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Un pueblo entre fronteras: Tecate y Tecatito.

Wendy Melissa De La Torre Serrano, Rosanne Quintana Chang y Melina Illian Ramirez Bello//

En el norte de Baja California, donde México y Estados Unidos se encuentran, se localiza Tecate, un pequeño Pueblo Mágico que desafía los estereotipos de la frontera. Aquí, ni el bullicio abrumador de Tijuana; ni la aridez de Mexicali están presentes; en su lugar, Tecate ofrece una calma entre encinos y montañas, con tradiciones mexicanas que abrazan tanto a locales como a visitantes. Las fronteras parecen desvanecerse, no solo en el aspecto geográfico, sino también en la vida cotidiana de las personas que cruzan constantemente. A unos metros y al cruzar el muro está Tecatito, localidad que se asemeja más al estereotipo que las personas tienen de un pueblo mexicano, que al de una localidad estadounidense. En Tecatito se refleja la quietud del lugar; gasolineras, centros cambiarios y, sobre todo, estacionamientos o “parkings”, son el motor de este pequeño pueblo fronterizo. 

Tecate

Tecate es uno de los siete municipios (Ensenada, Mexicali, Tijuana, Rosarito, San Quintín y San Felipe), que conforman la región fronteriza. Reconocido como el primer Pueblo Mágico del estado de Baja California desde 2012, Tecate es famoso por conservar su esencia, esto debido a su ambiente tranquilo, su aire a unidad, su rica tradición cultural y su cercanía con la frontera de Estados Unidos, específicamente con Tecate California, mejor conocido como “Tecatito”.

Con una ubicación estratégica entre Tijuana y Mexicali, Tecate se caracteriza por su clima templado, su belleza natural rodeada de montañas y paisajes rocosos visibles en la región, así como su economía basada en el turismo, la agricultura, los servicios y  la cervecería. La cervecería que lleva el nombre de la ciudad debido a su origen en esta, ha hecho de Tecate un nombre reconocido a nivel global. Este nombre proviene del vocablo indígena «Tecatl», que algunos interpretan como «lugar de piedras cortantes». 

El alma de Tecate, se encuentra en el centro de la ciudad, especialmente durante el fin de semana. Allí se localiza el Parque Miguel Hidalgo, mejor conocido como “el parque del centro”, que refleja la unidad de sus personas al llenarse de vida con familias que salen a disfrutar, jóvenes en busca de una cafetería por visitar entre las opciones de los alrededores, e incluso personas que se reúnen al salir de la tradicional iglesia católica, la “Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe” que ubicada en la calle detrás del parque, se ha convertido en un punto clave en la historia de la ciudad, siendo el primer templo edificado en 1941. 

Por las tardes de otoño, el parque está en su máximo esplendor. Familias completas pasean entre las bancas, bajo la sombra de los árboles, las coloridas bugambilias o las grandes palmeras. Desde la entrada, marcada por las letras de TECATE, se escucha el eco de las cumbias interpretadas por Juan Gómez, un señor conocido por animar las tardes en la ciudad con su música. Los adultos mayores, sentados en las bancas, escuchan siempre atentos, mientras que otros valientes siguen las peticiones del señor Gomez y se acercan a bailar.

Bajo la sombra de un árbol, un grupo de adultos mayores se reúne por las tardes para jugar bingo y bailar cumbias, llenando el ambiente de alegría entre risas y aplausos. Una joven que pasaba por ahí animada a acercarse por los aplausos de las personas, aceptó la invitación de unirse al baile, siguiendo el ritmo de los señores mayores que dibujaban sonrisas en sus rostros y la guiaban en sus pasos. 

Parque Miguel Hidalgo, Tecate

“Sí sabe bailar ¡No más no quería!”, le dijo uno de los señores entre risas al terminar la canción. 

Cerca del quiosco, los niños jugaban con patines del diablo y perseguían burbujas, mientras sus padres felices los seguían de cerca y disfrutaban de paletas de hielo o algunos, los populares tostilocos. “Es así como Chiapas”, comentó una joven al pasar, sorprendida por la dinámica familiar y los colores llamativos que ofrecía el parque. Alrededor, las carpas blancas del bazar, que solo aparecen durante los fines de semana, ofrecían todo tipo de artesanías y ropa típica de colores vibrantes. Los turistas extranjeros no pasaron desapercibidos, recorriendo los puestos y admirando los productos locales. A solo tres cuadras caminando, se deja atrás el parque y el ambiente se transforma, subiendo por la calle principal, la pared cubierta de arte urbano del cine viejo de Tecate, es un recordatorio de la historia de la ciudad y su continua evolución.

