María del Castillo, creadora de sonido: “Si me cedes un espacio y me das libertad, voy a hablar de temas de los que no se está hablando”

Jesús Polo//

María del Castillo (Madrid, 1985) estudió Historia del Arte en la Complutense de Madrid, pero vive en Zaragoza desde hace ocho años. Dice de ella misma que le encanta escuchar y engancharse a las historias, a los relatos. Aunque ha trabajado en museos y galerías de arte, su pasión es la creación sonora, algo que descubrió gracias al feminismo.

Dar voz a las mujeres y registrar sus historias desde una perspectiva diferente le llevó al mundo de las ondas. Una de sus creaciones es Efluxión, el pódcast de Etopia, que sigue su misma esencia: ciencia, arte, tecnología, futuro y mucho más. El próximo 26 de abril, la madrileña participará en ‘Narrativas etópicas’ para celebrar el décimo aniversario Zero Grados y de Etopia, centro de Arte y Tecnología de Zaragoza.

¿Qué es para ti el sonido?

Una forma de comunicación, de exploración y de investigación en el sentido de curiosidad.

¿Y la creación sonora?

Para mí es una forma de expresión, de comunicación, que vincula de manera diferente, quizás, un poco más íntima y menos totémica, con más posibilidad de diferentes interpretaciones. 

¿Y en concreto, qué es lo que haces: radio, pódcast…?

(Entre risas) ¡La pregunta del millón! “¿A qué te dedicas?”. He hecho radio, pódcast, creación sonora… Cosas bastante variadas, pero siempre vinculadas a la libertad creativa, más que al periodismo. También he hecho proyectos relacionados con paisaje sonoro, registros sonoros y ese tipo de cosas.

¿Entonces, cómo te ganas la vida?

Pues un poco buscándome las habichuelas intentando comunicar. Creo que ese es el paraguas que abarca todo lo que hago.

Porque, ¿es lo mismo hacer radio que ser creador sonoro?

Yo creo que no. Yo he trabajado en radios libres y comunitarias y son diferentes. Allí es “yo me lo guiso y yo me lo como”. Al fin y al cabo, yo no tengo formación periodística y no sabría, por ejemplo, cómo hacer un reportaje canónico. 

¿Crees que para eso hace falta ser una persona creativa?

Yo creo que sí. Ser una persona creativa, curiosa y, como con todas las cosas creativas, no tener síndrome del impostor. Estamos en 2024 y ya se han hecho un montón de cosas, pero aún se pueden hacer más. Es decir, no todo está dicho, no todo está planteado, y puedes hacer cosas diferentes.

¿Has sentido en alguna ocasión el síndrome del impostor?

La verdad que sí. Como ocurre en todo sitio en el todavía hay algo por explorar. Yo digo que estoy “surfeando la ola”. Cada vez que me enfrento a un proyecto tengo esa sensación y cada vez que la surfeo, más conocimientos tengo para hacerlo. Pero sí que es cierto que cuando me encargan algo, siempre me acabo preguntando: “¿y qué puedo aportar yo a esto?”. Con la experiencia he aprendido que siempre hay otra forma de contar las cosas.

¿Te autodefines entonces como podcaster?

(Ríe) Sí, puede ser. 

¿Y eres consumidora de pódcast?

Muchísimo. 

¿Crees que hay una saturación de pódcast en estos momentos?

Sí. El mercado está saturadísimo, pero de un formato en concreto. Quizá soy yo como consumidora, que no tengo  un espíritu cotilla, pero me da le sensación de estar escuchando siempre lo mismo. Me interesa que se apueste por cosas de ficción o por reportajes, cosas así. 

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Además de crear pócast, María enseña a hacerlos. En estos momentos, da clases en la Casa de la Mujer de Zaragoza. También ha colaborado con varias ONG, asociaciones como UNRWA, con el Ayuntamiento de Madrid para el World Pride o con diferentes artistas. “Al final, quien me contrata no quiere a una persona que se dedique solo a editar el sonido, sino también que tenga sensibilidad con el tema. Si me cedes un espacio y me das libertad para trabajar, yo voy a hablar de temas de los que no se está hablando, como cambio climático, justicia social, problemas que viven los artistas…”.

Desde 2021 hasta 2023, ha estado detrás de Efluxión, el pódcast de Etopia. Las referencias iniciales fueron la radio del Museo Reina Sofía o algunos de los pódcast más experimentales de La Casa Encendida de Madrid, según cuenta la creadora. 

¿Cómo te llegó la oferta de hacer Efluxión?

Yo ya estaba colaborando con Etopia. Laura Montañés (gestora de proyectos y comunicación de Etopia) me dijo que el centro no podía estar atrás y era hora de tener un pódcast asociado a los proyectos que se desarrollaban. Las claves que me dieron es que no fuese agenda, sí relacionado con lo que se hacía allí, pero que fuese atemporal. A partir de ahí, total libertad. 

