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De nombre “objeto” y de apellido “persona(l)”

19 años, una pitón albina sobre los hombros, coreografía explosiva y una declaración de intenciones: I´m a slave 4 U (Soy una esclava por ti) coronó a Britney Spears como la Princesa del Pop en los VMAS del 2001. Convertida en una auténtica bombshell americana –explosiva y sensual– su imagen, entre infantil y madura, sentó las bases para toda pop-star. La sexualización se convirtió así en un recurso más del entretenimiento capaz de ser exportado como parte de un producto cultural. 

Pedro Modrego @pedromdrgo //

¿Qué podemos entender por sexualización? Fredrickson y Roberts, en su Teoría de la Objetificación (1997), explican que esta surge cuando el cuerpo –especialmente el femenino– se pone en valor. La identidad de la persona se ve eclipsada por la apariencia física. Ahora bien, ¿podemos decir que  Britney Spears fue sexualizada? Parece una pregunta trampa: la libertad de expresión, el poder vestir como uno quiere o con qué ojos se decida mirar su figura pueden negarlo. No obstante, la cámara que captó su posado para la portada de la revista Rolling Stone de 1999 con 17 años sugiere lo contrario. 

 

Britney Spears en la portada de Rolling Stones publicado el 15 de abril de 1999
Britney Spears en la portada de Rolling Stones publicado el 15 de abril de 1999

Mientras Britney sujeta un teletubbie púrpura, la revista nos invita a conocer este “sueño adolescente” en la intimidad de su habitación. A lo largo de su carrera se ha visto clara esta intención: jugar con la ambivalencia entre la inocencia infantil y la sexualización del cuerpo femenino. Britney, además de ser cantante y bailarina, es también la chica póster perfecta que todos los fans y todas las fans quieren tener en sus habitaciones. 

Como si de una secta se tratase, la publicidad se ha regido por el siguiente lema: SEX SELLS (El sexo vende). Esta estrategia de marketing ha dominado el entretenimiento del mundo contemporáneo. La primera compañía que siguió esta técnica fue Pearl Tobacco en 1871. Para patrocinar su cigarro usaron un cartel con una mujer desnuda. Los cigarros como tal no aparecían y la mujer, que parece una reminiscencia de la Venus de Botticelli, no era más que eso: una mujer desnuda. Una imagen que capta la atención y que se queda grabada en la memoria.

Anuncio de la marca de tabaco Pearl Tobacco en 1871
Anuncio de la marca de tabaco Pearl Tobacco en 1871

Desde marcas como Pearl Tobacco, Carl Jr. o Calvin Klein hasta las celebridades utilizan la sexualización. En cambio, la afirmación SEX SELLS no es del todo verdad. Algunos estudios revelan datos paradójicos: la sexualización no garantiza mayor credibilidad o una mejor valoración del producto. De hecho, muchas veces genera el efecto contrario: el rechazo hacia la marca. Es más fácil olvidarse del producto anunciado o que al comprador le resulte indiferente, puesto que no aporta ningún valor. Aún así, eso no ha alejado a las empresas, discográficas y otros conglomerados a seguir este mantra.

La de Misisipi no ha sido la única. Otras famosas como Christina Aguilera, Sydney Sweeney,  Miley Cyrus o Ester Expósito se rigen bajo esta vara de medir. Aunque ellas no son las únicas que forman parte de esta maquinaria del deseo. Los aparentes intocables hombres son parte de este engranaje. Estrellas como Justin Bieber, Jacob Elordi, Maluma o Manu Ríos también son piezas dignas de admirar desde nuestras pantallas. Queda claro que en el entretenimiento la apariencia física es otro añadido de este plato combinado. 

De la Italia renacentista a la sexualización en 1080p

Actores y actrices, cantantes, celebrities e incluso personajes ficticios, ya sea en películas animadas o videojuegos, comparten un denominador común. Cuerpos que siguen la anatomía perfecta de Miguel Ángel y que recuerdan que el culto al cuerpo está más que presente en el siglo XXI. Cuerpos cuidados por los mejores tratamientos y perfeccionados por las mejores brochas y peines de los verdaderos artistas: maquilladores y peluqueros. 

Un físico atractivo, que siga los cánones de belleza ya establecidos en el lejano siglo XV, es el hechizo hipnótico perfecto que atrae las miradas de cualquier persona. Y, el cuerpo que se va a sexualizar primero encaja con el ideal. La sexualización actúa según lo validado por los ojos de la sociedad. En Tiktok ya tiene nombre: pretty privilege (el privilegio de ser guapo) y define a aquellas personas que por el hecho de ser atractivas tienen más oportunidades. Pero, hubo alguien que asentó esta misma idea un siglo antes: el sociólogo francés Bourdieu. 

