Las tres caras de Rosa Montero

Alba Martín Amaro//

La frontera entre periodismo y literatura es difusa. Es bien sabido: muchos literatos son periodistas y viceversa. Desde clásicos como Zola, Balzac, Clarín o Dickens, hasta la actualidad con Pérez Reverte, Vargas Llosa o Montero, pasando por el siglo pasado con Sartre, Camus, Hemingway o García Márquez.

Rosa Montero es una periodista que, además de conceder ahora  entrevistas, ha realizado otras cuantas –más de 2.000– durante casi cuarenta años de labor periodística. Es, además, escritora de cuentos y novelas en los que juega con lo real y lo ficticio: “El periodismo que yo hago […] es un género literario y puede llegar a cotas de calidad tan altas como cualquier otro. Eso se demuestra, por ejemplo, en la novela A sangre fría, que es un reportaje de Truman Capote”. (El País, 2001).

Montero es de esa clase de periodistas que afirman rotundamente que el periodismo es un género literario como otro cualquiera. Por tanto, comparten características y diferencias. Algo que ya tienen en común, según la autora, con la novela realista del S.XIX y con el Nuevo Periodismo de los años sesenta: “Siempre ha existido un periodismo literario con ambición de estructura y con ambición de expresión”, declaraba en La República (2000).

Rosa-Montero
Fuente: Librerías de Zaragoza

¿Pero qué significa para esta escritora cada uno de ellos? En primer lugar, el periodismo es su oficio. El periodismo es el encargado de dar cuenta de “la realidad cotidiana donde nos movemos habitualmente”, a partir de sus máximos valores: la claridad y la veracidad del relato. Cuanto más clara e inequívoca sea una pieza periodística, mejor”, así lo afirma Montero cada vez que le preguntan por esta cuestión. En este oficio se “escribe lo que se pregunta”, fruto de la curiosidad continua, requisito sine qua non para la escritora madrileña. Además, el periodista debe tener ambición por escribir bien, aunque se encuentre, en cierto modo, ‘atado de pies y manos’: “En el periodismo vivimos […]  en cosas que además están marcadas con fecha y con hora y que es pura superficialidad. Está bien, porque esa realidad existe”. Una premura que encorseta al periodista. Sin embargo, ella piensa que “solo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede bien hacer el amor y se puede escribir bien” (TVE, 2013).

Esa libertad sólo la proporciona la ficción en forma de novela. Si en el periodismo se valora la claridad, lo destacable de la novela es la posibilidad de ser ambiguo, destaca Montero. En muchos sentidos, se trata de dos aspectos antitéticos que aparecen entreverados en su obra.

La realidad literaria le resulta mucho más profunda: “La novela es la autorización a la esquizofrenia, porque te permite vivir otras vidas, la de tus personajes, sean éstos buenos o malos”. La novela, para Rosa Montero, es el modo de dar sentido a todo el dolor y el pesar de la vida. Vivimos en un mundo caótico, en el que se sufre. De la vorágine dinámica de inconsciencia, sueños y pensamientos surgiría la novela, cambiante a lo largo de los siglos.

“La novela es el género literario que más se parece a la vida y es igual de prolijo, igual de híbrido, de sucio, de sobrante, de contradictorio, de complejo, de absurdo… así que por eso me encanta, esa es la grandeza de la novela” (Lee por Gusto, 2014).

locacasaLa literatura para esta autora no es un ente perfecto, más bien todo lo contrario: es inexacta, mestiza e informe. La locura traduce su mundo interior. Ese mundo que divide con igual intensidad una parte muy fantástica y otra muy real. Esa ruptura de esquemas es lo que ofrecen sus novelas, unos textos que –en muchas ocasiones– no sabe cómo definir. Entre ellos, destacamos ahora tres títulos: La loca de la casa, La ridícula idea de no volver a verte y su primera novela, Crónica del Desamor.

