EnsayosNARRATIVAS

La cara “b” de Erasmus

Jorge Callau (@JorgeCallau)//

Cambiar de vida y de amigos. Salir todos los días de fiesta. Viajar en avión. Compartir miles de fotos en redes sociales. Aprender idiomas. Conocer nuevas culturas. No tener preocupaciones. Estar alejado de todo lo malo. Descubrir a tu mitad. Ser la envidia de todos tus amigos. Vivir “la mejor experiencia de tu vida”. 

Para la mayoría, el Erasmus se resume en esto. Sin embargo, detrás de esta vida tan perfecta -y adelanto que idealizada- hay una parte que nadie cuenta. Una cara “b” que, sino la vives en primera persona, es muy difícil que la conozcas. ¿Las razones de este silencio? Cada uno tiene las suyas: no preocupar a la familia, encajar en el molde tradicional del estudiante, no dar lástima a otros compañeros erasmus o no estar mal contigo mismo por no aprovechar la aventura. A pesar de que cada caso es diferente, la mayoría de los estudiantes Erasmus – por no decir todos- han pasado los mismos apuros que les han permitido conocer el lado oscuro de una experiencia con luces, pero también con sombras. 

La beca que nunca llega

Uno de los puntos más negativos y desconocidos del Erasmus es el aspecto económico. Antes de llegar al país de destino sabes que, como beneficiario de un programa de intercambio europeo, la Unión Europea te otorga una beca mensual para sufragar los gastos durante tu estancia, mejor dicho, sufragar una insignificante parte de ellos. Una vez aterrizas, pasan los días a un ritmo frenético, siempre y cuando tu situación – y la de tu familia- permita afrontar los gastos sin la famosa beca. 

En el caso de necesitarla, al segundo mes te das cuenta de que lo de “mensual” se queda en pura anécdota y palabrería. Los más afortunados la reciben a mediados de la estancia, cuando lo normal para entonces es llevar más de 3 meses del Erasmus. ¿Y mientras tanto? Pues no queda otra que aguantar… Este es el caso de Carles Rosech, estudiante de Pontevedra que estuvo de Erasmus en Bolonia el pasado curso: “Iban pasando los meses y la beca no llegaba. Dejé de hacer planes y viajes porque no tenía suficiente dinero. Me llegó la primera semana de enero, cuando ya había pasado casi todo mi período porque solo estuve un cuatrimestre”. 

Fuente: Euosuna

Los problemas no terminan aquí. Una vez recibida la ayuda  – toda de golpe para compensar los meses de espera- te das cuenta de que es insuficiente. Sí, la beca que llevas esperando – y también tu familia desde España- más de un trimestre no alcanza. ¿Cómo puede ser esto? Pues bien, nos vamos de nuevo a Italia.

A los alumnos de la Universidad de Zaragoza que están de Erasmus en el país italiano les corresponden, según el propio centro, 260 euros mensuales de beca. Inmobiliare.It, el mayor portal de búsqueda de alquileres de Europa, afirma que el precio por metro cuadrado en Italia es de 13 euros. Pongamos que vivimos dos estudiantes en un piso de 80 metros cuadrados – el mínimo habitable estipulado está en torno a los 35 por persona-, por lo que el alquiler total ascendería hasta los 1040 euros, 520 por persona. ¡Sorpresa! La beca “mensual” que recibes te sirve para pagar menos de la mitad de tu alquiler. A eso hay que sumarle, mínimo, los gastos de la vivienda y comida – ocio a parte – Para definirla, se viene a la cabeza una frase muy famosa: “Tarde y mal”.  

Las notas “regaladas”

Otro de los mitos del Erasmus es la vehemencia y las facilidades que brindan las universidades de destino a la hora de obtener buenas notas. ¿Quieres sacar sobresaliente? ¿Quieres aprobar una asignatura que se te resiste en España? La solución es irte de Erasmus. Solo falta que hagan un spot publicitario. 

Lamento decir que se trata de un mito. Las universidades no tienen la obligación de facilitarte apuntes o de hacerte el examen en tu idioma de origen. Todo alumno sabe la historia de aquel compañero al que aprobaron “sin hacer nada” en el Erasmus, pero solo unos pocos afortunados conocen la historia de aquel que suspendió por lo mismo, estar “sin hacer nada”. Respecto a estos últimos, hay más casos de los que se piensa. La razón de que no se conozca esta información: “la historia la escriben los vencedores”.  