En el estudio La distinción (1979) Bourdieu estableció los sistemas de enclasamiento sociales según el tipo de cuerpo. Para el francés, el físico es también un símbolo de estatus social. Bourdieu dejaba claro qué era el cuerpo con el concepto de Hexis Corporal. Y es que, no solo la belleza se toma en consideración, sino también la postura, los gestos y la forma de expresarse. El pedigrí que certificaba si una persona pertenecía a un estrato social superior o inferior. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esta idea con la sexualización?

Para Bourdieu, el poder y la posición de una persona dependen de tres tipos de capital: económico, social y cultural: el dinero que posea, lo bien conectado que esté y la formación y conocimientos que retenga. Sin embargo, el cuerpo no queda al margen de esta norma. Cuando el Hexis Corporal encarna los ideales aceptados por la sociedad, el cuerpo se ve legitimado, y se convierte en un nuevo poder. El cuerpo aceptado por la norma adquiere visibilidad, y la visibilidad se convierte en una distinción natural. La industria del entretenimiento se beneficia de esa superioridad biológica.

Cumplir las fantasías del género opuesto

Sabemos que la sexualización solo presenta cuerpos ideales. Pero, ¿sabemos a quién se dirige cada construcción erótica? ¿A quién pertenecen esos ojos lascivos que disfrutarán de las fantasías corpóreas? Hemos dicho que las mujeres han sido el principal objeto de sexualización. Por tanto, el hombre heterosexual es el público objetivo. 

Britney era una construcción fantasiosa dirigida para satisfacer el placer del hombre. La teórica del cine Laura Mulvey ya definió este tipo de intención: la erotización del cuerpo femenino. Según ella, el entretenimiento basaba sus creaciones en la male-gaze (mirada masculina). La británica desarrolló este concepto en su ensayo Visual Pleasure and Narrative Cinema (1975), donde asegura que los hombres prestan más atención a los objetos que están sexualizados. Además, quienes han crecido en contextos sexistas interiorizan estas dinámicas y tienden a aceptarlas como parte natural del imaginario cultural. 

Pero Hollywood no se ha conformado con satisfacer solo a los varones. En los últimos años, las mujeres también han sido el público objetivo de piezas donde el hombre es el principal atractivo visual. Sino que se lo digan a las cuatro chicas de Nueva York: Carrie, Samantha, Miranda o Charlotte que en algún momento han disfrutado viendo “porno gay”.

Escena de la serie de HBO Sex and the city
Escena de la serie de HBO Sex and the city

La recién estrenada serie canadiense Heated Rivalry ha desatado pasiones y un aluvión de seguidores, en todo el mundo, en tiempo récord. La historia refleja la relación entre dos jugadores de hockey sobre hielo: Ilya Rozanov y Shane Hollander. Durante 10 años, además de ser rivales, mantienen un romance clandestino y lo suficientemente tórrido como para derretir la pista de hielo. 

Escenas que esconden miradas furtivas en las duchas y el romance homosexual ha conquistado sobre todo al público femenino. Y la razón la explicó Lucy Neville en su artículo Male gays in the female gaze: women who watch m/m pornography. En primer lugar, establece el concepto del hombre al cuadrado (man-squared): si un hombre es atractivo, dos multiplican el efecto. También, admite que las mujeres encuentran una igualdad erótica. No ven una relación donde el poder se basa en el género. Encuentran a dos hombres que pueden establecer una dinámica fluida entre la sumisión y el dominio. Se ejerce así la female-gaze (mirada femenina) en la que las mujeres son capaces de tomar la posición de espectador. 

Escena de la serie de CRAVE TV “Heated Rivalry”
Escena de la serie de CRAVE TV Heated Rivalry

Aún así, Neville no solo se centra en cómo los hombres homosexuales pueden convertirse en sujetos que satisfacen las fantasías de las mujeres, sino que también recuerda que en el entretenimiento ya existía el estándar inverso. Es decir, el sexo entre mujeres lesbianas también está establecido para agradar a la mirada de los hombres. El entretenimiento nos presenta así un voyerismo heterosexual que fantasea con relaciones homosexuales. 

La sexualización convierte a las personas en objetos que se transforman en nuestros juguetes personales y forman parte de nuestras fantasías como espectadores. Bien es cierto que a veces esta estrategia la ejerce el propio sujeto. Es decir, como dijo Bourdieu, el cuerpo se convierte en un capital legitimado por la sociedad. Por tanto, explotar ese beneficio biológico es, valga la redundancia, lo más lógico. Desde Bad Gyal hasta C. Tangana, Tokischa o Bad Bunny y figuras del cine español como Blanca Suárez o Mario Casas, juegan sus cartas. En el entretenimiento el cuerpo es capital, pero es una moneda de cambio con fecha de caducidad: el paso del tiempo termina consumiendo esta ventaja.

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