TikTok: el Gran Hermano del S.XXI
Diego Gascón Marzal//
¿Quién de nosotros no ha estado alguna vez durante horas viendo videos cortos, uno tras otro, como si no hubiera un mañana? Coges el móvil durante un descanso y, cuando despegas los ojos de la pantalla, ya han pasado un par de horas sin que te des cuenta. Parece una exageración, lo sé, pero esta es la realidad de millones de personas desde que la red social TikTok apareció en 2017. En un principio dirigido a los jóvenes, hoy goza de gran popularidad también entre los adultos. La clave del éxito de TikTok es sencilla. Vídeos de máximo un minuto que aparecen de continuo y sin un final aparente. Un formato que traslada al usuario a un estado mental en el que pierde la noción tanto del tiempo como del espacio.
Aquí es donde radica el verdadero peligro de TikTok. Un sistema creado bajo un único objetivo: ser adictivo. Como explica el experto en tecnología china Matthew Brennan en su libro Attention Factory, el algoritmo diseñado por la empresa china ByteDance utiliza el aprendizaje automático para conocer qué contenidos te gusta consumir y así proporcionarte más cantidad. Un método común al resto de redes sociales, con la pequeña diferencia de que TikTok aprende de ti más rápido de lo que te imaginas. En un minuto has podido ver de cinco a diez vídeos, con toda la información que ello conlleva. Una herramienta tan conveniente para las empresas que ya ha sido copiado por otras redes como Instagram con sus “reels” o Youtube con los “shorts”.
Una nueva forma de consumir entretenimiento en Internet
Ha cambiado la manera en la que consumimos el contenido de Internet. Hace unos años, se consumía un vídeo en Youtube cuando se tenía un tiempo de descanso al llegar a casa del trabajo o de la escuela. Ahora basta con tener cinco minutos libres para coger el móvil y ver TikTok. Esto significa que se consumen contenidos numerosas veces a lo largo del día y, por ende, la adicción generada es mucho mayor. La red social se convierte en una parte esencial de tu vida.
Un problema derivado son las descargas de dopamina que estos vídeos tan cortos generan en el cerebro. La psiquiatra Marian Rojas explica, en una entrevista en su canal, el proceso por el que pasa tu sistema al someterlo a unos estímulos tan efímeros. El resultado es un cerebro que se acostumbra a mantener el interés durante periodos de tiempo breves, lo que provoca un problema de déficit de atención generalizado. Vale con estar dos minutos en la aplicación para que te salga algún vídeo de una entrevista o un podcast al mismo tiempo que aparece un videojuego debajo para entretenerte. Si eres un usuario habitual de la plataforma, estoy seguro de que también sabes de lo que estoy hablando.
¿Hemos llegado a un punto tan crítico en el que no somos capaces de escuchar una charla durante más de un minuto sin desviar la atención sobre lo que nos están contando?
TikTok se aprovecha de este aletargamiento que él mismo provoca. Cuanto más ajeno a la realidad estás, más fácil es para esta red social mantenerte enganchado durante horas. Podemos pensar en él como una especie de Gran Hermano que dirige en parte la vida de miles de personas. Parece una idea distópica, ¿cómo va a controlar nuestra vida una red social? La realidad es que, por cada vídeo que ves, TikTok gana un pedacito de información sobre ti. Tus gustos musicales, culturales, tu ideología, tu estado de ánimo, etc. ¿Te parecería extraño pensar que esta red social sabe más sobre algunos niños que sus propios padres? ¿Quién te puede asegurar que todos estos datos almacenados nunca se van a usar en tu contra?
La red social que más triunfa entre los adolescentes
Estamos ante un ambiente hostil para un niño. Sin embargo, no deja de ser una paradoja que sea la red social más popular entre los menores de edad. Muchos jóvenes de entre 13 y 16 años no solo consumen TikTok a diario, sino que también suben contenidos a las plataformas. Los padres ni siquiera son conscientes de que sus hijos exponen su cara y aficiones en videos que llegan a los teléfonos de miles de personas. Sin ningún tipo de control. Menores de edad que suben los mismos bailes que ven en los “influencers” de turno mientras ignoran todos los peligros a su alrededor.

No deberíamos esperar a que Europa tome cartas en el asunto, ni mucho menos a que lo haga China. En una primera instancia, deberían ser los propios adultos quienes controlen lo que hacen sus hijos en Internet. Cada vez la edad a la que los jóvenes reciben su primer teléfono móvil es más temprana. No voy a profundizar en si de verdad es necesario a esas edades, pero sí en que se ha de ser muy cuidadoso con el uso que le dan. Cuando yo era un niño, a mi madre le preocupaba que pusiese mi nombre real en un juego online. No quiero ni imaginarme qué habría pensado ella si hubiese mostrado en Internet mi nombre, cara e incluso los lugares que frecuentaba en mi día a día. No a cuatro o cinco personas en un videojuego, sino a miles y miles en todo el mundo.
Mientras tanto, el conglomerado chino ByteDance se enriquece cada vez más. Sin estar afiliada a ninguna de las cuatro grandes empresas tecnológicas del país, ha conseguido hacerse un hueco entre ellas en menos de diez años. A finales de 2022, admitía que sus empleados accedían a los datos obtenidos por la red social, según ellos para “mejorar la aplicación y que sea más accesible, segura y disfrutable”. Esto es más grave de lo que parece, pero no sorprende. El gobierno chino no tardó en introducir miembros en el consejo de dirección de TikTok para controlar muy de cerca a la compañía. Lo que nos deja con un par de preguntas: ¿De verdad la empresa no comparte ningún tipo de información con el Partido Comunista Chino? ¿Qué hacemos en un mundo donde grandes compañías saben hasta los detalles más insignificantes de nuestras vidas?
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