Larga vida a las cabareteras

Diego Lobera Teresa//

El Plata es uno de los templos de Zaragoza, un icono de su historia. Un espectáculo transgresor y morboso. Un ratico entre vedettes y strippers tan sensual como surrealista. Una referencia de la alegría zaragozana de la que Yulenka ya es protagonista. Más cubana que maña y, sobre todo, más artista que otra cosa, esta cabaretera ha vuelto a las tablas en este local en el que ha recuperado la ilusión que hace veinte años descuidó, arriesgó y perdió por amor.

A Yulenka le da vergüenza hablar de su espectáculo porque sus números son sensuales. A veces hasta sale desnuda a bailar. Recuerda con timidez el día en el que, por problemas de coordinación entre los demás artistas, le tocó representar dos piezas seguidas. Como en el primero terminó sin ropa, el segundo lo hizo sin ropa. “La escena fue llamativa cuanto menos: una cubana de 42 años cantando una jota desnuda. La gente me aplaudió pero yo me pegué el resto del pase secándome las lágrimas cuando me tocaba volver a salir”.

YULENKA

Ella rechazó el trabajo de su vida por amor. Se bajó de uno de los escenarios más grandes de Cuba y el mundo para venirse a vivir a España. Cambió su papel de modelo figurante en el Cabaret Continental de Varadero por el de camarera en un bar de Cariñena. Veinte años después reconoce que durante 19 abandonó por completo su faceta de performer. La olvidó por amor. Se casó y tras trece años se separó. No hay rencor en sus palabras. Tampoco cariño. No me va a contar una historia de amor.

Una persona que resume sus 42 años de vida en menos de cinco minutos es una persona impaciente. Se atreve a pasar por encima de una historia de emigración, esfuerzo y empoderamiento como si no fuera la suya. Pierde poco tiempo en recordar los peores momentos de su trayectoria. Y hace un esfuerzo en dejar claro que el mejor momento de su vida es ahora. La ilusión de su mirada fija en un punto a mis espaldas lo confirma.

Observa la torre de San Gil, que hace de faro en una de las terrazas con mejor ambiente de Zaragoza. Este es el primer sábado del año con una temperatura primaveral real y se nota en la única mesa libre que deja la gente. Aprovechamos su descanso entre sesión y sesión y la ocupamos. El Patio del Plata es un oasis de luz y aire tras la lúgubre y retorcida sala, con sus pasillos, escaleras, rincones y biombos que abren, separan, dirigen y enlazan sus diferentes áreas.  

100 años de cabaret ibérico

Faltan un par de meses para que el Cabaret Ibérico el Plata cumpla un siglo. Sin la memoria del director de cine Bigas Luna y sin el empeño de la dueña del negocio, Joaquina Laguna, este rincón no hubiera superado todas las crisis que se le han presentado. Tampoco sin la confianza de José Carlos, manager del local, y de los artistas desde hace más de 20 años. Pasa junto a nuestra mesa y Yulenka le invita a quedarse.  Él mejor que nadie puede explicar el porqué del éxito de este cabaret año tras año. Lo tiene claro: “El Plata es terapéutico”. Para argumentarlo cuenta la historia de un hombre viudo, que hace unos años acudía a todas las sesiones semana tras semana para olvidar su duelo. “Un día dejó de venir. Creemos que se echó novia”. Durante la hora y media que dura cada pase, dejas en la entrada los problemas y sales habiéndolos superado un poco más. No cura todos los males pero sí los hace menos importantes. Igual que cuando disfrutas de un musical o un concierto pero en un local mediano, tras una fachada estratégicamente integrada entre las míticas calles del tubo. Una sensación que no esperas al entrar. No lo ves venir y eso lo hace inolvidable.

Cuando nació en 1920 era una lujosa sala de espectáculos, como los del Berlín de esos años en la película Cabaret. En 1934 se convirtió en La Conga, un local con 40 bailarinas, entonces llamadas tanguistas. Por aquel entonces era un taxi baile, donde los hombres que acudían pagaban lo que ahora son 25 céntimos para bailar con la chica que elegían. Poco después, la Guerra Civil lo convirtió en un lugar de “mala nota”. En 1943, la familia Trallero compró el local y lo convirtió en el Bar Café Cantante Plata. El mismo concepto que aún perdura a día de hoy. El Plata es el único café cantante que hoy sigue abierto en toda Europa.

