Hilos que narran el mundo
Daniel H. Cabrera Altieri // @danielhcabrera
Reseña del volumen Hilos de vida. Una historia del mundo a través del ojo de una aguja de la artista, escritora y curadora, Hunter Clare, publicado en Capitán Swing (2025) y traducido por Noemí Jiménez Furquet.
La práctica textil se ha caracterizado por siglos de olvido. Considerada “una cosa de mujeres”; artesanía, no arte; popular, no culto. Pero hace un par de décadas que esta situación está cambiando. En primer lugar, cientos de cuentas en redes sociales de tejedoras (y algunos tejedores) con sus experiencias de costura, tejidos y bordados, exposiciones en importantes museos de arte y numerosos artículos publicados lo testimonian. Y, en segundo lugar, múltiples libros abordan la cuestión textil como los clásicos La puntada subversiva de Rozsika Parker, El tejido de la civilización de Virginia Postrel o Los trabajos de las mujeres de Elizabeth Wayland Barber, publicado este año también por Capitán Swing. En estos libros la actividad textil se convierte en la clave para una mirada alternativa de la mujer, de su trabajo, de la tecnología o de la civilización.
Las redes sociales parecen centrarse más en el diálogo sobre su práctica y en una escritura del yo que testimonia (en redes sociales o en secuelas de libros) la experiencia con el tejido, el bordado y la costura. Los libros muestran con datos una mirada más global sobre la civilización occidental, su evolución y sus silencios, entre los que destaca la práctica textil.
Entre los libros actuales sobresale por su escritura, por el saber de su autora, por el contenido, por su erudición y narrativa la traducción del excelente Hilos de Vida. Una historia del mundo a través del ojo de una aguja de la artista y curadora textil Clare Hunter.
La autora escocesa es una experta bordadora, costurera y artista textil que hace hablar a las telas y a los bordados. Bajo su mirada las telas y bordados cuentan experiencias, sufrimientos, silencios, guerras, territorios. En su libro muestra cómo, en sus manos, las telas y los bordados se convierten en documentos vivos de incalculable valor. Sus palabras transportan al lector a mundos lejanos, a vivencias de mujeres (y también de hombres) en situaciones muy diversas, en múltiples lugares y en momentos históricos muy diferentes.
Hunter trasmite una herencia cultural, una militancia comunitaria y un saber hacer textil que entreteje en este libro con una prosa trabajada, sensible e inteligente. Hilos de vida es una obra, como afirma la autora, sobre el significado social, emocional y político del bordado (p. 221).

Su originalidad se percibe ante todo en la estructura. Los capítulos se centran en 16 temas transversales. Cada capítulo aborda un asunto que entreteje la experiencia de la autora como activista bordadora con la historia cultural y política de diferentes países y regiones. El presente biográfico con el pasado de diversas sociedades.
“A veces sueño con tejidos” inicia el primer capítulo y el lector se adentra en su sueño, en su forma de ver el mundo desde el hilo y la aguja. Su escritura, elaborada y cuidada, conduce al lector por una ingente y sorprendente cantidad de informaciones e historias. Erudición y escritura hacen de esta lectura una experiencia maravillosa, trascendente.
Su admiración por el bordado del tapiz Bayeux le permite destacar el anonimato del tejido a lo largo de la historia y en diferentes geografías. Comenta sus colores y las técnicas empleadas y su actualidad como modelo de otros bordados realizados en el siglo XXI como los tapices de Overlord, sobre la conmemoración del desembarco en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial; Keiskamma de Sudáfrica; o Juegos de Tronos celebrando la serie de HBO.
La relación del poder con lo textil lo ejemplifica la reina escocesa, y bordadora, María Estuardo que hizo de los diseños inocentes una forma de comunicación. Señala la autora, también, estudios de salud mental que han explorado la costura como remedio para el malestar y promotor de la calma y autoestima. Esto la lleva a presentar la sanación de lo textil frente a la fragilidad de la experiencia humana. Expone que el bordado “constituye un canal para el conocimiento, la imaginación y la pasión” (p.61).
Un tema tratado de manera muy especial se refiere al bordado que recoge la memoria de las prisioneras de guerra, convictos o delincuentes como remedio al aburrimiento, antídoto ante la indefensión o forma de expresión.
