Mancerina

Fernando Domínguez Pozos

Migrar, en su definición más básica significa “trasladarse de un lugar donde se habita a otro diferente”. El ser humano ha migrado a lo largo de su historia; en ocasiones, por necesidad; en otros casos, por nuevas oportunidades de crecimiento personal y/o profesional; en general, al momento que una persona migra, no sólo cambia su residencia, sino que cambia su vida cotidiana, su espacio común y, por lo tanto su zona de confort, donde conoce y es conocido, en donde los sitios de esparcimiento, de consumo, de encuentros y recuerdos se han forjado, por lo que la decisión y circunstancia que motiva el cambio es sin duda significativa. 

El México antiguo estuvo integrado por tres áreas culturales: Aridoamérica, Oasisamérica y Mesoamérica. En la actualidad las dos regiones que más se reconocen de esta clasificación prehispánica son las de Aridoamérica y Mesoamérica; la primera, asociada particularmente a la región noroeste del país, con climas áridos y complicados para los asentamientos humanos; la segunda, ubicada en el centro, bajío y sureste, reconocida por ser la cuna de culturas como los mexicas, olmecas, mayas y zapotecas, por mencionar algunos, quienes desarrollaron importantes zonas arqueológicas, que años más tarde se transformarían en las principales ciudades de esta región. Uno de los puntos más antagónicos entre quienes han crecido entre estas dos regiones es sin duda el tema de migrar, ya que mientras en la zona norte del país, la histórica necesidad de buscar tierra fértil, ha motivado que la vida sea más nómada y, ciertamente con un menor arraigo a un lugar en el espacio; en contraste, la región centro-sur, la bondad de sus tierras y la propia agricultura ha generado el desarrollo de grandes asentamientos y la concentración de miles y millones de personas en una misma zona, pocas veces dispuestos a cambiar de residencia, salvo por necesidad o una auténtica oportunidad de crecimiento.

Terraza_
La terraza de ‘Mancerina’

Este panorama del arraigo, del apego a la familia y a la tierra, convierte el acto de migrar de sur a norte, como algo que va más allá de las oportunidades y se convierte en la búsqueda de un nuevo hogar, como aquel que has dejado en la antigua Mesoamérica. 

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El cartel del local se erige hacia el cielo

Es así, que a posteriori a este relato histórico-catártico, la entrega de esta semana Desde el Otro México, nos lleva a un lugar que ha sido el hogar de una familia que de sur a norte, de Mesoamérica a Aridoamérica, ha encontrado un apapacho, un brote de tierra fértil y sobretodo un sentido de familia en un pequeño, pero acogedor lugar llamado Mancerina. Ubicado en la principal avenida, de la creciente Zona de Valle Dorado, donde convergen espacios deportivos, académicos y comerciales; este tesoro de la gastronomía ensenadense, administrado -comercial y afectivamente- por Marlene y Beto, es el sitio idóneo para sentir las caricias que el café del día, las quesadillas de cortesía y los platillos estrella Maximiliano y Emiliano, entregan a cada comensal que asiste al número 335 del Boulevard Zertuche.

Con un horario de siete de la mañana a cinco de la tarde, de lunes a domingo, un menú de desayunos, cuya diversidad y propuestas son envidia de los -exclusivos y vanidosos- sitios gastronómicos de Ensenada y la región de Baja California; Mancerina, sorprende por lo sustancial de sus alimentos, lo delicado de su presentación, lo bondadoso con el paladar y, ante todo lo cálido de su staff. Una sonrisa, unos buenos días, una taza de café, un pequeño mostrador, con pequeñas porciones de grandes sabores de repostería y un letrero en alto, que tiene como tilde al inmenso sol del Pacífico. 

Horario_
Una muestra del horario y bebidas del restaurante

En la terraza, puedes disfrutar del inigualable sabor del espectacular Omelette de chilaquiles (verdes o rojos, según tu gusto), al tiempo que un bello y cuidado jardín, en ocasiones con bugambilias, en algunas otras con granadas y por supuesto, las siempre presentes suculentas y cactus, dueños de las tierras de Aridoamérica. De igual manera, el desayuno Del Patrón, es la forma ideal de desayunar un domingo, ya que sus porciones de chuleta, machaca, huevo, carne y papa, te harán sonreír el resto de ese fin de semana.

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El jardín florido afuera del negocio

En su interior, Mancerina, es aún mejor, por el aroma y la sazón, que desde la cocina -abierta y transparente- emanan de cada uno de los platillos, que, al momento, con delicadeza y pasión, realizan los fantásticos chefs de este nuevo hogar. 

Desayuno del Patrón
Una muestra del Desayuno del Patrón de ‘Mancerina’

Migrar, sigue siendo difícil, cada fin de semana, quien ha migrado piensa en los suyos, en la oportunidad de compartir alimentos, risas, abrazos y miradas; sin embargo, migrar, también significa, crecimiento, desapego y nuevos encuentros, ya que en una extensión territorial de cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados, como es México, que difícil es habitar tan sólo en una porción, por más mesoamericano, que sea tu corazón. 

Chilaquiles_
Un plato de chilaquiles mexicanos

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