Marzo impulsa la igualdad y justicia en el deporte femenino

David Miranda//

Este mes de marzo se batieron récords. Récords significativos, importantes y necesarios, y todos ellos se están produciendo en materia de igualdad de género. Hace unas semanas, el Wizink Center de Madrid rozaba el lleno en una jornada para el recuerdo del baloncesto femenino y, poco más tarde, 60.000 personas se dieron cita en el Wanda Metropolitano para ver un partido de liga femenina. Si observamos todos estos récords de asistencia, todos tienen detrás una realidad que los une: estas cifras se han conseguido gracias a la fuerza que ha adquirido el movimiento feminista, que trabaja también para eliminar la desigualdad y la falta de justicia que existe en el deporte.
Batir récords para cambiar la historia

Igualdad y justicia son dos términos muy relacionados y que están cada vez más presentes. Cuando se habla de justicia, no nos referimos al uso del órgano judicial en su sentido estricto, sino a la aplicación de la honestidad y la imparcialidad en el día a día. Para la Real Academia Española de la Lengua se trata de un principio moral, “que lleva a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece”. La justicia es complicada y caprichosa, pero siempre debe ser una máxima que se lleve a cabo en todas las actividades profesionales.

Con la implementación de las redes sociales, cada individuo adquiere una voz, una relevancia que no tenía hasta ahora. Twitter nos brinda la oportunidad de escuchar y denunciar todas esas extralimitaciones que quedan invisibles con el paso del tiempo. El mundo de la excelencia deportiva no es una excepción y gracias a la actividad en red de cuentas como la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (@MujeryDeporte_), conocemos de primera mano muchas injusticias que son palmarias y que, de no aparecer las redes sociales, quedarían ocultas.

El objetivo de la organización es generar un tráfico en redes que favorezca la difusión de noticias positivas y la denuncia de injusticias en el deporte femenino de nuestro país. En la esfera de la alta competición la falta de justicia es cada día más evidente pero, gracias a ellas, también es más visible.

El deporte entendido como espectáculo, fruto de la competición deportiva, es una de las patas de la parrilla mediática y, por tanto, de nuestra sociedad. Dentro del mundo de la profesionalización deportiva, resulta alarmante la falta de empatía y oportunidades que sufren las mujeres por su condición sexual. Sin ir más lejos, muchas atletas que compiten en la máxima categoría de sus respectivos deportes no tienen contrato, no están mutuadas ni tampoco están amparadas bajo la ley en caso de embarazo. Esto es posible debido a que la Ley del Deporte de 1990 no reconoce en sus bases a las mujeres como deportistas profesionales, por lo que a ojos de esta ley son amateurs.

En este debate, siempre surge la idea de que el deporte femenino no cuenta con los mismos derechos que el masculino porque no genera la misma cantidad de ingresos. Rentabilidad y derechos humanos son dos conceptos que no se pueden relacionar, ni se deben, y es que para poder generar ingresos por esa competición, primero se necesita una estructura competitiva que garantice todas y cada una de las exigencias mínimas de sus atletas.

Las 60.000 personas del Wanda Metropolitano o las cerca de 14.000 del Wizink Center no acudieron por el simple hecho de hacer historia con su asistencia a un evento deportivo, sino que estaban allí para hacer frente a la desigualdad evidente a la que se enfrentan esas atletas día sí y día también mientras tratan de ejercer su profesión. Por iniciativa de los clubes organizadores, las entradas fueron gratuitas para lanzar el mensaje a la ciudadanía.

Cuando los datos sí cuentan

Según el Análisis del deporte femenino español de competición desde la perspectiva de protagonistas clave, estudio llevado a cabo por María Teresa Leruite, Pilar Martos y Mikel Zabala en 2015, en España es necesario realizar un ejercicio de reflexión en materia legislativa porque la ley vigente relativa a la estructura del deporte data del año 1990. En su investigación, los académicos se topan de bruces con la cruda realidad: “el marco normativo en materia deportiva debe adaptarse a los requerimientos específicos de las deportistas, ya que no se reconocen aspectos fundamentales y transcendentales en la trayectoria de las deportistas como el embarazo, la lactancia, maternidad, conciliación y retribución”.

Debemos preguntarnos cómo es que casi 30 años después, todavía sigue vigente una ley que se llevó a cabo en los albores de la democracia post-franquista. La sociedad ha evolucionado pero quedan aspectos pendientes que requieren una revisión urgente.

Estas condiciones provocan que muchas mujeres abandonen su carrera deportiva en busca de otras ocupaciones que sí respeten unos mínimos laborales. Según el estudio de Leruite, Ramos y Zabala, en 2015 tan solo el 20.9% de las licencias federativas de nuestro país pertenecían a mujeres, mientras que los hombres ostentaban el 79.1%. Resulta curioso que, tras décadas fomentando el deporte y apostando por la profesionalización al más alto nivel en España, esta realidad se pase por alto en organismos y comités deportivos. Quizá esa apuesta no es del todo real, al menos es lo que se traduce si no se ponen los medios adecuados para que la incorporación de las mujeres en igualdad de condiciones pueda darse en todo ámbito deportivo.