La política y la resistencia a través de los textiles la lleva, entre otros lugares, por Palestina, Argentina, Ucrania o China para destacar diferentes estrategias textiles para enfrentar la identidad tanto como recuerdo visible de los legados como promesas de futuro. El análisis de estandartes textiles y pañuelos ocupan un lugar especial en las estrategias sindicales y feministas a lo largo de la historia de Inglaterra. Muchos como reivindicación y otros como forma de exteriorizar pérdidas y desapariciones de seres queridos. Narra el bordar como un arte participativo y militante. Ella misma ha organizado proyectos textiles en Escocia para aportar valor a las iniciativas comunitarias a través del arte, en particular el textil. Comenta que las actividades textiles ayudan a participar de manera activa y viva en diferentes iniciativas porque “es una actividad sedentaria, silenciosa y apta para la mayoría” y afirma de su experiencia “nadie tenía que hablar de sí mismo, la propia costura era el principal tema de conversación” (p.194). Señala además “la sensualidad” de una actividad de manejar telas, colores y texturas, alisar pliegues, desenredar hilos de diferentes colores. Su conclusión es que “los proyectos de costura comunitaria poseen un valor emocional y metafórico” (p.197). A nivel familiar se adentra en historias con telas cuyo significado emocional y táctil va ligado a la costura y que constituyen verdaderas autobiografías compartidas por generaciones de mujeres.
En muchas culturas alrededor del mundo los textiles aparecen como amuletos y talismanes que protegen y cubren. Por supuesto, repasa algunos de los exquisitos testimonios, como el del pueblo miao que, careciendo de lengua escrita, el tejido y el bordado constituyen soportes que guardan la memoria.
En otro interesante pasaje recuerda que el tejido sobre el que se borda se llama ground, es decir “fondo” y también “tierra” y sobre ella se deja huella a medida que la aguja avanza con sus hilos (p. 203). El vínculo entre el bordado y la tierra le lleva a repasar la relación con los (pocos) mapas y los primeros globos terráqueos (de seda y rellenos de lana). Y también la memoria de la esclavitud fijada en colchas con sus propios códigos estéticos ocultos para los esclavistas.
Recuerda que la invención de la cuerda cambió la historia de la humanidad y acabo asociando la cuerda, el hilo, la ropa, con la fecundidad y la capacidad femenina de crear vida. Hilar y tejer para crear algo donde no lo había era algo mágico y misterioso. Lo ilustra en la mitología griega y en diversos los testimonios arqueológicos. Ese valor de lo textil tiene su presencia en la historia de la Edad Media europea y la reorganización del artesanado de telas y bordados desde el siglo XIII hasta la Revolución Industrial con la composición de nuevas jerarquías y estatus de trabajadoras y trabajadores. En ese proceso recuerda que, en el siglo XVIII, tres Marys -Delany, Knowles y Linwood- sobresalieron, bajo el mecenazgo de la reina Carlota, en el arte de pintar con hilo de seda y diferentes colores y puntadas para conseguir retratos realistas.
“Mi madre me inculcó desde muy pequeña el amor por el bordado (…) bordar flores no me parecía un pasatiempo, sino una puerta a otra forma de vida” (p.289). Ese amor transmite al lector como una invitación a atravesar los umbrales de una experiencia que transforma al ser humano. Una experiencia técnica, estética, expresiva y militante. Por ello su último capítulo tiene que ver con la voz:
“si la costura ha evolucionado ha sido sobre todo por dar voz a mujeres que, con un acceso limitado a la alfabetización y pocas garantías de que su palabra, aún escrita, fuera a preservarse, eligieron a lo largo de los siglos el bordado como medio con el que reafirmar su presencia, con la esperanza de así al menos, esta perduraría y con el tiempo podría oírse su voz” (p. 290).
Al terminar el libro constata la existencia de múltiples textiles que “no tienen voz”: unos por ser un tesoro privado, conservado en familias y grupos tribales, otros por ser material donado a colecciones públicas desvinculadas de su propósito social y emocional. Y en este último sentido, comenta la gran cantidad de material textil que hay en los museos del mundo que suelen acompañarse de la descripción “anónimo”. Esos textiles son para Hunter “objetos huérfanos” “la mayoría de ellos permanece invisibles, y sus historias, silenciadas” (p. 306). Hilos de vida es una invitación a mirar diferente la cultura material y la memoria de las familias y sociedades. Una invitación a celebrar el mundo femenino y el lugar y la identidad del ser humano en el mundo. Hilos de vida celebra la posibilidad de hacer “un objeto con belleza y significado, un bordado que guarda tu espíritu entre sus hilos” (p. 313).
FICHA TÉCNICA:
Título: Hilos de vida. Una historia del mundo a través del ojo de una aguja
Editorial: Capitán Swing
Autora: Hunter Clare
Traductora: Noemí Jiménez Furquet
Año de publicación: 2025
Número de páginas: 328


Hermoso artículo, el hilo como la voz de tantas mujeres en comunión o soledad, sus historias, silencios, sus propias guerras y también sus alegrías.