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Yulenka se emociona al reconocer que un bar con tanta historia le ha devuelto la vida. Durante 20 años ha trabajado en una fábrica, en una bodega y de camarera en un bar. Incluso ha hecho cursos de acompañamiento a personas dependientes, con deficiencias mentales y físicas. Cuando un amigo le contó el verano que había audiciones en El Plata, ella se dedicaba a cuidar personas mayores. La propuesta iba en serio pero ella no podía tomarlo como la opción real que, pasados varios días, terminó siéndolo. Durante casi una semana se preparó todo tipo de números, sobre todo de baile, porque era en lo que tenía experiencia. También se atrevió a abrir el cajón de modelitos que tenía enterrado. No todos le quedaban como antes pero muchos seguían cumpliendo su objetivo. Resaltar sus curvas, su tono mulato, su belleza corporal. Cubana. La última vez que se los puso tenía 22 años y 20 después nunca se podría haber imaginado volver a vestirlos para hacer una audición.

Hacer una audición para un cabaret, un espectáculo de vedettes, bailarinas, gogos, strippers, transformistas, travestis o drags es llevar a juicio tu cuerpo. Es enfundarte en un conjunto lo más sensual posible, seguramente con poca cantidad de tela. Es ponerte delante de un jurado mayoritariamente masculino que necesita sentirse seducido para pulsar el botón del heteropatriarcado y así pasar a la siguiente fase.

Yulenka hizo su última audición “con 42 años y celulitis”. Se quedó desnuda delante de los directores artísticos después de caminar, moverse y bailar al ritmo de todo tipo de músicas. Para el marido de la jefa, ella era “la mujer” desde que hizo la prueba. Ninguno de los presentes tuvo dudas cuando terminó su audición. Ella sí dudó. Recuerda que se presentaron muchas chicas al castin, muchas más jóvenes, más entrenadas, con mejores cuerpos. Pero ella es cubana y tiene lo que solo puede tener una cubana. O eso le dijeron. La convencieron. Como también convencieron otros hombres y en otro momento a Mary de Lis o Marga Castillo. Ellas protagonizaron las fantasías de muchos militares que acudían a alguna de las tres funciones diarias que se celebraban en esos años dorados. Buscar la pulga con un peine era uno de los bailes más conocidos de aquellas cabareteras que sembraron erotismo en una ciudad donde no se vendían condones hasta que la cerillera Serafina, que tenía su puesto a las puertas del local, los distribuía de extranjis.  

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Aquel cabaret aguantó hasta 1992 cuando se cerró por un problema urbanístico y Zaragoza perdió un símbolo de ciudad heterodoxa. La misma en la que los militares y los curas se encontraban en cafés tan emblemáticos como este o el Teatro Oasis, de Enrique Vázquez, donde se refugiaron los americanos de la Base desde 1953. El Plata funcionó cuando el Papa Juan Pablo II visitó la capital aragonesa en 1982 y 1984 pero no pudo resistir la restrictiva normativa urbanística aprobada por el ayuntamiento a raíz del incendio de la discoteca Flying. En este accidente murieron 43 personas en enero de 1990. Aquella sala fue una ratonera que no dejó salir a los asistentes y su ejemplo, como en su día fue el incendio del Hotel Corona de 1979, con 80 muertos, convirtió a Zaragoza en la ciudad más severa con los locales de espectáculos y hoteles.

Como si de una paradoja se tratara, Bigas Luna estrenó aquel 1992 la película Jamón, jamón, rodada en los Monegros aragoneses, y en la que los actores Penélope Cruz y Javier Bardén sembraron su amor, que años después germinó, bajo el toro de Alfajarín. Mientras el Plata cerró, el director de cine catalán, casado con Celia, una zaragozana, estrenó la trilogía ibérica de su carrera, que se completó con Huevos de oro (1993) y La teta y la luna (1994). En esta descripción de un país fetichista, hedonista y divertido, después de los 80 y la Movida madrileña, Bigas Luna ya estaba imaginando y creando el Cabaret Ibérico de España. Lo puso en marcha en 2008, el año de la Exposición Internacional en Zaragoza, cuando la empresaria Joaquina Laguna le encargó el reto de resucitar este local y su legado… Y juntos lo consiguieron.

