La banda que escribía torcido: buen periodismo sobre buen periodismo

Albert Alexandre//

La banda que escribía torcido (Libros del KO, 2013) son 500 páginas de periodismo, 500 páginas de New Journalism. Marc Weingarten nos trae su nacimiento, su vida y su muerte, en una obra que bien podría servir para el guión de la próxima serie de Aaron Sorkin o como radiografía de la situación actual de la profesión.

A priori se devoran novelas de intriga, historias románticas y -aunque no estoy nada convencido- libros de autoayuda. Se consumen literatura fantástica y de ciencia ficción y, a veces, se leen compulsivamente las novelas históricas con tintes conspirativos. Son los géneros más vendidos según El Corte Inglés, cabría esperar que los más leídos. Son los que, como comúnmente se dice, consiguen engancharte.

La banda que escribía torcido (LBQET), de Marc Weingarten, es una biografía. Un punto menos. Además, no es una de esas biografías que lleva por título algo así como “Una vida inspiradora” y que tratan de un pretendido humano excepcional como Gandhi o Teresa de Calcuta. Dos puntos menos. LBQET habla de un grupo de periodistas que revolucionó el arte de informar juntando palabras allá por los años 60 y 70. Cinco puntos menos. Es un libro sobre periodismo que se publicó hace más de tres años. No quedan más puntos por quitar.

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Y con todo, La banda que escribía torcido es una biografía coral que narra el nacimiento, vida y muerte del llamado New Journalism; puede decirse sin temor que sus más de 500 páginas te atrapan -”te enganchan”- como si fueran una serie de televisión de Netflix o HBO. De hecho a veces, mientras lo lees, sueñas con que LBQET se convierta, en un futuro no muy lejano y por la obra y gracia de una gran cadena de televisión privada estadounidense, en algo así como Vinyl o The Newsroom.

Ya lo decía Rodrigo Fresán en su reseña para Vanity Fair sobre el libro de Weingarten: “Además de ser un libro indispensable, indiscreto, didáctico, un tanto hagiográfico y envidiable como material de consulta, La banda que escribía torcido se lee como una de aquellas películas corales de Robert Altman o, mejor, como una serie creada por Aaron Sorkin. Y, además, nos informa”.

Raso y corto: éste es un relato de personajes. En cada capítulo Marc Weingarten pone el foco en algunos de los miembros más representativos del llamado New Journalism. Empezando por Capote y Gay Talese y acabando por Hunter S. Thompson, se nos presentan las andanzas de esas insignes plumas por revistas como Esquire, The New York o The Rolling Stone, y se nos cuenta la vida cotidiana de las redacciones de esas publicaciones.

Los años 60 de individuos como Norman Mailer fueron décadas en las que lo establecido, lo normativo, automáticamente pasaba a formar parte del ámbito de la sospecha. La política, la guerra, las relaciones sexuales o el periodismo fueron puestos en tela de juicio. En este último caso, fue el New Journalism -que tiene sus raíces primeras en la tradición reporterista latinoamericana de autores como Roberto Walsh o Gabriel García Márquez- quien se encargó de reinventar el modo en que se presentaban las historias, de repensar la estética periodística y, quizás lo que es más importante, de replantear la forma en que se trataban las noticias. Investigar nuevos temas de cariz social o marginal, fundamentar la escritura en una intensa investigación de calle y reflexionar acerca de la posición subjetiva que debe ocupar el escritor dentro de la historia.

Por lo dicho hasta ahora, este parece ser un libro nostálgico sobre una época en la que el periodismo no estaba maniatado. Sin embargo, la contraposición en la forma de trabajar de entonces con la actual convierten a La banda que escribía torcido en un manual que todo aquel que se dedica a esta profesión debería leer. Además de estar salpicado por cuantiosas sentencias de los grandes escritores de no ficción de la década de los 60, la obra de Marc Weingarten es un ejemplo de investigación meticulosa que se lee como una novela canalla de Irvine Walsh;  un ejemplo perfecto de New Journalism.

También es un toque de atención a la crónica que tiene hoy tan buena acogida en los países de habla hispana. Grandes crónicas como Los ángeles del infierno de Hunter S. Thompson o Los ejércitos de la noche de Norman Mailer no fueron únicamente un despliegue de técnica narrativa; además de eso, supusieron una nueva forma de afrontar historias que el periodismo hasta la fecha despachaba a base de estereotipos y futilidades.

LBQET nos enseña que los periodistas no son siempre los culpables del naufragio en el que se encuentra la profesión y del que solo algunos medios son rescatables. Tal y como expresa el libro de Marc Weingarten, para que exista un buen periodismo capaz de innovar, de explicar el mundo a través de nuevas miradas adaptadas a los tiempos en que se produce y, sobretodo, honesto y verídico, hacen falta buenos editores y directores que arriesguen, corrijan, encaminen y confíen en sus plumillas. O lo que es lo mismo, hacen falta tipos como Clay Felker o Harold Hayes.

La banda que escribía torcido merece la pena porque ofrece una clase de buen periodismo de la mano de un profesorado de lujo. Hay que leerlo -aunque no haya que hacer nada de caso de quien te diga lo que tienes que hacer- porque supondrá, para las mentes inquietas, una reflexión sobre la actualidad de la profesión informativa. Y sobre la actualidad, a secas.

Mientras esperamos, quizás hasta la muerte, a que aparezca la serie homóloga al libro producida por Netflix, tendremos que conformarnos con leerlo. Ojalá el conformismo fuera siempre tan llevadero.

Ficha técnica

Título: La banda que escribía torcido

Autor: Marc Weingarten

Editorial: Libros del KO

Madrid, 2013

550 páginas

23,95 euros

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