Body positive frente a la perfección en la Red

Raquel Laporta//

Llevar una vida healthy se impone. Es #top y lo mejor para tu salud. Todo lo que sea cuidar el cuerpo con el fin de sumarse a esta tendencia es bienvenido en las redes sociales. El problema está, como siempre, en qué se comparte en estas plataformas. A nadie le gusta mostrar sus miserias, así que el mundo 2.0 se ha convertido en un escaparate dominado por la tónica del happy feeling, donde aparentemente las vidas ideales existen.

Casi la mitad de la población forma parte de Facebook, Instagram o Twitter, plataformas que diariamente exaltan el amor propio vinculado con el culto al cuerpo. #Everyday vas al gym a esculpir tu figura y desayunas unas preciosas tostadas de aguacate acompañadas de un smoothie detox. Por supuesto, tomas cincuenta fotografías de todo ello hasta que das con la idónea. La publicas bajo un filtro, otro filtro, otro filtro…espera, un filtro más. Listo. El verdadero peligro está cuando entras en el terreno de la idealización o, directamente, de crear vidas que no son reales. Porque no nos engañemos, cuántas veces vemos por la calle ese anhelado prototipo de persona ideal: sin arrugas o acné, sin un gramo de grasa o celulitis, sin estrías, cicatrices o quemaduras en la piel.

Todo ello es fruto del mensaje generado durante años por industrias como la moda, la publicidad, el cine y los medios de comunicación. Su voz es la dictadora de la belleza y nos han vendido que para obtener éxito nuestro cuerpo debe alcanzar ese canon ilusorio. Y ahora, con las redes sociales, cada uno de nosotros nos ocupamos de seguir engordando estos mitos. Una presión social que desemboca en graves problemas relacionados con la salud mental, producidos por la no aceptación de nuestra imagen. Sin embargo, al mismo tiempo que los adeptos a este mero postureo se multiplican diariamente en las redes, hay personas que le plantan cara al modélico ideario de bienestar.

El desfile de Victoria’s Secret es una de las piedras angulares del mundo de la moda, uno de los eventos más esperados por las fashion victims. Se trata de un espectáculo anual que, desde 1995, vende su lencería a través de modelos elitistas. Aunque la expectación sigue siendo muy alta, las cifras de audiencia de este show están cayendo en picado. En 2013 alcanzó casi 10 millones de espectadores, sin embargo, el pasado año apenas superó los 3 millones en EE.UU. y Latinoamérica. Quizás el quid de la cuestión está en que, mientras la sociedad está evolucionando, firmas como Victoria’s Secret no se están adaptando a las nuevas realidades socioculturales.

Estas realidades, en cambio, se han visto representadas en las calles. El día previo a este evento, en Nueva York tuvo lugar The Real Catwalk, una iniciativa que, en palabras de su fundadora, KhrystyAna Kazakova, tiene la misión de “difundir un mensaje de amor propio y aceptación”. Así mismo, en Londres, siete mujeres protestaron pacíficamente en ropa interior frente a la tienda de Victoria’s Secret en Oxford Circus. Estas iniciativas, que tienen por bandera promover la diversidad, siguen la filosofía del body positive; un fenómeno en auge que se basa en la idea de que el bienestar de las personas no tiene que ver con el aspecto físico.

Y cuando estas dos realidades tan opuestas aterrizan en Internet, la polémica está servida. La noticia del último fichaje de los ángeles de Victoria’s Secret incendió las redes de comentarios de indignación, pena y vergüenza. No es para menos. Las elevadísimas exigencias de la firma de lencería acogían entre sus filas a Barbara Palvin. La modelo húngara tiene unas medidas de infarto; 87-58-89, cifras muy por debajo de los 90-60-90 que convirtieron en canon de perfección las supermodelos de los años 90. Sin embargo, la firma decidió contratarla como una modelo de la categoría plus size. Un hecho que dejó perplejas a millones de personas en el mundo. De ahí que la primera búsqueda generada en Google al teclear “Barbara Palvin…” sea “peso”, seguida de “medidas”. Sabiendo estos datos, ¿es normal que un referente de belleza plus size sea una mujer de 55 kilos con 1.75 metros de altura? Seamos realistas, lo cierto es que no.

Cada persona tenemos unas características que nos hacen únicas y convivir rodeadas de este tipo de mensajes sobre cómo deberíamos ser termina empañando la realidad. Que existan múltiples diferencias entre nuestras complexiones, alturas y rasgos es lo normal. Lo que no debería ser normal es que, por no tener un físico estandarizado, se denigre a una persona hasta el punto de provocarle ciertas inseguridades que deriven en serios trastornos afectivos o de la conducta alimentaria. Trastornos que repercuten en un factor indispensable para el bienestar de los seres humanos: la salud mental.

Las cifras de Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA) son alarmantes. En España, los últimos estudios realizados apuntan que la anorexia y la bulimia tienen una tasa de prevalencia en torno al 0.3 y 1% de la población femenina adolescente. La magnitud del problema es evidente; el TCA afecta a una de cada diez chicas de entre 12 y 21 años. Además, es preciso señalar que la vulnerabilidad es una de las características imperantes en la etapa de la adolescencia. Por ello, el mensaje que estas firmas de moda están lanzando es especialmente peligroso para ellas. Como mínimo, para llevarse las manos a la cabeza.

De ahí la importancia de la presencia del body positive en las redes; una forma de contrapoder a una industria millonaria. ¿De qué nos sirve estar en continua búsqueda de una belleza que es efímera? ¿Por qué debemos machacarnos mentalmente si no cumplimos con unos estándares casi inalcanzables? Sería hipócrita admitir que, en un mundo donde reina el postureo, es fácil aceptar todas nuestras particularidades y saber convivir en plenitud con ellas. Pero esa dificultad no tiene que ser una barrera, sino una progresión psicológica. Porque el body positive es, sobre todo, mind positive.

 

 

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