Las plataformas de streaming: ‘El todo a 100’ de las series
Daniel Giral//
Las series de ficción están perdiendo ese brillo que las llevó a ser consideradas un entretenimiento del nivel del cine o la literatura. El modelo de las plataformas de streaming se confirma como pan para hoy, y hambre para mañana.
Recientemente David Chase, creador de Los Soprano, aprovechó el 25 aniversario de la serie para celebrar también el funeral simbólico de la edad de oro de la televisión. En una entrevista recogida en The Hollywood Reporter, el guionista apuntaba a este periodo de 25 años como algo que llegaba a un final ineludible.
Tengo acceso a más de cinco plataformas de streaming y cada vez que enciendo la televisión en busca de una serie, termino por ver alguna que se transmitió hace tiempo. ¿Es porque estoy atrapado en una especie de síndrome de la edad de oro y creo que todo tiempo pasado fue mejor? o ¿es porque me pierdo entre la ingente cantidad de novedades de cada catálogo? Puede ser, pero al igual que Chase, me inclino a pensar que se debe a una disminución drástica en la calidad de las narrativas serializadas.
¿Qué ha hecho que hayan dejado de aparecer fenómenos de crítica y público como Mad Men, Breaking Bad, Juego de Tronos, The Wire o Los Soprano? Todas ellas pertenecen a una época que, aunque no parezca tan lejana, no podría ser más distinta de la actual. El elemento diferenciador y la principal causa de que las series estén lejos de vivir su mejor momento parece apuntar hacia la misma herramienta que nos permite el acceso a un sinfín de propuestas audiovisuales: el streaming.
De dónde venimos
A la hora de hablar de calidad en el audiovisual, nos guste o no, lo hacemos utilizando como vara de medir la calidad de las exportaciones estadounidenses. La televisión en Estados Unidos ha vivido 3 edades de oro. Aquí nos interesa la tercera y última, que es la que logró revolucionar el medio en términos creativos y económicos.
Hasta finales de los 90, la televisión había operado con series procedimentales de episodios individuales y autoconclusivos. El modelo a seguir eran series como Colombo o Se ha escrito un crimen, series a las que el espectador podía engancharse aunque se hubiera perdido el capítulo de la semana anterior o fuera a perderse el de la siguiente. Excepciones honrosas a este patrón como Canción triste de Hill Street o la Twin Peaks de Lynch donde las tramas se construían a través de varios episodios, hicieron creer que otro modelo televisivo era posible.
El lema de HBO. Fuente: Pinterest
El salto hacia una televisión de mayor calidad se lo debemos a la cadena HBO. Gracias a su condición de canal premium que no necesita de publicidad para su supervivencia, HBO pudo apostarlo todo a la calidad de sus producciones como principal baza para atraer suscriptores. A finales de los años 90, el canal abrió todo un nuevo mundo de posibilidades narrativas a través de historias adultas, violentas y moralmente complejas. Comenzando por el drama carcelario Oz, y continuando con éxitos de crítica y público como Los Soprano, Six Feet Under o The Wire, HBO revolucionó la forma de hacer series y adoptó como lema “It’s not TV, It’s HBO”. Le siguieron cadenas como AMC con Mad Men y Breaking Bad o Showtime con Dexter.
La televisión, un medio históricamente denostado por los críticos culturales, comenzó a entenderse como televisión de calidad y a ser respetada como medio artístico. El modelo resultó tan efectivo que pronto la producción de contenido empezó a ser masiva. Se había vuelto a primar la cantidad por encima de la calidad.
La irrupción del streaming
En su libro Hombres fuera de serie, el periodista Brett Martin cita un estudio anual realizado por la cadena de televisión FX en torno a la producción de nuevas series de ficción. Si en 2002 la cifra era de 182, para 2015, coincidiendo con la aparición de la mayoría de las plataformas de streaming, la misma había aumentado hasta 432. Con una búsqueda rápida vemos que la cantidad llegó en 2022 a su punto álgido, 599 nuevas series. Una burbuja que con toda seguridad sólo puede estallar.
