No os voy a echar de menos

Texto: Tim Stark. Traducción: Marta Sofía Ruiz. Fotografía principal: Arantxa Vico//

La voz de un norteamericano en España

El guitarrista, compositor, cantante y animador estadounidense Glen Campbell, profundamente afectado por el Alzheimer, fue capaz de dirigir/maquinar sus últimas grabaciones y actuaciones a través de una educada/culta evaluación de los aportes que recibía.  Era lo suficientemente consciente de sus habilidades y del mundo a su alrededor para representarse a sí mismo a pesar del hecho de que no sabía exactamente quién era. Era capaz, gracias a una honesta evaluación de lo que podía y no podía hacer, de consolar a aquellos que amaba con la siguiente declaración: “No os voy a echar de menos”.

Tener conciencia es algo más que hacer una evaluación de lo que sabemos y lo que no sabemos, también es el producto de nuestras “mejores conjeturas” sobre el papel de las cosas misteriosas que nos rodean. Y no es simplemente una cantidad medida -él es muy consciente, él sabe mucho sobre las influencias en su vida- sino también por la adaptabilidad -estilo MacGyver*-, por las suposiciones educadas y por la voluntad de proceder sin comprender completamente -dado que en realidad nunca entendemos completamente, de todos modos- las herramientas que tenemos a nuestra disposición. De acuerdo —dirás—, eso es lo que todos hacemos, ¡Todos lo hacemos lo mejor que podemos! Sin embargo parece que algunas personas son más honestas con este proceso y menos dispuestas a engañarse a sí mismas. Esto requiere energía. Esto es autoconciencia.

Así que los rusos tienen algo que ver con el intercambio electrónico sobre el movimiento de independencia de Cataluña. ¡Sorpresa!

C-125 Pechora
I guess they won’t be needing these anymore

La semana pasada decidí que la autoconciencia no es un requisito del genio. Sin embargo es un requisito de la participación en una democracia. Si tomas tus decisiones, ya sean tan simples como la selección de símbolos, basándote en información que no se puede evaluar de ninguna manera, ¿importa de dónde proviene esa “información”? Realmente no.

Así que estás horrorizado -¡insultado!- al saber que algunos de los “me gusta”, algunas de las noticias sin atribuir -o atribuidas a una fuente que no conoces de todos modos-, parte de la energía, de la marea online  que te dirige a tu “evaluación” de las cosas puede haber venido de una fuente con malas intenciones  ¿¡De verdad!? Llegados a este punto me viene a la mente un insulto estadounidense: “Bueno, tengo un puente que me gustaría venderte …”.

El artículo principal en El País del pasado sábado dice que esta intromisión se produjo a través de cuentas en las redes sociales. ¡La soberanía de nuestras redes sociales está amenazada! ¡A las barricadas!

En realidad, y en la línea de lo que dije en mi último artículo sobre Trump -ya no es necesario contar con una narrativa-, si elegimos a quién votamos, si decidimos cómo nos sentimos, en base al zeitgeist online, entonces, de hecho, hemos perdido nuestra soberanía. Pero también hemos admitido que tomamos decisiones basadas en aportes que, literalmente, no podemos evaluar. Y, um, err …solo digo que perdimos nuestra soberanía hace mucho tiempo.

En realidad, hay dos cosas incorrectas en esta aproximación al autogobierno. Una: ¿por qué optar por la información inútil? Hasta ahora al menos parece que los rusos no han plantado ensayos enteros atribuidos falsamente a fuentes conocidas -aprenda algunas, por favor-. Lo estamos haciendo más fácil para ellos. Dos, los humanos no decidimos cómo nos sentimos. Sentimos y luego decidimos cómo explicar cómo nos sentimos -tanto a nosotros mismos como para los demás-. En el mejor de los escenario habrá algunas modificaciones en la historia que repetimos, basadas, tal vez, en uno o dos detalles agregados o modificados por aquellos que nos contaron la historia. Basadas, tal vez, en una pequeña pepita de información real que nosotros añadimos a esa narrativa.

O podemos repetir la respuesta que está ‘blowing in the wind’. Juan Cruz en El País, en su “Manual de conversación para ciudadanos tristes”:

“…no queremos abandonar lo políticamente correcto si es políticamente correcto, en el ámbito en el que estemos, decir que España es un país fascista cuyo Gobierno manda a la gente a la cárcel o mantiene a presos políticos o es peor que Ghana, aunque no tengas ni idea de lo que pasa en Ghana. Un país de pandereta: “¡Sí, sí de pandereta!”, dice el coro. Un mundo de coros, de pancartas precocinadas, de lugares comunes que incluyen el lugar común, ahora impuesto, de ordenar la vida…”

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The future of our opinion machines

Este lamento no podría describir más perfectamente a una sociedad cuyos miembros eligen a quién votan -¡y dónde cenan!- a través de un proceso automatizado que consiste en una pantalla con símbolos parpadeando. El único control real que poseen es la posibilidad de elegir el sabor que les gusta.

Nótese que sobre estas líneas he utilizado la expresión ‘autogobierno’. En los Estados Unidos tenemos sistemas comerciales caros que nos animan a comer demasiado, y estamos gordos. Estamos cargados hasta arriba de pistolas, y mucha gente recibe un disparo. La automedicación a través del uso de las redes sociales, en esas pantallas de opiniones tontas que tenemos en nuestros hogares, crea la oportunidad -y alimenta el surgimiento- del autoritarismo. Olvidaos de la crisis de los opiáceos, tenemos una crisis de Internet. Sí, una vez más, estoy diciendo que es culpa nuestra. No es culpa de Trump ni lo será de  Marion Marechal-LePen -¡cuidado!-.

