Freak-Show
Autor: Pedro Modrego @pedromdrgo
Uno de los puestos de trabajo más codiciados por la Generación Z es el de “influencer”. Fama, dinero, viajes por el mundo, eventos y regalos caídos del cielo. El privilegio de convertirse en estrellas de Instagram, TikTok o Youtube que cuentan su vida, hacen bailes y… poco más. La mayoría destacan por su apariencia física, otros por ser amigo de y otros por su humor y ocurrencias. Pero hay un grupo que sobresale por encima del resto.
En este 2025 ha llegado un nuevo formato que reúne a los influencers más atípicos. Sus personalidades excéntricas, sus ocurrencias y su espontaneidad los convierten en figuras que, en los últimos meses, han alcanzado números estelares. A todos los han reunido en un lugar: la Casa de los Gemelos. Un nuevo reality-show dirigido por dos “streamers” de Getafe, Daniel y Carlos Ramos, dueños de esta nueva fábrica de talentos que aspira competir con Gran Hermano, Supervivientes y Operación Triunfo.
Siete protagonistas, con “perfiles límite” –como califica El Mundo– con un carisma y presencia capaz de acaparar todas las cámaras. Ruth y su novio José que, tal y como dijeron en el programa “Y ahora Sonsóles”, es una pareja “marcada por la altura”. Esto es debido al Síndrome Silver-Russell que padece ella, una especie de enanismo. Falete, una mujer gitana que es “ninja” y demostró sus capacidades en la anterior edición de Got Talent España. La Marrash, el “Jynx” viviente –una especie de Pokémon–, conocida por sus elocuencias y aventuras en directos de Instagram. Misha, polémico “tiktoker”; Tere, mujer que muestra sus carreras de alta velocidad en su perfil y Mercedes, ex-pareja de La Maeb, una de las más grandes de este país, pero que en esta edición no participó.
El reality comenzó el 12 de octubre y, tras 9 horas de emisión, se canceló. ¿Por qué? Probablemente porque estos perfiles sobrepasaron el límite. Huevos volando, insultos y maldiciones con alusión a los muertos, persecuciones, alcohol, agarrones de pelo, tablas de madera rotas a cabezazos y un sinfín más de acciones que convierten a este programa en una leonera salvaje.
Me encanta el formato del Reality Show, o mejor dicho: “Telebasura”. Es divertido, entretenido, no me da vergüenza admitirlo. Nunca está de más ver cuatro gritos y un par de insultos. ¿Eso me hace ser una mala persona? Yo creo que no. Memes, stickers y un imaginario infinito me hacen pasar horas en internet riendo y olvidándome de todos mis problemas.
Sin embargo, este formato tiene una dificultad: ser imprevisible. Con tantos programas iguales es complicado diferenciarse y enganchar al público. Aquí está el problema. Llegar a lo más alto sin ninguna contemplación. ¿Acaso existe algún límite? Supongo que será el mantener la integridad física de cada uno, y este programa no lo cumple. Ruth, en medio de una discusión ajena exclama: “sí, casi me mata… con el atún”.
Eso no es lo peor que se escucha y se ve. Entre Marrash y Falete, las claras protagonistas de la casa, la agresión física ha llegado a un punto que no se podía sostener. Mientras que una tenía la boca muy suelta, la otra lanzaba las manos al cuello. Además, el alcohol y algún que otro estupefaciente no parecía ayudar a la primera. No hay palabras para explicarlo, es mucho mejor verlo.

Como personajes son un 10 y dan momentazos, pero, ¿cómo una persona puede humillarse de esta manera? ¿Son conscientes de lo que están haciendo? Al final, en este Freak-Show ninguno participa obligado, y tendrán que llamar la atención para seguir teniendo trabajo. Sin embargo, creo que el dinero, a cambio de ser calificado de “anormal”, no es la mejor inversión.