Montero sostiene que ella es una escritora que cultiva tres caras: periodista, narradora y ensayista. En La loca de la casa utiliza el juego de la autoficción: en un punto determinado de la obra se descubre que la autora nos está engañando, lo que nos hace preguntarnos como lector si hay algo más de mentira en dicha obra. Y así es: Montero detesta escribir sobre ella misma, la literatura dice que sirve “para contar mentiras”. Otra mixtura literaria es la segunda (¿novela?) que hemos mencionado: La ridícula idea de no volver a verte, donde la propia autora reconoce que no sabe qué ha escrito: ella lo etiqueta “ensayo narrativo”. Es un cruce de novela, ensayo y fotografía –esta última en alusión al reportaje– que cuenta la historia de Madame Curie tras la muerte de su compañero Pierre Curie.

Finalmente, otro de sus híbridos resulta ser su primera novela, Crónica del Desamor. Y aunque, a priori, quizá por su propio nombre supongamos que se trata de una crónica periodística, Montero se ciñe al significado de esta palabra en su sentido más etimológico. Pues una crónica no es más que un relato, el cual narra una serie de acontecimientos bajo un orden cronológico -valga la redundancia-. Ya desde un principio, el título nos hace titubear. ¿Qué es la crónica para Rosa Montero? ¿Periodismo y novela? ¿Un relato progresivo? Para esta modesta lectora, un texto bastante difícil de catalogar.

“Este libro es una especie de mirada alrededor, tiene unos personajes bastante esquemáticos y por este sentido le he llamado crónica”. (TVE, 1979).

Se trata de una obra desordenada, casi caótica, que carece de estructura y que, además, se desarrolla con unos personajes involutivos. Una pieza literaria a caballo entre la crónica para la cual resulta demasiado escrita y la novela, para  la cual le falta mucho tiempo de escritura. “Es una crónica, pero con narraciones ficticias” en la que se retrata la España de la Transición: toda una generación que afrontaba una crisis de valores bajo una lucha común, la dictadura franquista, pero que con la llegada de la democracia “atisba la realidad de una forma diferente”. Un particular desamor sufrido, en su mayoría, por mujeres. El machismo de la época en todos los planos, la liberación de la mujer tanto sexual como política y la homosexualidad son algunos de los asuntos de esta crónica. Todo ello, bajo la mirada de Ana, madre soltera y periodista que quiere escribir un reportaje y tener un puesto fijo en la redacción, pero a la que su condición de mujer en ‘un mundo de hombres’ se lo pone difícil.

9788432215483A pesar de que su obra trata de mujeres supervivientes, Montero detesta hablar de literatura feminista. “Soy feminista, no concibo a una mujer con privilegios (poder tener su profesión, nivel cultural, etc.) sin ser feminista. Pero al libro lo concibo como femenino, porque yo no he intentado hacer un libro sobre tesis feministas, ni de recambio, ni alternativa […] Lo que he escrito ha sido un libro desde el punto de vista de una mujer, por eso digo que es femenino” (TVE, 1979).

El género es únicamente un ingrediente más para el escritor o escritora, sostiene. También lo es su edad, su procedencia, su lengua, su cultura, su clase social… Ser hombre o mujer no es un factor relevante para la escritora a no ser que “seas una mujer de Afganistán, criada entre talibanes, donde no se puede salir de casa…”, a no ser que signifique tu sexo una patología social.

“Todos los escritores hablamos del género humano”. En sus novelas dice identificarse tanto con sus personajes femeninos como con los masculinos e incluso, dependiendo de la novela, aquéllas se reflejan más con el varón. Por tanto, sea el sexo que fuere, en novela hay que hablar de un género neutro que es el humano.

En escritores como Rosa Montero es tarea difícil establecer el límite entre novela y periodismo. La ficción que apareció a sus 27 años desbanca, hoy en día, al periodismo que la hizo famosa y del que dice estar harta. Por ello, clasificar de una forma concienzuda su obra, inmersa en un maremágnum de géneros que cruza las líneas, es complicado. Lo que se puede afirmar con seguridad es que  esta escritora y periodista juega con los límites a la perfección, traspasando una frontera penetrable por ambos lados de la valla.  

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