Un pequeño negocio rural y un gran sueño: Soler BarberShop

Texto: Marta Franco//

Una puerta de garaje enorme se abre. Se queda parada y encajada en el techo. Pongo la vista al frente y me encuentro ante el local. Una barbería “rollo industrial”, dice Daniel, dueño y creador de Soler BarberShop. Entro pisando una tarima flotante más bien resbaladiza  y debo tener cuidado de no caerme. Algunas paredes son grises oscuras; otras simulan ser ladrillo. Los sillones, tocadores y mobiliario aún sin quitar el plástico. Mis ojos van a otra cosa: la zona de niños. Un sillón pequeño y una pared de pizarra para que jueguen. Se ha pensado en todo. Cuando termino de observar el local no digo nada, pero mis ojos y mi expresión dan cuenta del entusiasmo que siento.

Hace ya varios años que la barba y los cortes precisos y “modernos” viven su máximo esplendor, y con ellos, un oficio que parecía haber desaparecido, el de los barberos. Cortes de moda, lociones, mascarillas… incluso videojuegos son algunos de los elementos que definen el ambiente de las barberías. O como se llaman ahora: BarberShops.  Y, si las barberías de la antigua Grecia eran un punto de reunión para filosofar y politizar (además de, obviamente, cortarse el pelo), las barbershops del S.XXI son el lugar para conversar con un hilo musical de fondo mientras se graban los stories para Instagram.

Tal como cuenta la revista Cantabria Económica, “España es el país europeo de las peluquerías. Un negocio que siempre ha estado más orientado a las mujeres, hasta que el interés de las nuevas generaciones de hombres por su cuidado personal ha dado un resurgimiento espectacular a las barberías”.  Y es que hace ya mucho tiempo que los clientes masculinos no acuden a cortarse el pelo solo cuando consideran que la largura es excesiva. Han elegido un estilo y deben mantenerlo. Cada vez son más los que se atreven con looks diferentes y arriesgados: tintes de colores, cabezas rapadas o llenas de dibujos… 

La clientela de las barberías cubre un abanico de edades muy amplio. Pero los más fieles se encuentran entre los 15 y los 30 años. Muchos acuden semanalmente. Esta fidelidad ha contribuido a que el auge de las barberías se haya extendido hasta las zonas rurales. Las localidades pequeñas ya disponen de su barbershop, lo que desencadena en una gran competencia laboral. Una competencia sana que, lejos de crear enemistades entre emprendedores, genera comunidad.

Corte de pelo masculino. Foto: banco de imágenes sin derechos de autor (Pexels)
El negocio de la barbería en el ámbito rural aragonés: Torres de Berrellén

Daniel Soler es un joven de 26 años que lleva dedicándose al mundo de la barbería desde los 20. 6 años de experiencia como barbero y un enorme espíritu emprendedor es lo que caracteriza al dueño y creador de Soler BarberShop. Una barbería situada en su pueblo natal, Torres de Berrellén. Una localidad pequeña – de unos 1500 habitantes- que contaba con 3 peluquerías femeninas y ninguna barbería masculina. Daniel lleva ya varios años dedicándose a esto, pero siempre trabajando para alguien. le encanta lo que hace, y el momento de “montárselo por su cuenta” es ahora. 

La ilusión se mezcla con los miedos. Una barbería parece un negocio seguro, sobre todo porque ya tiene su cartera de clientes fijos y es la única en el pueblo. Pero el miedo a que las cosas no salgan bien y que Soler BarberShop fracase siempre está presente. También existía una preocupación y miedo por la acogida entre las peluquerías femeninas, al fin y al cabo son ellas las que se han encargado de cortar el pelo a los hombres del pueblo. Sin embargo, para sorpresa y alegría de Daniel, la respuesta de estas peluquerías ha sido positiva. Se han mostrado entusiastas con la nueva apertura y han promocionado Soler BarberShop incluso enviando clientes. Pero no todo es tan sencillo. Las preocupaciones no se limitan al éxito. Comienza la carrera de fondo. Horas y horas dentro de un local vacío hasta convertirlo en una barbería que pronto será hogar. Papeles. Obras. Aprender a montar un suelo y a pintar una pared. Discutir con todo el mundo porque nadie entiende qué es lo que quieres. Agradecer a todos los que te ayudan. Preparar una gran inauguración. Y, a poder ser, disfrutar del proceso que supone abrir tu negocio por primera vez.

Tijeras de barbero. Foto: banco de imágenes sin derechos de autor (Pexels)

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