Excitando los sentidos

Mario Soro Royo//

La influencer zaragozana Caramelizandra presentó una colección de fotografías de los postres que elabora para su blog de cocina creativa Saborea con los ojos.

El bar Gilda de la capital aragonesa se convirtió por unas horas el pasado día 17 en uno de los enclaves más destacados de la repostería municipal. En un desenfadado acto que comenzó hacia las ocho de la tarde, decenas de asistentes —en su mayoría, jóvenes— llenaron el local para asistir a la presentación de las instantáneas de Carmen Lizandra, que permanecerán en exposición hasta finales de mayo.

Saborea con los ojos 2

El origen de esta pequeña muestra se encuentra en su blog, de cinco años de vida. Su nacimiento coincidió con la preparación de su primer bizcocho. La atracción fue instantánea: “Me gustó mucho hacerlo y, poco a poco, empecé a ver que había muchísima información en la red, que podía hacer muchas recetas de diferentes países. Y me lancé”.

Esta joven de 22 años no pierde ocasión de degustar nuevos sabores y texturas en sus viajes de ocio, ya sea por el territorio nacional o fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, donde ha encontrado mayor inspiración es en la bloguera sueca Linda Lomelino y su espacio Call me cupcake. “Tengo hasta un libro suyo”, admite casi con vergüenza la bloguera zaragozana.

Carmen Lizandra —el nombre detrás de su seudónimo gastronómico— ha sido autodidacta a la hora de aprender a cocinar. Ha interiorizado el método de ensayo y error. Aunque de los segundos “ha habido pocos”, reconoce aliviada. Considera que lo suyo con la repostería es “como la suerte del principiante”. El público asistente a su exposición tuvo la oportunidad de degustar los frutos de esta suerte. Un surtido especial de postres fue presentado para la ocasión: bizcochos de chocolate, fresa y limón u hojaldres de manzana, entre otros. Ataviada con un vestido floral de color turquesa y un bolso marrón, la joven repostera no paró de recibir felicitaciones por su trabajo.

Saborea con los ojos 3

La cocina supone para ella “un medio para encontrarme con mi parte más creativa, para canalizarla adecuadamente”. Y, dentro del amplio abanico de posibilidades que los fogones ofrecen, no es casualidad que se haya decantado por la repostería como forma de expresión. En ella puede ver cómo sus creaciones cobran vida, se elevan, se transforman en el horno gracias a la acción de la levadura. La facilidad de combinar los postres según la temporada, además de la enorme cantidad de sabores a su alcance, también han influido en su decisión: desde galletas navideñas de jengibre y canela hasta una tarta de fresa y nata bien fría para el verano, todo tiene cabida en su espacio. Aunque la debilidad de esta bloguera son las nueces. “Es el alimento que más me gusta incorporar a mi cocina”, asegura.

Los  dulces que prepara se han convertido en la excusa perfecta para conjugar su vena culinaria con otra de sus grandes pasiones: la fotografía. En un mundo cada vez más acelerado, Carmen ha hecho suyo el bodegón precisamente por todo lo contrario: por las reminiscencias que evoca de épocas más tranquilas. “Me gusta porque no se mueve, sobre todo. Soy yo la que se desplaza y puede mirarlo desde diferentes ángulos. En comparación con otro tipo de fotografía que requiere hacerla en el momento, en el bodegón solo dependes de la luz. Tienes todo el tiempo que ésta te permita”, explica.

Saborea con los ojos 4

Esta meticulosidad se manifiesta en su cuenta de Instagram, reflejo de cuidados y creativos encuadres que han encandilado a cerca de 2.000 personas. La amalgama de colores que forman sus postres ha gustado—y mucho— en esta red social. Tanto es así, que el pasado noviembre estos aparecieron en el suplemento Con mucho gusto, de Heraldo de Aragón. Y es que, en mayor o menor medida, esta joven se ha convertido en una influencer local. Incluso, en ocasiones, algún establecimiento le invita a comer a cambio de dar visibilidad a sus elaboraciones.

A pesar de este éxito, esta estudiante de Psicología de la UNED no tiene por el momento la intención de profesionalizar esta actividad, la cual considera “una parte de la que estoy muy orgullosa, pero una parte más de mí”. En cualquier caso, Caramelizandra se ha convertido en una exponente de una nueva forma de entender la comida y el arte en nuestros tiempos.

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