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Efluxión es una palabra que se encuentra en desuso. La RAE define el término como “Exhalación, evaporación de espíritus vitales o de vapores de algunos cuerpos”. Sin embargo, el título del pódcast nada tiene que ver con esa descripción. La inspiración vino de un proyecto de la zaragozana Marta Campos sobre palabras retiradas del diccionario. “Nos hacía gracia -recuerda- la idea de palabras en extinción. Queríamos contraponerlo con la idea de avance, tecnología, nuevos medios… También, la sonoridad inspira a modernidad”.

¿Y tú como defines Efluxión?

Como una sobremesa.

¿En qué sentido?

Yo creo que es como ese momento en el que ya has tocado todos los temas, cuando todo el mundo se ha puesto al día de lo que está haciendo y es cuando aparecen las conversaciones más profundas y de más calado, incluso, con alguna copa que hace a la gente se le suelte un poco más la lengua… pues eso. 

¿Qué labor hacías en el pódcast?

(Entre risas) Todo. Absolutamente todo. Era una mujer orquesta. Es verdad que la parte de documentación e investigación me encanta. Me encargaba de toda la preproducción, la grabación, la edición, la creación sonora, el montaje… pero era algo que disfrutaba. 

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María del Castillo llegó a Etopia como visitante. A partir 2019 comenzó a colaborar en este espacio. Ella es freelance y, además de Efluxión, también ha trabajo en otros proyectos del centro. El pasado mes de febrero se conocía la noticia de que el Ayuntamiento de Zaragoza paralizaba su actividad cultural. 

¿Qué ha sido para ti Etopia?

Bueno, yo creo que ha sido, y sigue siendo, un espacio de chispa, de creatividad, un lugar diferente. Por contra de lo que parece para el zaragozano y zaragozana media, que cuesta ir por primera vez, pero la segunda, menos. A mí me pasó al principio como espectadora y luego me encontré un ambiente muy familiar y cercano. 

¿Cómo recibes la cancelación de la actividad cultural del centro?

Yo soy una persona que funciona bastante con la lógica y, aunque no comparta ciertas ideas políticas, lo puedo entender. No entiendo, en cambio, que se rompa la relación con la Universidad y los laboratorios porque es una de las más fructíferas que tiene Etopia. Son unos equipamientos que no existen en el resto de la ciudad; impresoras 3D, impresoras láser… Sobre todo si se quiere hacer un espacio de innovación científica y empresarial, creo que son espacios punteros. Si se quiere hacer otro uso  del espacio…, son líneas a seguir y lo puedo comprender. A mí me afecta en el sentido de que pierdo el pódcast, pues bueno, ya está, pero lo de los laboratorios sí que me sorprendió. 

¿Qué supone que se cancele la actividad cultural del centro?

Es que realmente es un ecosistema en el que intervienen muchos actores. Es como un castillo de naipes, una especie de efecto dominó: parando la actividad cultural, ninguno de nosotros podemos hacer nuestros trabajos: ni yo, ni los fotógrafos, ni los editores de vídeo… 

¿Qué crees que ha aportado Etopia a una ciudad como Zaragoza?

Lo primero, relaciones internacionales potentes y poner a Zaragoza en el mapa. También, un espacio de experimentación diferente.

¿Y tú, que has aprendido con Efluxión?

Muchas cosas a nivel intelectual, pero, en general, a confiar en los proyectos y en mí misma en ellos. Me faltaba una chispita de no tener miedo a experimentar y hacer cosas diferentes, pero creo que lo he conseguido. 

¿Con qué sabor de boca te quedas?

Muy contenta de que se haya mantenido la línea creativa desde el principio hasta el final. La libertad que he tenido ha permitido que el pódcast haya derivado de forma diferente en cada capítulo. Y también, por haber creado un pódcast creativo en Zaragoza. 

En un capítulo de la primera temporada hablabas de futuro. Citabas los 4 futuros de Dator: crecimiento, colapso, disciplina o transformación. ¿En cuál te ubicas ahora tú?

¡Otras! Jo, pues no lo sé… Yo creo que una mezcla. Te diría crecimiento, pero el que propone Dator no porque es cáncer total, si fuera crecimiento sostenible, pues sí. Pero ahora, yo te diría que transformación. 

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En el primer episodio de Efluxión, María del Castillo daba la bienvenida a “un mundo de mundos, nacido para dar cabida a historias no hegemónicas y de carácter local”. Tres temporadas y 28 capítulos después, considera que se ha cumplido con ese objetivo.


Zero Grados celebra sus diez años el 26 de abril en Etopia con la Jornada Narrativas Etópicas. A lo largo de estas semanas, cada lunes podréis disfrutar de una entrevista a uno de nuestros ponentes, iremos desvelando las diferentes charlas en redes sociales. ¡No os lo perdáis!

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