Cómplices en tacones

INMAUnos años antes, mientras el director se entrevistaba en el Hotel Reino de Aragón con Leonor Watling, la intérprete de su película Son de Mar (2001), una camarera miraba de reojo el encuentro. Había soñado con convertirse en actriz. Unos cuantos años después, Yulenka y ella son compañeras de camerino y cómplices en el escenario. Inma Chopo aparece de repente y se presenta. Se suma al encuentro envuelta en un mantón del mismo granate que sus labios. Zaragozana e hija de un aragonés y una andaluza, recuerda que por aquel entonces combinaba el trabajo en el bar del hotel con sus clases de teatro y baile. Aprendió danza del vientre con 15 años y se convirtió en una de sus especialidades. Hoy, a sus 40, Inma se puede identificar como la Liza Minelli del Plata: además de bordar los números más sensuales los largos fines de semana, es empresaria y ha cerrado hace un par de meses su sala off de teatro, La Suite, en la calle Pignatelli en pleno Casco Viejo. Chopo es sobre todo la chica del sable, personaje que lleva 10 años interpretando pero también encarna a una militar, una marina, una blancanieves y a una elegante bailarina que realiza un desnudo integral encima de una barra. Eso sí, cuando se baja del escenario asegura ser una chica tímida y que siempre pasa desapercibida. “Sin maquillar y sin escote ni tacones, no me reconoce nadie. Nadie me ve”.

Bigas Luna la descubrió. Preguntó a Emilia Bailo si conocía a una mujer espectacular en el escenario. Fueron juntas a la prueba, que apenas duró medio minuto. Al cineasta le encantó su fuerza sobre las tablas. Ella reconoce con un ápice de vergüenza que buscaba a una mujer bella y ella encajaba. Y que sea la artista más veterana del espectáculo confirma que lo sigue haciendo. Aprendió mucho hablando con el director de cine y se inspiró en la bailarina de burlesque Dita Von Teese. En su forma de expresarse y de ser en general, hay algo de Marilyn Monroe, Nicole Kidman, Sofía Loren, Sara Montiel. Una mezcla infalible.  

Inma y Yulenka se sumergen en una conversación como si nadie más les estuviera escuchando. La primera recuerda con nostalgia el día en el que Bigas Luna acudió a despedirse de todos los miembros del Cabaret Ibérico para intentar superar la enfermedad que se lo llevó. Guarda una foto en blanco y negro con él, después de convertirla en la primera dama del Plata y de regalarle un papel en su última película, Di di Hollywood (2010), donde se disfrazó de japonesa. Ahora, tanto ella como Yulenka, valoran mucho la dirección artística de Elías Sobrecasas. También la de “el francés”, Fred Blin. Entre estos tres directores han desarrollado más de 200 sketches, a partir de fuentes de inspiración de todas las épocas, géneros y estilos.  

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99 años después este cabaret cuenta con la primera actriz y bailarina negra. Nunca antes en este escenario se habían visto números de salsa como los suyos. Junto a ella trabajan artistas de todas las partes del mundo: a unos siete zaragozanos se le suman un alemán, un francés, una búlgara, un colombiano, un dominicano. Y una cubana. El Plata, con su interculturalidad y su diversidad, su erotismo y su visceralidad, pertenece a la Memoria Histórica de la ciudad y de España. José Carlos, Inma y Yulenka coinciden en augurarle a este café cantante muchos más años de vida. Afirman que goza de una salud excelente y que su legado en Zaragoza va a durar mientras perviva en la memoria de maños y visitantes. La cubana insiste y repite, con la misma emoción de antes y sus enormes ojos saltones más brillantes si cabe, que este sitio le ha devuelto la vida. Yulenka aceptó el trabajo de su nueva vida por amor. Al arte y a las mujeres. Cada interpretación es un homenaje a su cuerpo, su color, sus orígenes. Para ella, pronostica al menos 10 años más de actuaciones y escenarios, para compensar los 20 que perdió en la aburrida vida de la gente normal.

Salgo de allí y me imagino un espectáculo con ella, y con otras grandes mujeres como Liza, Mary o Inma. Un gran estreno protagonizado por chicas que actúan, bailan y cantan. Artistas que se desnudan por ellas pero para un público. Algo más que cuerpos que se banalizan, se cosifican y se convierten en la fantasía de hombres irreverentes con un gusto exquisito. Mujeres de armas tomar en el escenario y más o menos frágiles en la vida real. Reflejos de la belleza femenina sin importar la forma, el tamaño, el color o la edad. Mujeres empoderadas que reivindican la libertad sexual. Vestidos cortos y plumas de colores. Tacones valientes. Cuerpos inquietos girando y caderas en frenesí. Pura vida.

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