Tecate

Al cruzar la frontera: Tecatito

“Tecatito” es el nombre popular que los habitantes de Tecate, Baja California, le dan a un área no incorporada ubicada en el condado de San Diego, California, Estados Unidos. Esta pequeña localidad se encuentra justo al lado de la ciudad mexicana del mismo nombre, formando un vínculo único entre ambos lados de la frontera.

Hay dos opciones para cruzar: de manera peatonal o en automóvil. Ambas ofrecen experiencias muy diferentes. En la dinámica automovilística se suele pasar rápidamente sin mayores inconvenientes al mostrar su Visa, aunque el tiempo de espera generalmente es mayor que al cruzar caminando. El cruce peatonal hacia Estados Unidos, varía drásticamente dependiendo del día y la hora. Si cruzas un domingo por la tarde, como en esta ocasión, el proceso es rápido y fluido, tomando alrededor de cinco minutos. Sin embargo, si se cruza un lunes por la mañana, la experiencia es completamente distinta, la espera puede extenderse hasta dos horas.

Frontera Tecatito

Al cruzar los controles fronterizos antes de llegar a la puerta de salida, una vitrina imposible de ignorar por su impactante contenido se impone. Dentro, descansan objetos ilegales del cruce, elementos de caza que se comercializan de manera ilícita: águilas disecadas, caparazones de tortugas, botas vaqueras hechas de piel de serpiente, piel de cascabel, caballitos de mar disecados, e incluso un tapete de gato montés.

Desde ese momento, el ambiente comienza a cambiar. La propaganda de un estilo de vida que es tan común en Estados Unidos está presente en cada rincón: el servicio al país, los agentes de migración, los sheriffs locales y los militares. Un letrero que dice “Welcome to the United States” marca un antes y un después, con la bandera de los Estados Unidos ondeando, anunciando que ya se ha cruzado la frontera. 

Los estacionamientos, por extraño que parezca, son un negocio próspero, donde se paga por mes, semana o incluso por día.  Aquí, pagar para dejar el auto estacionado por la noche es lo que permite que el lugar siga operando aunque parezca deshabitado. A pesar de su cercanía a las grandes ciudades estadounidenses, se siente lejano, casi desconectado de la vida rápida que caracteriza a otros lugares en la frontera.

A las 4:30 de la tarde, el sol comienza a descender, y el ambiente se vuelve silencioso. Solo se escucha el pasar de los autos, el canto lejano de los pájaros y el sonido de las maletas deslizándose por el concreto, de personas que empezarán una nueva semana de trabajo en Estados Unidos. Tecatito parece ser un pueblo donde la vida social es nula, únicamente se distinguen algunas personas trasladándose hacia sus autos y otras que de manera apresurada se dirigen hacia México, destacando en el paisaje solo un muro formidable y una gran cantidad de vehículos estacionados. 

A pesar de su ritmo apacible, Tecatito ofrece una oportunidad para quienes desean ganar en dólares sin perder la cercanía con su país. Los migrantes, los trabajadores, todos encuentran aquí un espacio donde lo económico se cruza con lo familiar, donde la frontera no es solo un límite geográfico, sino también una forma de vida.

En el recorrido a pie por las calles, las señales de advertencia son constantes. Se recuerda que la marihuana no es legal en México, que las armas no son permitidas y que las mercancías deben ser declaradas. Cada cartel es un recordatorio de la frágil línea que separa dos mundos. Entre tienditas, cajeros ATM, tiendas de licor, centros cambiarios, una parada de autobús y una pequeña primaria, el paisaje es el de un pueblo en transición; el camino hacia una gran ciudad. 

Al final, la frontera no solo resulta ser una división en el mapa, sino también el contraste de dos vidas completamente diferentes que se encuentran entrelazadas entre sí. Tecate y Tecatito son un claro reflejo de lo viva que se encuentra la frontera; esta división deja de ser un límite y se convierte en un paso más entre el bullicio del pueblo mágico y el silencio desértico de este pequeño rincón de Estados Unidos. En medio de este ir y venir, las dinámicas cotidianas de cruce en el área, trascienden las barreras políticas, ni siquiera los aranceles, parecen ser un impedimento para la naturalidad del comercio que caracteriza a esta región. 


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