Cuando Netflix inició su andanza en el mundo de la producción de contenido propio en 2013 parecía que lo hacía siguiendo los preceptos marcados por la tercera edad de oro de la televisión. Aunque ahora cueste creerlo, si volvemos la vista atrás comprobaremos que las primeras series producidas por Netflix fueron ni más ni menos que los éxitos de crítica y público House of cards, Bojack Horseman y Orange is the new black.
Este modelo, utilizado en un inicio para situarse en el mapa, no tardó en ser sustituido por la producción de contenido en masa. Netflix pronto cambió su modelo a uno basado en intentar producir series de muchos géneros y bajo coste para contentar a todo tipo de audiencia. El máximo exponente es el caso de la serie surcoreana El juego del calamar, que sin prácticamente promoción y gracias al boca a boca logró convertirse en un auténtico fenómeno.
La saturación de plataformas de streaming. Fuente: Variety
No es que la plataforma haya abandonado por completo la creación de series de calidad. En 2023, Netflix estrenó la miniserie ganadora de 5 Emmys, Beef. Sin embargo, el problema parece estar en que la ingente producción de contenido de la plataforma y su nula inversión en publicidad termina por enterrar la serie en el catálogo. A todo esto, se suma una política de cancelaciones indiscriminada basada en los réditos que genere la serie.
En 2017, la plataforma estrenaba Mindhunter, que tiene detrás al director de películas como Seven o El club de la lucha, David Fincher. La serie, un auténtico éxito de crítica fue cancelada por la puerta de atrás y sin un anuncio claro tras tan solo dos temporadas. Fincher declaró este febrero que Netflix planteó dos condiciones para continuar con la serie: reducir drásticamente su presupuesto, o convertirla en un producto mainstream. Todo esto, contrasta con el riesgo creativo que hizo grandes a las series de ficción de la tercera edad de oro de la televisión.
El modelo marcado por Netflix es imitado actualmente por todas las demás plataformas de streaming, incluida la plataforma de la cadena a la que le debemos el boom de la televisión de calidad, HBO Max. De forma incesante se suceden estrenos de series que pasan por las plataformas sin pena ni gloria y cancelaciones de series con potencial que quedan enterradas en la sobreproducción de los servicios de streaming.
Hacia dónde vamos
Las plataformas de vídeo bajo demanda también han cambiado nuestra forma de consumir series. Gracias a la naturaleza del streaming y al estreno simultáneo de varios episodios, cada uno consume la serie a su ritmo. Es dudoso que volvamos a ver fenómenos de masas parecidos a Perdidos o Juego de tronos que lograron congregar a millones de adeptos alrededor de las pantallas con el consecuente debate posterior en redes sociales y foros. Antes se especulaba con qué iba a suceder en una serie la siguiente semana, ahora se especula sobre si la plataforma va a siquiera renovar la serie para otra temporada.
Se puede argumentar que podemos escoger más que nunca, pero quién quiere disfrutar de semejante libertad cuando al final todas las opciones se asemejan entre sí. Es cierto que la suscripción a este tipo de servicios ha abierto la puerta al visionado de series más allá de la producción estadounidense con casos como la ya mencionada El juego del calamar o la alemana Dark. Sin embargo, como señala Ramón Lobato en Netflix Nations, esto no significa necesariamente que estemos más abiertos a otras culturas. Si no más bien, a que las narrativas extranjeras están perdiendo su identidad y homologándose a la ficción norteamericana, llevándolo todo al terreno de lo genérico.
Para los más nostálgicos, señalar que no todo son novedades. Recientemente las plataformas de streaming parecen determinadas a rescatar uno de los aspectos de la televisión tradicional que se vanagloriaban de eliminar: la publicidad.
Hoy parece que todo ápice de riesgo creativo ha sido silenciado por el algoritmo. El destino de una serie se encuentra en manos de los datos. The Buggles cantaban que “el video mató a la estrella de radio” de la misma forma que el streaming ha matado a la televisión tradicional, y con ello a las series de calidad. Lo único que podemos hacer es mirar entristecidos como está siendo empeñada la edad de oro de la televisión.




