ha redimido sin perder un minuto con sus films de comedia familiar (es más listo que el hambre) subiéndose al carro de la corrección política antes que nadie, haciendo comedia blanda donde se ensalzan los valores que el progresismo lleva por bandera, porque el mejor productor del país (lo es, aceptadlo) sabe perfectamente que lo importante para hacer dinero en el séptimo arte en la península ibérica no es el arte, es la comedia y los temas de moda. Vivimos en un país donde los creadores más conocidos se pueden contar con los dedos de una mano. El resto, tiene como meta uno o dos films que hagan dinero. Punto. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito. Pensadlo: un actor/director/guionista/creador que ha violado en un film a otro personaje, que ha humillado, masacrado y escupido tanto a la clase baja, como a la media, como a la alta, ahora interpreta a un padre desastroso que arranca las sonrisas de toda la familia. ¿Aún dudáis de su capacidad? Es un maestro, pero no del cine, si no de España. De lo que es y significa éste país para sus habitantes. ¿Qué más da que un político robe y mienta?, ¿qué más da que un monarca también lo hiciera?, ¿o que un futbolista viole a una chica?, ¿qué vamos a hacer nosotros? Nadie consigue nada, a no ser que mienta, manipule a la masa o tenga dinero, es así de sencillo. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito.
Seré más simple aún, ¿habéis leído algún programa electoral de alguno de nuestros partidos políticos? No sé, por ejemplo, un partido de bandera verde con letras blancas sin ir más lejos. Os garantizo vislumbrar una distopía de horror en algunos de ellos, en otros, ciencia ficción. En muchos, conveniencia que busca lo único que realmente importa: el poder. Y eso es lo que busca Segura y nadie puede recriminarle, porque las cosas como son: lo hace muy bien.
“España es un país de pandereta”, ¿cuántas veces hemos oído esto? Miles. ¿Ha cambiado algo? No. ¿Cambiará? Lo dudo. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito. Es de una simpleza genial, una simpleza que no se esconde, que está a plena luz para todo aquel que quiera verla. Por eso, ¿de qué os quejáis? Santiago Segura ha dejado muchas veces claro que él no es como su personaje fetiche. Es un gran comediante y productor que ha tenido gran éxito, punto. Y cansa que no lo consideren actor (os recomiendo “El gran Vázquez”, nació para éste papel), pero él no tiene la culpa de saber aprovecharse de la masa, por eso, ¿de qué os quejáis? El negocio es redondo y es un maestro en ello. Si se estrena un nuevo film de Torrente, pasará lo que ha pasado siempre, tendrá admiradores y detractores, pero sobre todo, tendrá público a raudales, reventará la taquilla, estoy seguro. Porque habrá dos espectadores: el que, harto de corrección querrá volver a sentirse seguro en un ambiente que ahora consideramos tóxico (pero que sigue y seguirá, a nuestro pesar) y el que querrá comprobar a qué límites habrá llegado ahora el personaje más sucio, irreverente y repulsivo que ha parido nuestro cine.
Torrente es el tío que en las bodas se emborracha y pellizca con lujuria a sus sobrinas. Es el policía que abusa de su poder y se esconde tras su placa y su arma, es el político que no sabe escuchar pero se enfada si no le escuchan, es el borracho que no quita ojo a las novias de los demás, es el hombre que se sabe superior porque es hombre. Y sí, también es el autor egocéntrico que carece de empatía, el extremista que sólo sabe dar garrotazos sin respeto y el estúpido que ríe si alguien cae por unas escaleras aunque muera en el aterrizaje. Torrente es el peor hombre de clase media, baja o alta que puede haber. Y los hay. Muchos. Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito. Mal que nos pese, vivimos en un país de un legado cultural incalculable en las artes, pero eso no da dinero, ni poder, porque a la masa le da igual. Pero Torrente… Torrente nunca da igual, siempre se hablará de él, seas de derechas o de izquierdas (e incluso si ya estás harto de ambos extremos). Y Segura, lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito.
Seguiremos viendo “La que se avecina”, ensalzando popularmente seres como Belén Esteban o Jorge Javier Vázquez. Dará igual lo que hagan mientras lo hagan. Que la mala prensa no existe no es del todo cierto. No existe si tienes el dinero o el poder suficiente para que no importe, entonces sí que es cierto. La solución más sencilla, como éste escrito, es seguir juntándonos en bares y en cenas con amigos, intentar ocupar el mínimo tiempo posible hablando de lo que hace a éste país ser como es y quizá, preocuparnos más por lo que podríamos ensalzar para que deje de ser como es. Pero por el momento, España grita, escupe, se enfrenta entre ellos y ellas, ríe a carcajadas a costa del erudito y el erudito, mira por encima del hombro con crueldad al que ríe. Mientras las palabras sigan siendo graznidos y las verdades ocultadas en informativos sin libertad de prensa alguna, Torrente seguirá siendo el exponente del país, el nombre y la cultura.
Y Santiago Segura lo sabía y lo sabe, de ahí su éxito.