Es necesario aumentar la representación femenina en los órganos de decisión y dirección en el deporte, según señalan en su estudio Leruite, Martos y Zabala, pero van mucho más allá, “los órganos con perspectiva de género en muchas ocasiones sólo sirven para cubrir el expediente y no atienden a una planificación adecuada a los objetivos a cumplir y una evaluación de la misma”.

No obstante, y aunque la situación de la mujer en el deporte español es alarmante, la aprobación de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, fue un paso de gigante para frenar gran parte de las injusticias llevadas a cabo contra las atletas españolas. Aun así, cabe destacar que esta ley solo puede proteger a la mujer en los juzgados. La legislación deportiva de igualdad de género no existe como tal y se encuentra integrada de manera muy difusa en diversas políticas de igualdad, pero ninguna concreta y de carácter efectivo. Si las mujeres son víctimas de una injusticia, la Ley Orgánica 3/2007 las apoya en caso de denuncia, pero no las protege en el ejercicio diario de su profesión porque no reconoce sus derechos ni exige unos mínimos laborales.

Tanto la legislación como los modelos de otros países muestran que para conseguir la profesionalización completa del deporte femenino es necesario dar el paso legislativo y reconocer esos derechos, para que puedan ser implantados en el sistema federativo, que es el que organiza y promueve la alta competición. Un buen ejemplo de ello es el modelo norteamericano, donde el deporte femenino profesional está totalmente regulado y los derechos son reconocidos y respetados. Así que ahora que conocemos cómo está la situación a nivel legal, es preciso observar la realidad y realizar un ejercicio de reflexión con respecto a los acontecimientos de este mes de marzo.

Partidos que se ganan en las gradas

El pasado 10 de marzo, la sección femenina del Club Estudiantes de Baloncesto quiso dar un golpe sobre la mesa y atraer el foco mediático hasta el Wizink Center de Madrid. El equipo femenino, que compite en la segunda división de baloncesto nacional, congregó a más de 14.000 personas en el pabellón con la idea de reivindicar sus derechos y mandar un mensaje a la opinión pública. Aunque la gran mayoría de medios se centró en cubrir lo que fue un partido con asistencia récord, desde el Estudiantes querían mandar un mensaje más profundo. Bajo el lema “no hay excusa”, las entradas al partido fueron gratuitas, de modo que todo el mundo pudiera acudir al partido para apoyar el deporte femenino. El Estudiantes venció y la dirección del club tuvo un doble motivo de alegría: además de la victoria, batieron el récord de asistencia en el basket femenino español.

No se puede olvidar el hecho de que estas jugadoras compiten en la segunda división de baloncesto, donde los salarios y las garantías para ejercer la labor profesional no están garantizados. Por eso, el Wizink Center alzó la voz en un partido donde lo que menos importó, al menos para toda la gente que estuvo apoyando, fue el resultado.

Por otro lado, el 17 de marzo tuvo lugar en el estadio Wanda Metropolitano el encuentro correspondiente a la competición nacional femenina entre el Atlético de Madrid Femenino y el FC Barcelona. Más de 60.000 personas acudieron a la cita, también, para volcarse con las mujeres que, casi más que deportistas, son ejemplos de superación y referentes para muchas jóvenes de nuestro país. El partido se cerró con victoria blaugrana y, con lo que es más importante, con la mayor cifra de asistencia a un partido de fútbol femenino de toda la historia.

Estadio Wanda Metropolitano
Competición nacional femenina entre el Atlético de Madrid Femenino y el FC Barcelona en el estadio Wanda Metropolitano

Este partido lo jugaron los dos mejores equipos de España, pero ellas jugaban por todas sus compañeras que luchan día a día por poder seguir adelante practicando de manera profesional el deporte que les apasiona.

El fútbol sala, referente en igualdad

Ante la cruda realidad con la que lidian a diario muchas mujeres deportistas en España, Pescados Rubén Burela decidió a finales de 2018 sentar el precedente en el deporte femenino de nuestro país. El club gallego, que milita en la división de honor del fútbol sala español, rubricó ante notario el primer convenio colectivo que recoge todos los derechos y garantías para sus jugadoras.

Con la ayuda de toda la plantilla y la Asociación de Jugadoras de Futsal Española, el club plasmó en un documento oficial todos los derechos laborales de sus empleadas, lo que supuso un gran paso para el deporte femenino español.

Hicieron historia, pero también allanaron el camino al resto con unas condiciones laborales igualitarias: renovación automática en caso de embarazo, salario mínimo de 900 euros, ayudas para conciliación familiar, seguros de accidente e invalidez e incluso la posibilidad de obtener la mitad de los ingresos por imagen que genere el club.

Existe la posibilidad de ofrecer unas condiciones laborales igualitarias en España y seguir el modelo profesional del resto de grandes ligas del mundo, incluso en un deporte minoritario. Ya se ha establecido un modelo, solo queda reproducirlo por el resto de clubes.