Marion Maréchal-Le Pen_Carpentras_16.03.2015-9

Si creemos en esta basura y la repetimos sin verificarla, entonces obtendremos aquello por lo que pagamos: un líder idiota y sabelotodo que representa la culminación de un acoso a nuestras emociones tremendamente corporativo y patrocinado por el estado.  Nos encontraremos en una situación que no nos gusta y cuyos orígenes no podemos explicar. No tendremos medios para conservar -ni siquiera para recordar- aquello que valoramos y ninguna forma por la que conseguir mejoras.

¿Pero, a quién le importa? Ves a ver lo que dicen los demás, encuentra algunos amigos virtuales: ni siquiera extrañarás a los que amas.

*Referencia a MacGyver, el agente secreto  protagonista de una serie de televisión estadounidense creada en 1985 que improvisaba cualquier artilugio con elementos simples.

Versión original

I’m Not Gonna Miss You

The American guitarist, songwriter, singer, and entertainer, Glen Campbell, deeply affected by Alzheimer’s, was able to engineer his final recordings and performances through an educated evaluation of the inputs he could receive, given his situation.  He was aware enough of his abilities and the world around him to responsibly represent himself in spite of the fact that he did not know exactly who he was.  Friends and family kept coming to him to ask about his illness.  He was able, via honest evaluation of what he could and couldn’t know and do, to comfort those he loved with the declaration: “I’m not gonna miss you.”

Awareness is more than an assessment of what we know and what we don’t know, it is also the product of our “best guesses” of the roles of the mysterious things around us.  And it isn’t simply a measured quantity (he is very aware – he knows a lot about the influences on his life) but also by adaptability (a sort of McGyverness), by educated guessing, and by the willingness to proceed without understanding fully (since we really don’t ever understand fully, anyway) the tools we have at our disposal.    OK, you say, that’s what we all do – we all do our best! – so says nothing.  Well, it seems, some folks are more honest about this process, and less willing to delude themselves.  This requires energy.  This is self-awareness.

So the Russians have a finger or two in the electronic exchange on the Catalunyan independence movement – Surprise!

I took the position last week that self-awareness is not a requirement of genius.  It is, however, a requirement of participation in a democracy.  If you make your decisions, be they even so simple as your choice of symbols, based on information you cannot hope to evaluate in any way, does it matter where that “information” comes from?  It really doesn’t.

So you are horrified (insulted!) to learn that some of the “likes”, some of the unattributed (or attributed to a source you do not know anyway) “news”, some of the energy, the online wind that leads you to your “assessment” of things may have come from a source that doesn’t have your best interest at heart!?  Really!?  An American insult comes to mind at this point: “Well, I’ve got a bridge  I’d like to sell you…”

Lead article in El Pais this last Saturday says this meddling occurred via accounts in social networks.  The sovereignty of our social networks is threatened!  To the breach!

Actually, and again, staying consistent with what I claimed in my last piece on Trump (there is no longer a need for narrative), if we choose who we vote for, if we decide how we feel, based on the online social zeitgeist, then indeed we have lost our sovereignty.  But we’ve also admitted that we make decisions based on inputs we have literally no means of assessing.  And, um, err…we lost our sovereignty a long time ago…just sayin’.

There are actually two things wrong with trying to self-govern in this way:  One,  why on earth choose useless information?  So far at least, it appears the Russians have not planted whole essays falsely attributed to known sources (learn some, please).  We are making it way easy for them.  Two, we humans don’t decide how we feel.  We feel, then we decide how to explain how we feel (both to ourselves and others).  Best we can hope for are some modifications of the story we repeat, based, perhaps, on the a detail or two added or changed by those that told the story to us. Based, perhaps, on a tiny nugget of actual information we add ourselves to that story.

Or we can repeat the answer that is blowing in the wind.   Juan Cruz in El Pais 04NOV2017, in his “Manual de conversación para ciudadanos tristes”:

This lament could not any more perfectly describe a society the members of which choose who they vote for (and where they dine!) via an automated process that consists of a screen in their home flashing symbols, the only control over which they have is choosing the flavor they like.

Notice above I wrote “self” govern.  In the US we have expensive commercial systems in place that encourage us to eat too much, and we are fat.  We have guns piled up to our asses, and a lot of people get shot.  Self-medication through the use of social media’s tribal agreement, via these silly opinion screens we have in our homes, provides the opportunity for, and nourishes the rise of, authoritarianism.  Forget the opiate crisis, we have an internet crises.  Yes, yet again I am saying it is our own fault.  Not Trump’s fault, nor will it be that of Marion Maréchal-LePen (watch out!).

If we believe this bullshit and we repeat it without checking it out first then we get what we pay for, which is an idiot-savant leader who represents the culmination of corporate- and state-sponsored pandering to our emotions.  We find ourselves in a situation we do not like, the origins of which we cannot explain.  We will have no means to conserve (nor to even remember) what we value and no means to make improvements.

But who cares?  Just go see what everyone else is saying, find some virtual friends – you won’t even miss those you love.

 

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