Según un estudio del departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, la calificación media de sus alumnos Erasmus está en torno al 7 sobre 10. Desde luego no es mala, pero despeja el falso mito respecto a las notas en la estancia Erasmus. ¿Te irías de Erasmus si supieras que tu media será  un 7? 

También encontramos situaciones particulares que ratifican todo esto. Por ejemplo, el caso de Jordi Pérez, estudiante del Grado de Datos y Analítica en la Universidad de Valencia. El año pasado estuvo el primer cuatrimestre en Verona. Cursaba el último año, y decidió irse de Erasmus para aprobar las asignaturas más difíciles y terminar el grado, pero no le salió tan bien como esperaba: “Pensé que en Verona iba a ser todo más sencillo y podría terminar la carrera para el segundo cuatri, pero suspendí 3 de las 5 que cursaba en Italia, por lo que he tenido que quedarme un año más estudiando en Valencia”. 

La burocracia, el terror de todo Erasmus

Aunque no dependa del alumno, es el principal – y único- perjudicado en este asunto. La burocracia es un reflejo de la mala organización que hay entre universidades. Para compensar este problema, pasas horas y horas firmando documentos que te suenan, como poco, a chino mandarín. Uno de estos es el Learning Agreement, con el que muchos todavía tienen -y tenemos- pesadillas. Se trata del papel que acredita las convalidaciones que se llevan a cabo entre las asignaturas cursadas en España con las realizadas en el país de destino. 

Fuente: Edgar León

Lo sencillo sería que las propias universidades tuviesen entre ellas convenios y contratos para cada Grado y curso, pero sería demasiado fácil. Con la única ayuda de los compañeros que hace un año pasaban por la misma situación, hay que luchar contra este papel que actúa como “contrato” entre las universidades para los créditos. Una vez ganada la batalla -con sus más de 10 correos entre la universidad de origen y de destino – ya solo quedarán otros tantos documentos que deberán ser firmados y presentados en un límite muy corto de tiempo.

Pensarás que esto termina cuando aterrizas en tu destino, pero ¡Sorpresa!, el papeleo continúa, y la pesadilla del Learning Agreement también. Son muchos los que, al llegar, se dan cuenta de que las asignaturas escogidas no existen, se solapan o no tienen nada que ver con su carrera. Toca volver a reabrir algo que ya parecía superado. Y pensarás, ¿y si no lo retocan?, pues la realidad es que allí no pasaría nada, pero después, a la hora de la convalidación de créditos en España, te llevarás otra sorpresa… Y de las desagradables. 

¿Preparado para la experiencia?

Como estudiantes no se nos escapa que las calificaciones y la edad no suelen ir de la mano respecto a la madurez. Y en el Erasmus no iba a ser menos. Las universidades, salvo casos especiales, suelen pedir un mínimo de 180 créditos superados para disfrutar de la experiencia, pero ¿los créditos muestran de forma real la madurez del estudiante? La respuesta la sabemos todos. 

Cuando vives el Erasmus en primera persona te das cuenta de que la insensatez campa a sus anchas en el ambiente. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en la obligación de salir de fiesta 4 o 5 veces a la semana – con lo que todo ello conlleva- para socializar con los compañeros. Una actitud bastante infantil para personas que están por encima de los 20 años y que, además de ser nociva, muestra el problema de los jóvenes con el alcohol a la hora de establecer relaciones personales.  

Fuente: Night Mad

También se refleja con el idioma. El Erasmus es una oportunidad única para aprender una nueva lengua y cultura, aunque hay quienes no la aprovechan. Metidos en una burbuja con gente de su país, los estudiantes olvidan la parte más “didáctica” – y a la larga más enriquecedora- de esta aventura. Otra muestra de que no todo el mundo está preparado. 

¿Y después?

Según un estudio realizado por distintas universidades de España, cada vez es más común el “síndrome post-Erasmus”, que consiste en tener una sensación parecida a la depresión. Se piensa que las razones son la nostalgia y tristeza, pero la verdad es otra. Se produce por el mazazo que significa regresar a la vida habitual tras estar en una burbuja en la que nada ni nadie te importa. La gran ironía de sentirse triste por descubrir la realidad. 

¡Buen viaje!

Fuente: EITB

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