Alivio
Jorge Solanas//
Ayer por la tarde fui por primera vez a un velatorio con mi madre. La persona a la que habíamos ido a despedir llevaba enferma muchos años, pero su situación se había agravado en los últimos meses. Esto le condujo a un sufrimiento que hace ya tiempo se había convertido en innecesario.
De regreso a casa le pregunté a mi madre si en nuestro país está aprobada la Ley de Eutanasia a lo que ella, dudando, me respondió que no. Quise asegurarme buscando en Internet y obtuve el veredicto. La Ley de Eutanasia fue aprobada por el Congreso y el Senado en marzo de 2021 y entró en vigor 3 meses después. Entendí al momento la confusión de mi madre: esta ley solo ha sido aplicada en 180 casos en 3 años. Estos datos me llevan a pensar que la aplicación de esta norma no está siendo la adecuada, o como mínimo, es mejorable. Durante estos 3 años muchos enfermos y familiares han querido acabar con su sufrimiento de forma digna. Sin embargo, el alto número de condiciones que hay que cumplir para que se acepte iniciar el procedimiento de la eutanasia ha hecho que solo unos pocos hayan podido acceder a ella.
El proceso de la eutanasia consiste en tomar una serie de fármacos que inducen al coma para posteriormente, provocar la muerte. Para que una persona solicite que se le aplique la eutanasia, esta tiene que padecer una enfermedad grave, incurable o crónica que genere «sufrimientos físicos o psíquicos constantes e insoportables sin posibilidad de alivio», según el Ministerio de Sanidad. La enfermedad le debe afectar a la capacidad de expresarse y relacionarse, pero a su vez, el paciente debe ser capaz y consciente a la hora de realizar la solicitud. La propia ley deja muy claro que nadie puede solicitar la eutanasia por otra persona. Hay casos donde no es posible que el paciente pueda expresar lo que siente debido a sus graves condiciones físicas. Por ello, es necesario aplicar excepciones para estos casos que permitan a las personas más cercanas decidir por el enfermo. Un familiar siempre buscará lo mejor para su ser querido, por lo que su opinión debería cobrar una mayor importancia.
El paso que se dio hace 3 años para evitar el sufrimiento de aquellas personas con graves problemas de salud fue grande. La muerte en paz es un derecho que todas las personas debemos tener más allá de las convicciones religiosas. La ley es positiva y ha mejorado nuestra sociedad, pero hay que llevar a cabo los cambios pertinentes para que más personas se beneficien de ella. Reducir la dificultad para solicitar la eutanasia es clave para evitar el dolor y la agonía que sufren las familias cuando una enfermedad ya no tiene solución. La muerte digna está a un pequeño paso.

