Tu próximo color de uñas será verde esperanza

Javier López Menacho//

No subestimes el poder de unas uñas bonitas.
Luna Nueva, salón de belleza.

Siempre me ha costado definirme o presentarme como escritor, docente, periodista o comunicador, que es básicamente a lo que me dedico. Suelo considerarme, más bien, un jornalero de las letras, un picapedrero del abecedario, un tamborilero del teclado. En la mayoría de las veces, a decir verdad, me siento un intruso. El prestigio social del periodismo y la literatura está en disonancia con su capacidad para generar las condiciones económicas que te permitan vivir de ello. Muchas personas sitúan ahí la barrera. Si tus facturas las paga la actividad literaria, entonces eres escritor o escritora. Si eres periodista, lo mismo. 

Este hecho reduce el plantel de escritores y periodistas oficiales a un mínimo absurdo. En España, por desgracia, la industria cultural y mediática tiene poca robustez y capacidad de autosuficiencia, lo que provoca que multitud de profesionales sean periodistas o escritores vocacionales, al mismo tiempo que trabajan en los más diversos oficios.

En Pasión Nails (Alianza Editorial), la última novela de Rosario Izquierdo, su protagonista es una socióloga en crisis que agota su prestación de desempleo y que acude regularmente al salón de belleza de un barrio humilde a “hacerse las uñas”. En un momento dado de la novela, comienza a dar clases particulares a su esteticista para que esta aprenda a leer de forma más ágil. La voz de la novela es una mujer socióloga, escritora, profesora particular, madre y esposa. Su marido es un currante del mundo audiovisual con vocación de jubilado y uno de sus hijos es un actor con “oficios de actor”: camarero, mozo y lo que sea necesario. Cada disruptivo color de uñas de la protagonista supone, también, una forma de rebelarse contra el mundo. 

"Pasión Nails" de Rosario Izquierdo
«Pasión Nails» de Rosario Izquierdo

Este ejercicio metaficcional, algo que lleva haciendo Izquierdo desde “Diario de campo” (2013) antes de que surgiera la etiqueta, reflexiona sobre qué somos y cómo miramos al mundo. La voz narrativa es la de alguien muy parecida a Rosario, su entorno es parecido al de Rosario, su experiencia es parecida a la de Rosario, pero no es Rosario. Quién no la conozca, además, leerá el libro sin necesidad de preguntarse por las coincidencias, pues la novela se sostiene sola. Ni en el propio ejercicio metaliterario existe un compartimento donde situar a Pepa o a Rosario. Las dos son lo mismo y a la vez son distintas. 

La mirada profesional de Pepa y su escala de valores le impulsa también a ir difuminando todas y cada una de las fronteras psicológicas y sociales con las que se relaciona en ese entorno mucho más deprimido, a veces al borde la exclusión, que frecuenta en sus escapadas al salón de belleza (Pasión Nails). Así, Pepa también es clienta, profesora, amiga y finalmente invitada a la boda de su esteticién, Fani. Una esteticién que, además, es “entreverá”, que le gusta la mezcla de trap y flamenco, y que trata de salir de ese marco que le impone su lugar de nacimiento. 

Lo que nos cuenta Pasión nails en un ejercicio de ternura y sororidad es sencillo y a la vez complejo: la realidad es que los seres humanos no somos etiquetas ni compartimentos estancos. Y que una sociedad medianamente decente debería intentar comprender nuestras complejidades y garantizar que no clasifiquemos a nadie por su situación laboral, capacidad económica o entorno social. Y que, en esa fluidez entre nuestra imagen idílica, el lugar donde nos pone la vida con todos sus condicionantes y las oportunidades a las que nos aferramos, en el medio de los diferentes roles donde nos ponen nuestras relaciones afectivas, en esa imagen distorsionada de nosotros mismos, probablemente se encuentre lo que somos. Seres complejos e inclasificables que se empeñan en sobrevivir mucho más allá de una profesión.

Yo no sé qué soy, si voy por el mundo siendo escritor, docente, comunicador o periodista, o si el día de mañana volveré a ser precario o parado, ni siquiera sé qué voy a ser exactamente el año que viene, no sé tampoco si soy más hijo, hermano o amigo, como Pepa tiendo a la dispersión, a lo fronterizo, a lo indefinible. Probablemente sea todo eso y muchas más cosas. Lo que sí sé es que desde hace tiempo no necesito darle a los demás una respuesta a la pregunta para convencerme a mí mismo.

La realidad es mucho más compleja y apasionante que eso. 


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