Jodidos trámites

Sofía Villa//

Mi padre no es deportista. Sin embargo, hace unos años comenzó una dura carrera de obstáculos que, en un principio, le acompañará toda la vida: emprender su propio negocio. Tras pasar por varios trabajos “de mala muerte”, decidió poner en marcha un proyecto que llevaba rondando por su cabeza desde hacía tiempo. Para poder iniciarlo legalmente, tuvo que realizar las gestiones pertinentes. “Meros trámites”, dijo él. Pero pronto cambió “meros” por “jodidos”. 

Cuando procedió a dar de alta su empresa, le advirtieron que le faltaba un papel que entregar. Sin embargo, en la gestoría solo le comentaron que llevara los documentos que él portaba. “Y yo con el coche en doble fila”, recuerda que pensó. Acudió a la oficina que le indicaron y allí, una chica con gafas cuya boca maltrataba ferozmente un chicle, le explicó que ese papel había que solicitarlo y que en unos días le llegaría. Pasó el tiempo y, cuando llegó al mostrador, le dijeron que ese papel se había “extraviado”. “Vamos, que lo habéis perdido”, espetó mi padre. Y él también perdió los papeles.

Tanto para trabajadores autónomos como para empresas, el excesivo papeleo, los eternos formularios y los constantes registros forman parte de su día a día. Que la burocracia española es copiosa y compleja es un hecho. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), en su informe La producción normativa en 2018, indica que el marco normativo para los empresarios en España se caracteriza por “una elevada densidad y complejidad” y que la regulación que deben cumplir las empresas y autónomos es “injustificada, desproporcionada y discriminatoria”. Además, según el mismo informe de 2019, en ese año se aprobaron 648 nuevas normas de distinto rango a nivel estatal, lo que supone un incremento del 10,2% respecto al año anterior. 

Y esto, ¿qué consecuencias tiene? El alto nivel de procesos burocráticos y cargas administrativas suponen obstáculos que ponen en riesgo el emprendimiento y la iniciativa privada. Mi padre, de hecho, se llegó a plantear abandonar su proyecto. Se dio cuenta de que lo positivo de ser autónomo se veía eclipsado por lo negativo, entre lo que destacaban las trabas que le imponían. No es el único que lo piensa: casi la mitad de los autónomos cree que las cargas administrativas son su principal problema en el ámbito laboral, según el Informe Infoempleo Adecco de 2018. En cuanto al tiempo dedicado a estos “jodidos trámites”, el estudio Hiscox ADN del Emprendedor 2017 reveló que un empresario español invierte más de cuatro horas en estas gestiones cada semana, siendo España el segundo país donde más tiempo se dedica a ello. ¿Cuántas multas por tener el coche en doble fila va a tener que pagar mi padre si dedica tanto tiempo a esto? 

Cumplir con estas cargas conlleva, asimismo, destinar ingentes recursos que lastran la competitividad y entorpecen la creación de riqueza y empleo. España se sitúa en el puesto 104 de 141 países en cuanto al nivel de carga de regulación gubernamental para las empresas, según el Informe de Competitividad Mundial del World Economic Forum de 2019. Por su parte, el estudio Doing Bussines 2020, que evalúa la facilidad para emprender negocios, sitúa a España en el lugar 30 de un ranking formado por 64 países. Después nos intentan vender la idea de que debemos atrevernos a emprender, innovar y hacer realidad nuestros sueños.

¿Es comprensible esta profusión normativa? Y, lo que es más, ¿es comprensible que sea tan compleja teniendo en cuenta que nos encontramos en la era de la digitalización? Es irónico que en estos tiempos sigamos ahogándonos en el papel y en el papeleo. Las colas kilométricas y las innumerables fotocopias no sintonizan con unos tiempos en los que los smartphones tienen a una mujer dentro, Siri, que te responde, obedece tus peticiones y te cuenta chistes. 

La sobrerregulación supone un grave problema tanto para las personas como para el país y su economía. En cuanto a cómo reducir la carga administrativa y/o cómo hacer que la establecida sea más fácil de aplicar, se debe intentar que las normas sean simples y accesibles, más integración de mercado, más convergencia, digitalización y transparencia. En definitiva, menos trabas. Menos “jodidos trámites”.

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