Cobertura mediática insuficiente

Las deportistas merecen unas condiciones igualitarias y por eso las exigen, pero también merecen justicia, y los medios de comunicación son claves en este asunto. El deporte es competición, pero también es espectáculo y de ello se lucran las televisiones y los grandes medios, que firman los contratos por los derechos de retransmisión de competiciones deportivas.

Según los datos del estudio Desigualdad de Género en el nuevo milenio: Análisis de representación de la WNBA, llevado a cabo por Lisec y McDonald con datos de Estados Unidos, la cobertura de deporte femenino en grandes medios de prensa escrita como The New York Times desde 1998 hasta la actualidad ha sido de un 11%, en comparación con 89% del espacio dedicado al deporte masculino. Más impresionante es la cuota de pantalla que se dedica a la cobertura de competiciones femeninas en televisión, ya que si tomamos los datos del Sportscenter de la ESPN, los datos de cobertura oscilan entre el 1% y el 2% en 2009.

Baloncesto
Partido de la WNBA, la liga profesional de baloncesto femenino de Estados Unidos

Sin duda, el mercado televisivo es uno de los grandes promotores de espectáculos deportivos, pero el tratamiento de las mujeres en estas retransmisiones es escaso, pobre e injusto como sucede en España. Para Santiago Romero, autor del estudio Influencia del patrocinio y los medios de comunicación en la discriminación del deporte de élite femenino en España, “las mujeres todavía están poco representadas y siguen existiendo tabúes físicos e incluso sociales que limitan su avance en ciertos países, como la pérdida de feminidad, la belleza, la capacidad reproductora…”. Pero estos estereotipos no solo se dan en España ya que, desafortunadamente, las faltas de respeto ante el deporte femenino no entienden de fronteras.

Todas estas injusticias también ocurren en el país con el deporte más competitivo y desarrollado del mundo, Estados Unidos. La WNBA es la liga femenina de baloncesto profesional más potente del mundo, pero no es la que mejor paga. Aunque en España es muy complicado medir el impacto del deporte femenino, Estados Unidos sí que cuenta con los medios y el interés como para permitírselo. Como argumenta David Berri en varios artículos para la revista Forbes y en Entendiendo la WNBA dentro y fuera de la pista, a las jugadoras solo les corresponde el 22% de los ingresos anuales de la WNBA, mientras que sus compañeros masculinos se llevan en torno al 50% de los ingresos de la NBA.

Durante el pasado agosto, figuras de la liga como Diana Taurasi, Elena Delle Donne o A´ja Wilson protestaron durante el fin de semana del All-Star por la situación en la que se encuentran los salarios en la liga. En Estados Unidos, el contrato actual se negocia entre liga y sindicato de jugadoras cada 7 años y en 2021 se producirá la siguiente negociación, aunque en 2019 el sindicato podría llevar a cabo una salida del acuerdo unilateral para renegociar el contrato.

Sus motivos de protesta no están movidos por la desigualdad, ya que todos sus derechos están recogidos y tienen contratos oficiales, sino por la justicia. Aunque son conscientes de que la NBA genera muchos más ingresos que la WNBA, consideran que el porcentaje que les corresponde como atletas de primer nivel no se ajusta a la realidad. El salario medio de una jugadora profesional en Estados Unidos ronda los 70.000 dólares, mientras que el salario medio en Europa o China para jugadoras de este nivel supera con creces las seis cifras.

Todo esto tiene un trasfondo que asusta, ya que la gran mayoría del negocio deportivo se sostiene gracias a la cobertura mediática y las aportaciones de capital privado. La cobertura de deporte femenino en Estados Unidos se sitúa ahora mismo en un 5%, mientras que el 95% restante corresponde a atletas masculinos, según David Berri en Understanding the WNBA on and off the court.

En palabras de Sue Bird, jugadora de Seattle Storm de la WNBA, “claramente la liga es un buen producto y tenemos que ir a las grandes empresas para preguntarles por qué no nos apoyan. Somos realistas, entendemos que los ingresos que genera la liga masculina son estratosféricos comparados con los nuestros, pero existe una parcialidad en el deporte y mucha gente no quiere entenderlo”.

El deporte exige igualdad laboral

La figura de la mujer en el deporte es fundamental, ya no solo por el mérito de sus logros, sino por la necesidad de crear referentes de cara al futuro. Las nuevas generaciones necesitan ídolos en los que fijarse y, por supuesto, las deportistas son un ejemplo de sacrificio, superación y lucha, tanto dentro como fuera de la pista.

Queda en manos de compañías mediáticas, empresas privadas y de la audiencia hacer un ejercicio de conciencia sobre la viabilidad de estos modelos. Otorgar la parte del espacio que corresponde a las deportistas es bueno para la variedad mediática y la salud de nuestra sociedad, la importancia de récords como el del Wizink Center o el Wanda Metropolitano transciende mucho más allá de la asistencia a un simple evento y señalan una fuerza feminista movilizadora.

El impulso de marzo tiene que hacer que tanto instituciones como clubes entren en una dinámica de cambio y entiendan que las condiciones laborales de las deportistas españolas exigen una mejora urgente. Nos estamos perdiendo a muchas deportistas por el camino y el feminismo no está dispuesto a permitirlo.

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